miércoles, 15 de junio de 2011

LA TRASCENDENCIA DE SICILIA

Para quienes tenían la idea de que el poeta Javier Sicilia buscaba golpear políticamente a Felipe Calderón con las movilizaciones convocadas, la realidad les ha mostrado la voluntad sin condiciones del poeta para vivir en un mejor país sin caer en la confrontación y en la descalificación.

Sicilia ha insistido una y otra vez que esta guerra (la de Calderón) se necesita acabar. No se refiere a que no haya que acabar con el narco, sino a reconocer que el enemigo han superado al Estado mexicano porque las muertes de inocentes no han justificado las acciones emprendidas por el gobierno. No significa la caída del Estado o la aceptación del Estado fallido. Significa, como significó Vietnam en su momento, que los daños colaterales no justifican las acciones emprendidas.

Tal vez es eso lo más difícil del camino que el poeta Sicilia pide que se recorra: la aceptación de que se han cometido errores. El siguiente paso es, entonces, replantear cuál es la mejor forma, a corto y largo plazo, de enfrentar al narco y de parar los daños colaterales que duelen e hieren sin bálsamo que los aminore.

Sicilia exige a la autoridad y no al narco, porque es a aquellos a quienes se eligió y no a un mercenario con un arma AK-47. Sicilia sigue insistiendo en las bondades del Estado como protector del ciudadano y exige, por ello, protección, seguridad y estabilidad. Se dirige a los representantes demandándoles y a los ciudadanos para que levanten la voz y se levante el México que exige justicia y paz.

Hoy muchos ven el fin del movimiento del poeta mexicano. Muchos piensan que después de la exitosa caravana por la paz, el camino del poeta se detendrá y el movimiento, muchos apuestan, se desinflará. Creo que se equivocan. Ojalá se equivoquen. Sicilia ha ganado un espacio único como interlocutor sólido, noble y deseoso de paz. Sus palabras ante insultos que algunos lanzaban contra Calderón no tienen desperdicio: “La Paz no se hace mentando madres”. Es ahí donde se hace importante lo que ha planteado una y otra vez Javier Sicilia: que su movimiento, su lucha, es por la paz a través de la justicia. Y la paz no se consigue con violencia.

En ningún momento ha hablado Sicilia de linchar en la plaza pública a Calderón, pero sí le ha pedido que rectifique su estrategia, porque las consecuencias están siendo funestas. Pide que la clase política se involucre y actúe para parar la masacre de los 40 mil muertos, la cifra a que nos hemos acostumbrado, pero dentro de la cual cabe el dolor de 40 mil familias mexicanas.

Sicilia no pide un cambio de gobierno, no pide la caída de Calderón, no pide el destierro de la clase política (que tanto bien nos haría). Pide paz, pide estabilidad, pide salir a los bares con los amigos, sin que exista el miedo de no regresar por encontrarse en medio de una balacera. Sicilia pide calidad de vida. Pide tranquilidad. Pide esperanza.

Sus palabras retumban en el ánimo democrático y de paz que cubre su movimiento, el movimiento que él simboliza, y que tiene como denominador común el dolor y la exigencia de paz. Dijo Javier Sicilia: “Este no es asunto de pobres y ricos, de derecha o de izquierda... es un agravio nacional... nos están despedazando"

Sólo buscando y alcanzando una solución para que dejemos de despedazarnos, triunfará la lucha que ha emprendido Sicilia. Una solución donde Calderón no es el objetivo, porque el objetivo del poeta es un México en el que los jóvenes puedan encontrarse con sus amigos sin temores, sin violencia, sin muerte. El hijo de Javier Sicilia no tuvo esa suerte.

Por el bien de todos, esperemos que triunfe el movimiento de Javier Sicilia. El movimiento más trascendente y más pacífico de los últimos lustros en México. Eso significaría que habremos aprendido a resolver nuestras disputas sin querer la desgracia ajena. Significaría que 40 mil muertes son suficientes para querer vivir de mejor forma en un país que es de todos y que a todos corresponde reivindicar.

jueves, 2 de junio de 2011

¿Por qué Cordero?

