jueves, 28 de octubre de 2010

LA IGLESIA POLíTICA

LA IGLESIA POLíTICA


México no se puede entender sin la relación entre la Iglesia (católica) y el Estado. Un cura llamó a tomar las armas para lograr la independencia, otro reflejó el ideario político en los Sentimientos de la Nación, la Reforma juarista fue el intento liberal por lograr que el Estado tomara las riendas del país, y la imposición a Salinas del reconocimiento de las asociaciones religiosas no fue sino la fanfarria que anunció el desembarco brutal de la Iglesia católica en el último tramo del siglo XX mexicano.

La Constitución mexicana prohibe a los ministros de culto inmiscuirse en asuntos políticos, pero, cada semana, los medios de comunicación recogen las declaraciones políticas del Cardenal Rivera, quien atiza el fuego político. El vocero de la Arquidiócesis mexicana -Hugo Valdelamar- se ha vuelto una especie de símbolo hitleriano de la política, ante su intolerancia a los demás (sobre todo ante los homosexuales) vertida a través de la crítica a las políticas emprendidas para el reconocimiento de derechos de los homosexuales y el derecho de las mujeres a abortar (particularmente políticas y leyes del Gobierno del Distrito Federal). Valdelamar, junto con el estúpido (dicho en el sentido literal del término) del cardenal de Guadalajara, Sandoval Íñiguez, ya han sido señalados como discriminadores por la CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación), lo que no hace sino confirmar su intolerancia.

México es un país con una mayoría abrumadora de creyentes católicos y las decisiones, discursos y políticas emanados del el Vaticano, o de la Nunciatura en México, tienen un gran impacto. Por eso es que resultan vergonzosos los casos de pederastia que han salido a la luz pública y que, en la vorágine del día a día, los medios -creo que algunos intencionalmente- han dejado en el cajón del olvido.

Es preciso que el Estado encuentre responsables de los casos como los de Marcial Maciel, en los que es claro que el difunto sacerdote no actuaba solo, sino que tenía cómplices, quienes sabían de su segunda vida y de los casos de jóvenes que habían sido abusados por el líder de los Legionarios de Cristo. En ese aspecto, hay que reconocer a Ratzinger (Benedicto XVI), porque hizo lo que no se atrevió Wojtyla (Juan Pablo II): desafiar a los Legionarios de Cristo, una organización poderosa y rica, que a la iglesia católica le significa varios millones de dólares al año y que, juzgando a su líder y ordenando una auditoría a dicha organización, Ratzinger ha encarado. Le faltará lo que todos sabemos: declarar culpables y sancionar. Pero, al menos, dio el paso que, por amistad con Maciel, Wojtyla rehusó dar.

Exactamente ahí cabe la acción del Estado Mexicano. Si algún político quiere un tema que sume adeptos, no tiene más que aplicar la ley y buscar que se juzguen y sancionen a los prelados como el cardenal Rivera. Este, en contubernio con el cardenal de Los Ángeles, Roger Mahoney, cubrieron y “escondieron” a Nicolás Aguilar -un párroco en Teziutlán, Puebla- que había abusado el decenas de niños y que, después de haber sido encubierto por ambos cardenales, volvió a abusar de más niños.

Es el Estado el que debe distanciarse de la iglesia, porque a ésta el poder le fascina y peleará hasta el último momento por hacer política e incidir en el comportamiento político de los ciudadanos. La iglesia está haciendo política y el gobierno -desde Salinas y hasta Calderón- la ha dejado. Falta un mensaje claro de que las creencias se respetan, pero las iglesias no deben entrar al juego político. Las iglesias deben dedicarse a concientizar moralmente (lo que ya de por sí hacen mal), porque políticamente dividen -y este país es lo último que necesita- En ese sentido, se extraña la voz certera de Saramago, cuando afirmaba: “...En ningún momento de la Historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar”.


TIEMPO EXTRA

LIBRO: LET THE GREAT WORL SPIN: A NOVEL, es el libro de Colum McCann (NY: Random House Mondadori, 2009), ganador del National Book Award. Una novela electrificante, como bien lo denominó The New York Times.


lunes, 18 de octubre de 2010

UN RESCATE, UNA DIFERENCIA, UNA PENA

UN RESCATE, UNA DIFERENCIA, UNA PENA


15.10.2010.


El mundo entero presenció esta semana el rescate de los mineros chilenos, después de decenas de días de estar atrapados en la mina del desierto de Atacama.

Hay varias lecturas de este suceso:

1. El gobierno chileno actuó tarde, pero actuó bien.

2. El rescate fue un espectáculo mediático. Tal vez sea malpensado, pero de las coincidencias siempre hay que desconfiar: el primer y último rescate coincidieron con los horarios de mayor audiencia en Latinoamérica y los Estados Unidos. Del último rescate puede pensarse que es coincidencia; del inicio de los rescates tengo mayores dudas.

