sábado, 25 de septiembre de 2010

NUESTRA INDIFERENCIA AL DESCUBIERTO

El New York Times presentó el día de ayer un par de artículos que deberían llamar la atención de cualquier mexicano.

Uno de ellos hablaba de la inmigración y, el otro, del conflicto sobre el aborto en los Estados mexicanos.

El primero de los artículos se divide en dos partes: las bondades del trabajador mexicano. Es un artículo en el que se echa abajo -cuestión bastante necesaria- la idea del mexicano con el pocho y el sombrero; el mexicano flojo, cuya imagen se difundió de manera injusta.

No es que un artículo vaya a acabar con esa imagen, pero no está de más que se vaya destruyendo gota a gota el mito del mexicano poco trabajador.

Pero también el mismo artículo habla de las injusticias contra el inmigrante mexicano. Su carencia de prestaciones salariales, sindicales; su falta de calidad de vida e incluso su falta de vida social. En una misma pincelada el gran mexicano trabajador y su sufrimiento ante el fenómenos migratorio.

El segundo artículo habla sobre otro sufrimiento: las mexicanas que en los Estados dominados por los intereses conservadores, sufren la persecución por abortar (por accidente, intencionalmente o por cuestiones naturales).

El artículo habla sobre la persecución de un Estado (el mexicano) en contra de las mujeres, siendo trágico que las afectadas sean, sobre todo, mujeres de bajos ingresos.

La publicación es clara: la desigualdad aumenta con la intolerancia de los gobiernos conservadores.

Ambos artículos deberían ser un alto -uno más- ante nuestra indiferencia.

No es que las publicaciones estén descubriendo “el agua tibia”, pero son una muestra más de nuestra indiferencia. Como país, como sociedad, estamos fallando: esos problemas muestran fallos políticos y sociales, pero, además, uno de tipo cultural.

¿Qué hacer ante esta indiferencia?

Actuar.

No importa la forma, el medio o la cantidad de personas que un movimiento acarrea. Pero lo peor es el statu quo en el que estamos imbuidos.

Nos hace falta actuar.


TIEMPO EXTRA


LIBRO: Interpreter of Maladies, escrito por Jhumpa Lahiri (NY: Houghton Mifflin, 2009) es un libro en que se cuentan nueve historias, con un hilo conductor: la interpretación de los hechos.


lunes, 20 de septiembre de 2010

CINISMO LATIOAMERICANO


Cinismo latinoamericano


Hace un par de semanas, Alan García, Presidente de Perú, arremetía contra Hugo Chávez criticando su política exterior en una entrevista concedida al diario The New York Times.

Lo que me llamó la atención de la entrevista es que en ella el Presidente peruano manifestaba su interés de seguir siendo presidente del Perú por un mandato más de lo que constitucionalmente le está permitido. Argüía que quería seguir sirviendo al pueblo de Perú. Parece que García ha olvida su primer periodo al frente del Gobierno Peruano en el que la corrupción le hizo “salir corriendo” de la presidencia.

También olvida García que lo que pretende (una reforma constitucional para seguir siendo Presidente) fue lo mismo que hizo Chávez y que tanto se le critica. Vale decir que Uribe, el ex-mandatario colombiano, también lo intentó, pero falló en su intención de seguir siendo emperador de Colombia.

Por eso suena a cinismo las críticas a Chávez. Se le critica por emprender políticas que son tachadas de populistas (aunque todos los gobiernos del Latinoamérica han tomado como medida frente a la crisis impulsar el gasto social). Se le critica acallar a los medios, pero el hoy Presidente colombiano es, según entiendo, dueño de los medios de comunicación más importantes de su país, así como el Presidente chileno es dueño de medios de comunicación y de la aerolínea más importante del país.

Lo que quiero poner de relieve es que lo que tanto critican (muchas veces justamente) a Chávez, es lo mismo que hacen los líderes latinoamericanos. Se quejan de quererse legitimar con su enfrentamiento político con Colombia, pero del lado colombiano se percibe el mismo tufo de oportunismo, igual hedor que se presenta en el continuo ataque político de Perú a Chile.

Al final, no es que Chávez tenga razón o no: es que muchos parecen imitarle. Es solo el lente con el que se mira: cuando se trata del líder chileno, no es populista, es un empresario; si se trata del Presidente colombiano, no es aprovechamiento, es el linaje el que le ha permitido conjugar poder político y económico. Incluso, cuando Obama expropia bancos (o de qué otra forma llamarlo), no es populista, sino adopta medidas urgentes, al igual que su homólogo británico.