Toda persona tiene derecho a tener aspiraciones presidenciales. Si esa persona es Secretario de Estado, tiene gran influencia sobre muchas otras, los medios están presentes en cada acto que lleva a cabo, se reporta cada una de sus declaraciones y sus posibilidades aumentan seriamente si quiere aspirar al cargo más importante en un sistema presidencial.

Por eso es entendible que Ernesto Cordero, el Secretario de Hacienda en nuestro país, aspire seriamente a ser el candidato del PAN a la Presidencia de la República y convertirse –si las cosas le salen bien- en el Presidente de la República.

Lo que no se entiende es el apoyo que le dan a Cordero muchas figuras importantes del panismo y de la política nacional.

¿Por qué apoyan a un “político” tonto y gris? (Digo tonto, porque sus declaraciones, como mínimo, me parece que son tonterías)

¿Por qué el Presidente Calderón apoya a Cordero?

Si Calderón se autonombró el “hijo desobediente”, no cabe la menor duda que con Cordero está afirmando que a él le gusta la obediencia de sus allegados. Él puede ser desobediente, pero nunca su subordinado.

Hay un trasfondo mucho mayor del apoyo presidencial hacia el Secretario de Hacienda. La respuesta se encuentra en los números decentes que macro-económicamente está arrojando la economía mexicana. No es que sean supremos, pero comparados con el fracaso del gobierno en otros ámbitos, resultan ser mínimamente rescatables.

Calderón ha fracasado en su guerra contra el narcotráfico -el mayor de sus empeños- y tratará de cambiar la dinámica de la campaña electoral, a fin de que no se centre en la seguridad , sino en la estabilidad económica del país. Por ello no son nada casuales las declaraciones desafortunadas (estúpidas, diría yo) del mismo Cordero, afirmando que México dejó de ser un país pobre hace mucho tiempo. Calderón tratará de cambiar el tema de la campaña del próximo año. Sabe que en la dicotomía victoria/derrota del Gobierno Mexicano en la lucha por el narcotráfico, la derrota de su partido es más que inminente y previsible.

Otro aspecto a considerar es la pertenencia de Cordero al grupo de especialistas en macro-economía que dirigen las riendas del país. Cordero es “dedo chiquito” de Agustín Carstens y la llegada de éste, primero a Hacienda y luego al Banco de México, y la posibilidad de Cordero de sentarse en el despacho de Hacienda, fueron avaladas por los economistas que dirigen financieramente al país y por los grandes empresarios. Calderón impulsa a Cordero porque a ellos, a los economistas de “gran renombre” y a los empresarios más adinerados del país, la seguridad pública les importa un pito y lo único que les preocupa –o al menos lo que les preocupa preponderantemente- es que sus ganancias no se vean afectadas. Y en ese aspecto, más allá de los avatares de este sexenio, los grandes empresarios y la economía mexicana no se ha visto tan afectados. Y Cordero, entonces, simboliza la estabilidad económica del país (según el grupo Calderonista), -aunque no significa que esa estabilidad se traduzca en desarrollo

Por último, Calderón impulsa a Cordero porque éste es gris, subordinado y manipulable. Es el alfil que necesita para prorrogar (al menos de manera efímera) el poder que tiene al interior del PAN. Un soldado que obedezca es mejor que un general que tome decisiones y “piense solo”, en la lógica calderonista. Y el cuadro lo cierra Margarita Zavala. A nadie extrañe que la esposa del Presidente encabece la lista de candidatos plurinominales del PAN para el Senado. Así, Calderón sabe que podrá controlar, con Cordero, al PAN previamente y durante la campaña. Y Margarita será quien sea su protectora, una vez caído y sacrificado Cordero.