3. Lo que es cierto es que el gobierno de Piñera se ha apuntado un triunfo inesperado. Es más, puedo decir que fue un triunfo desdeñado en un principio. El gobierno chileno tardó en responder a la demanda de los familiares chilenos para intervenir en el rescate. Fue una movilización en redes sociales como facebook y twitter, lo que obligó a todos a centrar la atención en una tragedia.

4. Lo mejor de todo es que los mineros salieron con vida. No hay que escatimar elogios a ese logro.

5. Lo malo es que el morbo -alentado por los medios de comunicación- provocó que la situación se convirtiera en una comedia, en un cuento, en un Big Brother donde la realidad que ellos estaban sufriendo era mucho más cruda que la percepción que desde afuera muchos pudimos tener.

6. El asunto da para diversas reflexiones y seguramente dará para muchos estudios. Por supuesto, viene a la memoria el recuerdo de Pasta de Conchos, la mina mexicana en la que murieron 65 trabajadores. Pienso que, dentro de todo, un factor suerte ayudó a los mineros chilenos.

7. Pero, si existe ese factor suerte, es debido a las inhumanas condiciones en que trabajan los mineros en prácticamente todo el mundo. Su trabajo es un peligro que casi nadie se atrevería a correr. Su introducción en la mina como modus vivendi es sólo producto de la ambición de gobiernos, el beneficio de unos cuantos empresarios y la satisfacción de necesidades superfluas. El mundo podría vivir sin que la gente tuviera -por necesidad- que desempeñar trabajos tan peligrosos. Vincent Van Gogh los retrató de manera magistral (Los comedores de patatas, por ejemplo) y los cuadros del pintor holandés son sólo un mínima muestra del desgarro que es vivir en las condiciones de los mineros. Sí, el rescate de los mineros chilenos habrá que celebrarlo, por la celebración natural a la vida y por las condiciones del caso, pero no hay que dejar pasar la oportunidad de reflexionar sobre sus condiciones de trabajo, tan peligrosas como innecesarias. Es culpa de gobiernos, empresas, sindicatos y sociedad. Es una pena que hoy, en este siglo, con la tecnología que disponemos, aún la gente siga arriesgando su vida para poder (sobre)vivir.

8. Hoy tuvieron suerte. En Pasta de Conchos no se tuvo la misma y tampoco se tuvo el mismo gobierno. Lo más preocupante es que mañana, los mineros serán una portada de periódico, una fotografía con famosos o un programa de televisión. Habrá que luchar porque su angustia, de más de 70 días, no se quede en esas banalidades.

9. Marx tenía razón: el salario de los trabajadores no está de acuerdo con su trabajo. Quien afirme lo contrario, que le pregunte a los mineros chilenos. Setenta días de vida no tienen precio. La oportunidad de uno más, fuera de la mina, tampoco.



TIEMPO EXTRA


LIBRO: Garzón, el hombre que veía amanecer (Pilar Urbano, Barcelona: Plaza y Janes Editores, 2000), es un libro de referencia obligada para quienes somos admiradores de la carrera del magistrado español.

viernes, 8 de octubre de 2010

En las antípodas, con alegría

El Nobel de Literatura otorgado a Mario Vargas Llosa es un gusto para todos los latinoamericanos. Un reconocimiento a nuestra lengua (como bien lo expresó el peruano galardonado) es digno de regocijo.

No estoy de acuerdo con muchas ideas políticas de Vargas Llosa. Sobre todo porque la libertad a ultranza no es un camino óptimo (tampoco, hay que decirlo, el más despreciable) Ya lo sostuvo Bobbio: la libertad y la igualdad son principios contradictorios. El peruano se ha decantado y reconoce un valor supremo de la primera. Yo, como otros tantos, veo en la segunda una mayor justicia para este mundo.

Pero el Nobel no reconoce al Vargas Llosa político, sino al Vargas Llosa literato. Ese que es encantador en su Conversación en la Catedral, que bien se podría trasladar a la realidad de los países latinoamericanos, y, sobre todo, al Vargas Llosa de La Fiesta del Chivo, sin duda, junto con El amor en los tiempos del cólera, la mejor novela que se ha escrito en los últimos 30 años.

No veo, ni vi a un Vargas Llosa ensimismado, endiosado, como muchos lo critican. Veo a un trabajador. Le hablaron a las 5:30 de la mañana y el señor estaba leyendo (el placer que, además, es su trabajo) Me quedó muy grabada una entrevista que le hizo Juan Cruz hace algún tiempo, en el que el escritor peruano relataba su atracción por escribir en las bibliotecas públicas y narraba un día de su vida, en el que escribe con el rigor de un obrero trabajando en la línea de una fábrica.