Al final, más rápido cae un hablador que un cojo. Lo malo unos pocos de apoderan de medios y dinero y otros muchos (la gente común) quedan cada vez con menos. Unos le llaman inversiones; otros les llaman dispendios. Cuestión de enfoques.


TIEMPO EXTRA

LIBRO: Cass Sunstein y Richard Thaler (profesores universitarios) escribieron un libro interesantísimo en relación a nuestras decisiones y la influencia de las percepciones en nuestra salud, acciones, políticas. Es un libro con un inminente respaldo científico. Se llama Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness (NY: Penguin, 2009)


viernes, 10 de septiembre de 2010

EN ESPERA DEL TLATOANI


La política mexicana se parece mucho al fútbol del mismo país. En la política mexicana sólo unos cuántos ganan y casi todos terminan descontentos con el rendimiento. En el fútbol, por su parte, nunca se satisfacen las expectativas mínimas, a pesar de las grandes esperanzas puestas en once jugadores de “medio pelo”, pero los directivos del fútbol ganan dinero.

En la política hay dos o tres que hacen bien su trabajo y que saben los pros y contras de sus acciones. En el fútbol mexicano algunos jugadores no son malos, pero los demás no pasan de correr, luchar y desgastarse, en muchas ocasiones sin razón o beneficio alguno.

Pero si hay un aspecto que resalta entre ambas esferas es la espera del Tlatoani: en eso se convierte el Presidente de la República y el entrenador de la Selección Nacional de Fútbol. Más todavía: las esperanzas de un pueblo parecen centrarse en el nuevo líder. Es una reminiscencia prehispánica acentuada en la revolución y sus años posteriores: Villa, Zapata y, posteriormente, (el Tata) Cárdenas, eran los que mandaban, a ellos se les seguía, en ellos podría encontrarse la legitimación carismática de la que hablaba Max Weber. Son figuras que la gente seguía casi venerándolos; seguro le llevarían a algún mejor lugar.

Ese resabio prehispánico y revolucionario persiste en nuestros días, a pesar de que no hay figuras de la calidad de los tres antes mencionados. Pero la gente pone su fe, su confianza, en los nuevos Tlatoque. Cada 6 años hay la esperanza de que las cosas mejoren. Nada más hace falta ver las columnas políticas de diarios nacionales para darse cuenta que ya todos dan este sexenio por perdido, y piden a gritos un nuevo líder. Y mal está la cosa, si se piensa que faltan poco más de dos años para que formalmente acabe este periodo de gobierno mientras el país se resquebraja un día sí y otro también.

En la Selección Nacional de fútbol sucede lo mismo. Cada 4 años hay un nuevo entrenador y se piensa que él sí llevará al fútbol nacional al lugar que “se merece”.

Nada más fuera de la realidad: ningún Harry Potter mexicano podrá enfrentar y cambiar solo la política y la actualidad mexicanas. He insistido en muchas partes que las cosas empezarán a cambiar el día en que, como sociedad, actuemos, participemos y dejemos la apatía y el desdén, la incredulidad y la corrupción que hoy permean la sociedad y cultura mexicanas. Ese día dejaremos de pensar en el retorno de Quetzalcóatl, en la espera del nuevo Tlatoani, del redentor de las masas o del dirigente poderoso. En ese momento, podremos construir un mejor país.

Y sí, tal vez entrenando y fijando objetivos claros podamos tener, algún día, una selección de fútbol con mejores resultados. Antes, son solo sueños que la gente tiene en mente debido a campañas publicitarias.

Soñar no cuesta. Lo que cuesta es lograr el sueño con trabajo.


