viernes, 23 de abril de 2010

PACHECO, EL CERVANTES Y SU FRAGILIDAD



No puede pasar desapercibido en una sociedad como la mexicana la entrega del mayor reconocimiento de las letras hispanas al escritor y poeta José Emilio Pacheco. Este viernes 23 de abril le fue entregado el Premio Cervantes de Literatura.
De esa forma, Pacheco refrenda la grandeza de su generación. La generación de la que él, Sergio Pitol, Carlos Fuentes y Monsiváis forman parte. De los nombrados, sólo el narrador más afamado de México, Carlos Monsiváis, no ha sido reconocido con el premio otorgado hoy a Pacheco; ni falta que le hace. Monsiváis vive de la pluma, para la pluma, y el público –propios y extraños- reconoce la calidad literaria de su obra –independientemente de estar o no de acuerdo con sus argumentos.
Pacheco ha tenido el tino de compartir y hacer extensivo el premio a toda la “literatura mexicana”, esa de la que todos presumen y que todos vilipendian con actos y censuras, con recortes de presupuesto, con los libros a precios exorbitantes y que la sociedad ha rehusado a reconocer como verdadera muestra del avance que puede tener nuestra sociedad.
Pero ¿con qué literatura compartió el Premio Cervantes el gran José Emilio Pacheco? Creo que en su discurso al recibir el Premio lo ha resaltado. A esos literatos, miembros de un grupo “mendicante” al que la sociedad acoge y olvida, lee y no entiende, consulta y banaliza. Pero ellos, a pesar de las circunstancias, siguen escribiendo.
Es casual y simbólico que el Premio Cervantes le haya sido entregado a Pacheco justó un año después de que comenzara la alarma mundial y mexicana por la influenza AH1N1. Es reflejo de los claroscuros del país. El que acoge al Nobel de Paz (él también obtuvo el premio hoy dado a Pacheco), a los Cervantes de Pitol y Fuentes, pero que también alberga una sociedad falta de lectura, de oportunidades, abatida por el hambre, el narcotráfico y sobre todo por la desesperanza. El México que sangra.
Es el México en el que vivimos y el que nos gustaría cambiar. No está de más tener un Cervantes en la figura de Pacheco. Aunado a la importancia del premio por sí solo, Pacheco es uno de los grandes poetas mexicanos de las últimas décadas.
Los Premios suelen ser merecidos y controvertidos. Hay deudas pendientes del Cervantes con escritores de habla hispana. Puede que sea mucho pedir (la regla no escrita dice que un año se concede el Cervantes a un escritor español y un año a un escritor latinoamericano), pero ojalá los próximos Cervantes fuesen para Juan Goytisolo y para Carlos Monsiváis. Así, dos grandes “mendigos” obtendrían el reconocimiento que merecen. No les hace falta, pero si en las letras hispanas cupiese la razón, mi petición no se perdería en el valle de los sueños rotos.

Sin embargo, hoy hay que dejar de lado reclamos y hay que aplaudir a Pacheco, cuya poesía es grandiosa y cuya humildad es aún más grande. Sus palabras, al explicar un incidente (el pantalón se le cayó hasta las rodillas al ingresar al Paraninfo donde recibió el Premio), la reflejan. Dijo: "Es un recordatorio de que todos somos frágiles..."; "siempre las lecciones de humildad, la mortificación de la soberbia es buena para uno, para que uno no se crea nada".


¡Que viva José Emilio Pacheco!, el frágil y humilde Cervantes.

TIEMPO EXTRA
LIBRO. El Estado Laico y sus malquerientes (México, UNAM-Debate, 2008) es una obra esencial para el entendimiento del México moderno, en la que Carlos Monsiváis hace una defensa del Estado Laico a través de la exposición de sus enemigos.

WEB. El diario francés Le Figaro pone sus contenidos a disposición de sus lectores en la página http://www.lefigaro.fr/, resaltando su sección cultural.

