La decisión del Vaticano de no investigar la posible responsabilidad de cómplices de Marcial Maciel es un acto que desdeña a las víctimas del otrora líder de los Legionarios de Cristo, y que muestra una Iglesia más preocupada del encubrimiento que de su redención.
Deben hacerse dos lectura de esa “exculpación” hecha por la jerarquía católica.
En principio se están controlando los daños, para que toda la responsabilidad de las atrocidades de Maciel recaigan sólo en él, en Maciel, quien, ya muerto, nada pierde y a quien está de más se le inculpe una y otra vez, mientras ello no afecte el patrimonio de los Legionarios. Ese, precisamente, es el punto toral de todo esto: que los legionarios no se vean afectados en su patrimonio, porque ello significaría una merma en los activos del vaticano.
El segundo nivel que debe considerarse es la “exculpación” formal de Karol Wojtyla, mejor conocido como Juan Pablo II. Muchas voces reclamamos que Wojtyla fue un defensor de Maciel y que sabía de las actividades ilítictas y de la doble vida del fundador de los Legionarios de Cristo. Un hecho innegable es el cobijo que le dio Wojtyla justo en el momento que arreciaban las denuncias en contra del líder de los Legionarios.
La Iglesia católica comenzó una defensa mediática de Wojtyla respecto de las acusaciones (que saltaban por todas partes) por su participación en el encubrimiento de Maciel, con el argumento de que Juan Pablo II desconocía las actividades del prelado; que fue engañado y que fue una víctima más de las mentiras del ex-líder legionario. La razón de esta defensa mediática es la pronta beatificación de Wojtyla (programada para las próximas semanas) y la voluntad de los altos Ejecutivos del Vaticano de que ese acto no se viera empañado por las acusaciones de encubrimiento. Lo que están realizando ahora es la defensa legal de Wojtyla, porque el extinto Papa es uno de los destinatarios de esa decisión: su exculpación, aun sin investigación.
La Iglesia católica vuelve a cerrarse. Vive en otro siglo. Su falta de transparencia es uno de los aspectos que más se le critica y hoy decide No Investigar para no encontrar culpables. Es una incoherencia cuando se trata de una institución que pregona la justicia. Pero es coherente con la actitud histórica de la iglesia, siempre apegada a los intereses que más le convienen (normalmente los económicos).
Es una ofensa para la inteligencia y para el honor de las víctimas. La Iglesia católica se muestra, una vez más, como una empresa que cuida de sus bienes, de su patrimonio, más allá de lo que sufren, sienten o afecta a sus fieles.
Porque, en todo esto, la Iglesia católica ha olvidado algo: que los afectados eran, antes que todo, sus fieles. Eran católicos.
La Iglesia ha hablado. Que queden absueltos los posibles cómplices (Wojtyla incluido). Que así sea.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. Reconocido con el premio Cervantes de Literatura, José Emilio Pacheco es uno de los escritores mexicanos más importantes de nuestros días. Una recolección de sus poemas fue considerada como uno de los mejores libros del año pasado. De lectura obligada. Tarde o temprano (Poemas 1958-2009) (Tusquets Editores: Barcelona, 2010)
Deben hacerse dos lectura de esa “exculpación” hecha por la jerarquía católica.
En principio se están controlando los daños, para que toda la responsabilidad de las atrocidades de Maciel recaigan sólo en él, en Maciel, quien, ya muerto, nada pierde y a quien está de más se le inculpe una y otra vez, mientras ello no afecte el patrimonio de los Legionarios. Ese, precisamente, es el punto toral de todo esto: que los legionarios no se vean afectados en su patrimonio, porque ello significaría una merma en los activos del vaticano.
El segundo nivel que debe considerarse es la “exculpación” formal de Karol Wojtyla, mejor conocido como Juan Pablo II. Muchas voces reclamamos que Wojtyla fue un defensor de Maciel y que sabía de las actividades ilítictas y de la doble vida del fundador de los Legionarios de Cristo. Un hecho innegable es el cobijo que le dio Wojtyla justo en el momento que arreciaban las denuncias en contra del líder de los Legionarios.
La Iglesia católica comenzó una defensa mediática de Wojtyla respecto de las acusaciones (que saltaban por todas partes) por su participación en el encubrimiento de Maciel, con el argumento de que Juan Pablo II desconocía las actividades del prelado; que fue engañado y que fue una víctima más de las mentiras del ex-líder legionario. La razón de esta defensa mediática es la pronta beatificación de Wojtyla (programada para las próximas semanas) y la voluntad de los altos Ejecutivos del Vaticano de que ese acto no se viera empañado por las acusaciones de encubrimiento. Lo que están realizando ahora es la defensa legal de Wojtyla, porque el extinto Papa es uno de los destinatarios de esa decisión: su exculpación, aun sin investigación.
La Iglesia católica vuelve a cerrarse. Vive en otro siglo. Su falta de transparencia es uno de los aspectos que más se le critica y hoy decide No Investigar para no encontrar culpables. Es una incoherencia cuando se trata de una institución que pregona la justicia. Pero es coherente con la actitud histórica de la iglesia, siempre apegada a los intereses que más le convienen (normalmente los económicos).
Es una ofensa para la inteligencia y para el honor de las víctimas. La Iglesia católica se muestra, una vez más, como una empresa que cuida de sus bienes, de su patrimonio, más allá de lo que sufren, sienten o afecta a sus fieles.
Porque, en todo esto, la Iglesia católica ha olvidado algo: que los afectados eran, antes que todo, sus fieles. Eran católicos.
La Iglesia ha hablado. Que queden absueltos los posibles cómplices (Wojtyla incluido). Que así sea.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. Reconocido con el premio Cervantes de Literatura, José Emilio Pacheco es uno de los escritores mexicanos más importantes de nuestros días. Una recolección de sus poemas fue considerada como uno de los mejores libros del año pasado. De lectura obligada. Tarde o temprano (Poemas 1958-2009) (Tusquets Editores: Barcelona, 2010)