El reconocimiento a Vargas Llosa es doblemente grato: muchos pensábamos que por su disputa con García Márquez, nunca le darían el premio. La Academia sueca ha hecho justicia. Si uno leía a Pamuk, Lessing, Jellinek, Müller, siempre quedaba la sensación de que el Nobel había olvidado en su lista al escritor de Arequipa.

A la fiesta falta que alguien se sume: desgraciadamente, hoy es extraño y se deja sentir la falta de un reconocimiento personal de García Márquez. Este Nobel es también para el Boom que enseñó al mundo las bondades de la cultura latinoamericana.

Me gusta la frase de Zapatero cuando defendió a Aznar frente a Chávez: “Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar”, le dijo el Presidente español. Así también, muchos podemos estar en las antípodas del pensamiento de Vargas Llosa, pero su genio literario debe congratularnos como habitantes de lo que Carlos Fuentes algún día denominó, acertadamente, el “Territorio de la Mancha”. Un territorio que encuentra lugares comunes a uno y otro lado del Atlántico.

El Nobel es para el Territorio de la Mancha y Vargas Llosa es un justo portador. Hoy, aunque estemos en las antípodas, nuestra alegría, es sinónimo de la libertad que él protege y la igualdad que otros buscamos.


TIEMPO EXTRA


LIBRO. Por supuesto, para hacer honor al Nobel peruano, recomendamos La fiesta del Chivo, (Mario Vargas Llosa, Madrid: Alfaguara, 2006).

viernes, 1 de octubre de 2010


REDES SOCIALES


Hoy es el estreno mundial de una de las películas más esperadas, The Social Network, que cuenta la historia del creador de facebook, Mark Zuckerberg. Creo que tendrá sentido ver la película, por dos cuestiones: la primera es por la expectación que ha creado en cuanto a la veracidad de la historia. Esta semana The New Yorker la calificaba como una obra maestra, porque no ensalzaba de más a un Zuckerberg -al final muy individualista y muy ensimismado-.

También será interesante ver cómo se aborda no ya la creación de una idea revolucionaria (ni duda cabe que facebook ha sido el gran fenómeno del internet), sino el trasfondo de esa idea. La existencia de intereses detrás de las grandes ideas es importante conocerla, al menos parcialmente.

Uno de los análisis interesantes al respecto es el de la relación de las bondades y desventajas del internet en la vida democrática. En general hay dos visiones: los optimistas y los pesimistas. Los primeros conciben al internet como el gran instrumento que facilita y revoluciona la participación política. Los pesimistas reconocen las bondades del internet pero hacen hincapié en dos cosas: la desigualdad en el acceso y uso de la red y el egocentrismo; y la parcialidad en que se puede caer. Es curioso un argumento que refieren los pesimistas: con el internet se puede perder la diversidad, la pluralidad, la convivencia, la tolerancia (de por sí en entredicho).

Si una persona puede elegir la comunidad a la que pertenece, es un ejercicio supremo de libertad, pero también un riesgo inusual. La pertenencia a comunidades que no nos agradan del todo hacen que nuestras posiciones tiendan a encontrar puntos de conexión. La radicalidad surge, precisamente, a partir de pertenencia a comunidades en las que existe homogeneidad.

Nada mal sería reflexionar sobre ello. Las comunidades virtuales están poniendo en jaque a las comunidades sociales. Han servido para acercar personas, borrar ciertas fronteras y abrir espacios, pero puede que también conduzcan a una intolerancia. (Yo pertenezco y doy click a lo que quiero y a lo que pienso; a lo que me gusta) No está de más leer, conversar, escuchar y tratar de comprender al que piensa diferente y al que le gustan cosas distintas; el que sin duda no pertenece a mi comunidad, porque, como dijo el propio Zuckerberg, cada usuario es dueño de su comunidad.

Además, basta entrar al facebook para comprobar (otro gran problema) que la gente empieza a tener cierta vida virtual que supera su vida social (los estudios muestran que mucha de esa vida virtual encierra mentira y soledad). Eso es algo que, por supuesto, el creador de facebook agradece; las democracias deberían tener una opinión distinta.



TIEMPO EXTRA

LIBRO: El profesor de Harvard y autor de Nudge, Cass Sunstein, escribió un libro sobre las bondades y problemas del internet en relación con el proceso democrático. El libro se titula: Republic.com (NJ: Princeton University Press, 2001)


WEB. La revista Dissent es una publicación trimestral, con artículos escritos desde una visión de izquierda occidentalizada, con una acidez crítica de gran valor. Se puede encontrar en http://www.dissentmagazine.org/