viernes, 16 de abril de 2010

SABINA Y EL 33


Soy fan del Flaco de Ubeda y me declaro “sabinista” desde hace mucho tiempo. Durante muchos años un noticiero en mi ciudad natal reproducía una canción justo a las 6 de la mañana y era con ella con que despertaba a media ciudad: “Y nos dieron las 10 y las 11”.
Sabina y yo compartimos (como comparte con millones) el amor por el Atleti, el equipo con el que nos identificamos los sin suerte, los bohemios y los de la esperanza, esa que, sabemos, pocas veces muere y que casi nunca es real.
Pues resulta que Sabina criticó al Presidente de México por su lucha militar contra el narcotráfico. Retrató en una palabra a Calderón y su gabinete: inocente, le dijo..
Algunos esperaban que al bohemio “le aplicarán el 33”, ese artículo de la constitución mexicana que ha servido más como garrote político que como medida de salvaguarda del interés nacional. El precepto indicado faculta al Presidente de la República para expulsar sin previo juicio a cualquier extranjero, cuya presencia considere perniciosa. En otras palabras, para quien considere non grato.
Y el escenario estaba puesto: Sabina –aquel que los medios conservadores mexicanos tachan de borracho- había opinado de la política mexicana (algo de lo que el constituyente mexicano y muchos puristas son recelosos) y había atacado al Tlatoani venido a menos. Pero el Presidente se contuvo y no echó del país al cantante español.
Alguien se preguntará las razones por las que el Presidente se aguantó el coraje: la respuesta oficial es que el comentario de Sabina había sido respetuoso y que al Presidente le gustaba la música del Flaco de Ubeda. Nada más falso: la corrección de las palabras de un extranjero en nada han sido consideradas, históricamente, como un elemento que inhiba la aplicación del 33 constitucional. Y en cuanto a que al Presidente le gusta la música de Sabina lo dudo también. Es tan falso como si Ratzinger dijera que le gusta Nirvana.
Parece más coherente pensar que el gobierno mexicano se abstuvo al tomar en consideración el impacto mediático de Sabina. Echar del país a los centenares de italianos, españoles y demás extranjeros que desde el conflicto zapatista se han expulsado del país por pensar que contribuyen a la causa zapatista –en la gran mayoría de casos sin haber probado tal extremo-, no sería tan fatal como expulsar a Joaquín.
Con la no aplicación del artículo 33 constitucional a Joaquín Sabina por las razones aducidas por Calderón –hago la precisión de que creo que no debía aplicarse pero por razones distintas- Benito Juárez vino a mi mente en una de sus frase más famosas: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley”

TIEMPO EXTRA
LIBRO: “El día D” (Madrid: Crítica, 2009) es una obra de Antony Beevor que lleva al lector una narración estremecedora del desembarco de Normandía.
WEB: El jurista y politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez tiene un blog interesante, que contiene artículos sobre política y cultura, logrados con la calidad de la pluma de este joven e importante pensador mexicano. Se puede consultar en http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/

viernes, 9 de abril de 2010

GARZÓN EN EL BANQUILLO


GARZÓN EN EL BANQUILLO
Sin temor a equivocarme, puedo sostener que una buena parte de los abogados que iniciamos nuestros estudios en los años noventa tenemos como paradigma de jurista al juez español Baltasar Garzón. Algunos lo llamaríamos, incluso, nuestro ídolo.
Y no es para menos. En el derecho hay un antes y un después de Garzón. El caso Pinochet le encumbró mundialmente y llegará el momento en que su lucha contra ETA se le reconozca en España.
Garzón no es profeta en su tierra. Se le acusa de soberbia, de afán de querer ser estrella y acaparar los reflectores. La percepción en España es distinta a la internacional. Mi opinión es que Garzón es ya una estrella y que los reflectores le siguen y le seguirán de por vida. Creo que no se ha ponderado en su justa dimensión su aportación a una sociedad más justa. La prudencia que tiene y debe tener como juez se ha malinterpretado. Su silencio se confunde con soberbia; su prudencia con desinterés.
Baltasar Garzón cambió el derecho y la sociedad porque intentó –con éxito relativo- enjuiciar a un intocable que había logrado que se produjeran leyes que le otorgaban impunidad. Augusto José Ramón Pinochet era el personaje y Garzón le desafió. Lo enfrentó y sólo la ayuda de “la Tatcher” y la muerte impidieron que el general retirado fuese a la cárcel. Aun así, el veredicto público se expresó en la persecución del juez español. Garzón se había enfrentado a lo impensable con el único elemento que tiene en su poder: la ley. Su persecución fue la voz de muchos, ahogada durante años en la garganta de la ignominia.
En España se le juzga estos días por una causa que inició contra el franquismo. Se le acusa de “iniciarla” y dictar resoluciones “a sabiendas” de su incompetencia y de que no existían personas a quienes perseguir, pues habían muerto.
Quienes hemos seguido el caso discrepamos: el Juez Garzón pidió pruebas de que Franco había muerto (su acta de defunción le fue remitida por la autoridad del Registro Civil español) y en el inter de estas acciones Garzón realizó una investigación histórica. El 18 de noviembre de 2008 dicta un auto memorable en el que, después de haber tenido pruebas de que Franco había muerto, se inhibe de seguir conociendo de la causa que había iniciado. Dicho auto es histórico porque detalla las atrocidades cometidas por el franquismo, entre las que resalta el robo de identidad a miles de niños que fueron sustraídos por la dictadura (de manera sistemática) y a quienes se les cambió de nombre y se les “robó” su identidad. Personas que hoy en día viven y que merecen -lo dice el mismo Garzón- saber quiénes son, quiénes fueron sus padres, y cómo un régimen les cambió la vida de un plumazo. Ello es sólo un botón de muestra de que la causa tiene/tenía razón de ser y de que hay hechos por investigar. Son delitos que se actualizan día con día, momento a momento. Y ni qué decir del reconocimiento de cadáveres de hombres y mujeres cuyos familiares exigen sean identificados para saber “dónde están” y/o “si están”. Es una discusión no banal y muy importante.
Los ofendidos que hoy sientan a Garzón en el banquillo de los acusados son los seguidores de Franco. Son los que se sienten ofendidos porque un juez abre la caja de pandora de un pueblo cuyos políticos quisieron olvidar el pasado y mirar hacia el futuro, pero que se olvidaron que había madres, hijos, nietos (Zapatero incluido) que quisieran saber si su familiar murió, dónde se encuentran sus restos y –en el caso de los niños a los que el régimen cambió la identidad- cuál es su verdadera identidad. Gente que busca justicia y sólo encuentra pactos políticos.
Obstáculos contra la verdad habrá siempre. Garzón lo ha encontrado en la derecha y la extrema-derecha española, aquella que sigue añorando los tiempos del dictador. El único consuelo para él es que en la Historia tendrá un lugar al lado de grandes jueces (Coke, Marshall, Warren, Alexy, Falcone –el ídolo de Garzón)
La Audiencia Nacional española seguramente le suspenderá y probablemente nunca más vuelva a juzgar un caso. Es una lástima, porque el mundo está urgido de paladines contra la impunidad y Garzón es uno de ellos. Baltasar Garzón acusado por sus pares; la Historia le juzgará.