TIEMPO EXTRA

LIBRO. PAUL AUSTER escribió hace poco un libro interesante acerca de un hombre solitario, con un pasado oscuro y con ganas de reivindicarse. El libro se llama Invisible (NY: Rough Cut, / Madrid: Anagrama, 2009)


WEB: THE HUFFINGTON POST es el nombre del portal más visitado en Estados Unidos en cuanto a medios de información se refiere. Una idea, una mujer y tentáculos de poder han hecho posible esta página, que ha llamado la atención mundial por sus contenidos: http://www.huffingtonpost.com/


jueves, 2 de septiembre de 2010

SIN VÍCTIMAS ETERNAS


SIN VÍCTIMAS ETERNAS

En la Historia Mundial e incluso en las historias cotidianas, encontramos grupos y personas que han sido objeto de injusticias y tratos inhumanos por parte de otros habitantes de este planeta.
El pueblo judío en la Segunda Guerra Mundial, los habitantes de Stalingrado en esa misma conflagración, los Afroamericanos en los Estados Unidos, las colonias esclavizadas por las monarquías europeas de siglos anteriores, etc.
Sólo que el innegable estatus de víctimas en un periodo no significa carta libre para serlo por siempre. Leía el sábado en el New York Times la narración sobre el reciente reporte de Naciones Unidas acerca del Genocidio en el Congo. El reporte, en resumen, viene a decir que Rwanda no solo fue víctima de genocidio (sobre todo en perjuicio de Tutsis) sino también perpetrador de un genocidio (sobre todo en contra de Hutus, que huyeron a Congo). La cuestión no es menor: la víctima ha pasado a ser verdugo. Los Tutsis, a quien Naciones Unidas y el mundo entero apoyaron en esa barbarie que sorprendía a todos en los años noventa, ahora son, ellos mismos, quienes perpetran el genocidio.

La cuestión no estaría mal que se comparara en el siempre presente conflicto israelí-palestino. Cierto es –y cuestión que nunca la humanidad debe olvidar- que los judíos fueron perseguidos, asesinados, torturados y casi exterminados por un régimen –el III Reich- durante la Segunda Guerra Mundial (también se debe recordar que no fueron los únicos: polacos y Romas -el genérico de gitanos- son solo algunos de los grandes ejemplos de que el exterminio era contra todos; contra el diferente) No obstante, lo que hoy en día hace el gobierno israelí contra los palestinos no parece alejado de aquel ejemplo. Algunos se atreverían a decir que es un genocidio, otros lo calificarían al menos de inmoral, muchos lo intentarán justificar como parte de la salvaguarda israelí. Por mi parte, lo mínimo que puedo decir (ante mi escaso conocimiento sobre el tema) es que es inhumano. El bloqueo a Gaza representa el tratar de aniquilar a la población que ahí habita.
También su ataque contra Líbano con bombas racimo es poco más que injustificable (miles de niños muertos por bombas que no distinguen entre soldados, población civil, hombres, niños, ancianos o jóvenes) Una atrocidad. No hay razón alguna, ni seguridad alguna, que permita pensar que ello entra dentro de los estándares humanos.
Su última acción mundialmente conocida –el ataque a un barco de ayuda a Gaza- no es sino el paradigma de la paranoia. Es la política del enemigo –acentuada por la Administración Bush y los neoconservadores-. No hay opción: es conmigo o contra mí. Lo que no se da cuenta el gobierno israelí es que sus aliados son cada vez menos, porque pocos –siempre hay idiotas- están dispuestos a justificar acciones que tienden al exterminio del contrario.
La víctima, que lo fue y no dejará de serlo en lo que a ese periodo respecta, no debe tratar de cubrirse bajo el manto de la Historia; se llame Hutus, Tutsis, israelíes o mexicanos, a las cosas hay que llamarlas por su nombre. El reporte de Naciones Unidas hace bien: llama genocida al que antes fue víctima de genocidio. Nada malo sería darle el calificativo que a cada cosa corresponda. Si las acciones israelíes contra Gaza son un genocidio, habrá que llamarlo así. Por lo pronto, me quedaré con lo que antes he sostenido: al menos, son inhumanas.

TIEMPO EXTRA
LIBRO
: Malcolm Gladwell escribió uno de los libros más vendidos en Estados unidos: The Tipping Point: How Little Things Can Make a Big Difference (Boston, Mass: Little Brown, 2000) que trata sobre las pequeñas decisiones y las pequeñas acciones que pueden cambiar tu vida, tu negocio, tu familia o una sociedad. Llama la atención “la regla de los 150”que bien podría llamarse “recordatorio de nuestros límites”. Un libro para empezar un nuevo año académico, trabajando en las cosas pequeñas que hacen “la diferencia”.

WEB. El New York Review of Books, es una de las ediciones más reconocidas sobre literatura, disponible en la siguiente página: http://www.nybooks.com/