TIEMPO EXTRA
LIBRO: La Asociación de Academias de la Lengua Española ha publicado una edición especial del libro más significativo de la obra de Carlos Fuentes y que sin duda es uno de los grandes clásicos de la literatura latinoamericana: La Región más transparente (México: RAE et al, 2008). Un libro de imprescindible lectura.
WEB: http://fal.itam.mx/FAE es la página en internet de la revista “Foreign Affairs Latinoamérica”, una de las publicaciones más prestigiosas en el mundo.

martes, 6 de abril de 2010

¿TIEMPO DE NO PAGAR?


¿TIEMPO DE NO PAGAR?
En el mes de abril las personas físicas en México deben realizar su declaración anual del ejercicio fiscal 2010. En otras palabras, deben decirle a la Secretaría de Hacienda los ingresos y gastos que tuvieron durante el año previo y en su caso cómo pagaron los impuestos que les correspondían, además de realizar el pago de los impuestos que conforme a dicha declaración anual les corresponde.
He discutido con diversos amigos sobre la conveniencia de pagar impuestos en el país. Pienso que no pagar es una de las formas en las que los mexicanos podemos decirle al Estado mexicano que estamos en desacuerdo. Las encuestas reflejan que la mayoría de la población en este país estaría dispuesta a pagar más impuestos si ello se reflejara en mejores servicios brindados por el Gobierno –esa mayoría incluye a los que no pagan.
Y el estar dispuestos a pagar más impuestos no es cosa menor, cuando se tiene en cuenta que las tasas de impuestos tampoco es que sean bajas en el país. A un trabajador se le retiene aproximadamente el 30% de su salario por concepto de impuestos, un patrón paga ese mismo porcentaje por impuesto sobre la renta (ISR), aunado de un estúpido IETU que grava exactamente lo mismo que el ISR, validado como constitucional por una Corte igual de estúpida, que no quiso ver lo que para todos es claro: que el IETU y el ISR realizan un doble gravamen respecto de un mismo concepto.
Y la negativa a pagar impuestos tampoco es solo un capricho si se toma en cuenta que desde el año 2000 se vive una bonanza en ingresos petroleros, los cuales han sido distribuidos entre los Gobiernos de los Estados, aunque ello no se haya visto reflejado en mejoras en los servicios públicos y lo único para lo que ha servido es para engrosar las arcas de los señores feudales en que están convertidos los gobernadores.
Los ejemplos no paran: el mayor banco mexicano fue vendido a un importante grupo financiero en Estados Unidos, sin que se cobrara un solo peso por concepto de impuestos. Los ingresos por las remesas que envían mexicanos que viven en Estados Unidos a sus familiares termina siendo el segundo ingreso más importante del Estado, el cual sirve, principalmente, para la subsistencia de las familias receptoras –lo que no habla sino de la incapacidad del Estado mexicano para generar riqueza.
Todo ello se ve coronado con un innegable sub-ejercicio por parte de la mayoría de las entidades federativas en programas de combate a la pobreza.
Ante este escenario, la duda es lógica: ¿Por qué darle dinero a un Estado que no sabemos cómo lo gasta (porque no se ve reflejado en las mejoras prometidas en todas las campañas)? Y, aún más ¿por qué darle dinero a un Estado que tampoco sabe cómo gastarlo (el sub-ejercicio no demuestra más que ignorancia e incapacidad?
Alguien dirá que no es la salida, pero puede ser una llamada de atención.
Seguramente no soy el único con la misma visión. Puede ser que muchos de los 16 millones de contribuyentes que sostenemos este país piensen igual, pues, a pesar de que 50 millones son los que trabajan y deberían contribuir al “gasto público” –como lo dicta la constitución-, la Secretaría de Hacienda parece no ver a los restantes 34 millones y tampoco parece enterarse de que grandes empresarios son beneficiados con la devolución de impuestos.
Existe un terrorismo fiscal de parte del SAT y de la Secretaría de Hacienda contra los de siempre, los que pagamos. Tal vez dejar de pagar sea una solución. Así, de seguir la lógica del SAT, estaremos seguros que no nos molestarán.