jueves, 28 de abril de 2011

Calderón y Mourinho. Juego de sordos

Una coincidencia tienen Felipe Calderón, el Presidente mexicano, y el entrenador del Real Madrid, José Mourinho. Puede que sea banal, pero nos habla de sus personalidades, de la forma de enfrentar los problemas y de la forma de enfrentar la realidad.

Empezaré por el técnico del Real Madrid. En la previa del más reciente partido ante el Fútbol Club Barcelona, denostó a su contrario y éste le contestó a través de su entrenador, Josep Guardiola, quien, como pocas veces, le recriminó incluso con groserías ese desdén hacia el trabajo del contrario. Todos sabemos la historia: en el campo de juego el Barcelona derrotó al Real Madrid.

Y lo interesante viene a continuación: el técnico portugués, en la conferencia de prensa posterior al partido, arremetió contra medio mundo, pero ni con el pétalo de una rosa hizo una autocrítica. Hizo menos el juego del rival (al afirmar que hay un “poder” que le ayuda en las eliminatorias), criticó a sus patrocinadores, y por supuesto los árbitros no se salvaron de la hoguera.

Pero al director técnico se le olvidó reconocer que su equipo tuvo sólo 28% del tiempo la pelota durante el partido, que sólo disparó dos veces al arco, que su equipo juega al límite de la violencia y que su club ha invertido más de 150 millones de euros en jugadores de características ofensivas que él tenía en el banco de suplentes.

Puede que Mourinho tenga razón y que el árbitro alemán haya errado al expulsar a uno se sus jugadores (el boxeador más grande que hoy viste la casaca blanca), pero le falta humildad para aceptar que su juego es rácano, violento en algunos pasajes del partido y que (lo más importante) en el último juego el rival fue mejor -más allá de las circunstancias-.

Ante ello, a pesar de haberse salido de su estilo, se agradecen las palabras fuertes, pero correctas, con que Guardiloa le espetó que él, Mourinho, era el puto amo de ahí (de las conferencias de prensa). Sólo que eso no significa que en el campo de juego lo sea. El amo fue el Barcelona y Messi el Rey que reivindicó al fútbol y también el lugar que al Fútbol Club Barcelona le pertenece en ese mundo.

El Presidente de México es el Mourinho de la política mexicana. Él y su círculo de colaboradores y periodistas repiten una y otra vez la necesidad de combatir al ejército con las fuerzas armadas y la imperiosa necesidad de enfrentar la lucha contra el narcotráfico de la manera en que el Estado mexicano lo está haciendo. Justifica los medios con los resultados, pero, en la contabilidad final, no le favorecen (al igual que a Mourinho).

El “Guardiola” que tiene enfrente Felipe Calderón se ha llamado de distintas formas, pero encierra en la sociedad civil su mayor representante. Sicilia, el último gladiador en enfrentar a la clase política calderonista, ha subido el tono y ha espetado el sentimiento de un pueblo, con palabras fuertes, como las de Guardiola a Mourinho. Le ha dicho: “estamos hasta la madre” (de la guerra de Calderón contra el narco, de las muertes de inocentes).

Y la reacción de Calderón ante la justicia que pide Sicilia y ante la súplica de cambio en la estrategia de la lucha contra el narco, ha sido parecida a la de Mourinho: critica a aquellos que quieren “acabar” con el Estado mexicano, sugiere que los malos son los otros (en lo que lleva parte de razón), que el Estado está cumpliendo con su deber e impulsa y apoya reformas a la Ley de Seguridad Nacional que son un retroceso enorme en el goce de los derechos humanos en México (implican una militarización del país, por donde se le quiera ver). Al igual que el entrenador portugués, arremete contra todos, pero la autocrítica está ausente en su discurso.

Tanto a Calderón como a Mourinho les llegará el momento de dejar la presidencia y el banquillo de uno de los mejores equipos del mundo. Uno y otro son amos del discurso. Ambos están perdiendo sus eliminatorias (su juego, su partido, su lucha -con todo lo Hitleriano de este último término) y tal vez se han dado cuenta de ello. Pero hasta el último momento defenderán su postura. Es el juego de sordos. Es el egoísmo llevado al extremo.

Ambos son los putos amos, que en el campo de juego pierden y se niegan a reconocerlo.


TIEMPO EXTRA

LIBRO. José Saramago en sus palabras (Madrid: Alfaguara, 2010) es una colección de reflexiones del desaparecido Nobel portugués, que vale la pena leer por la vigencia y claridad del pensamiento del grandísimo escritor lusitano.

miércoles, 20 de abril de 2011

Memoria Histórica

Memoria Histórica

En países como Argentina, Chile y España, el tema de la memoria histórica es una constante y un dolor de cabeza para los gobiernos en turno.
En España, la Guerra Civil dividió el país y los republicanos resultaron los vencidos que, con la llegada de la democracia, han ido subiendo peldaño por peldaño la escalera que conduce a la reivindicación de los derechos mínimos de las víctimas y de sus familiares. No no se trata de abrir la herida, sino de que cierre por completo, lo que llegará en el momento en que se sepa quiénes fueron sometidos, cómo se les sometió y dónde están. Muchos podrán argumentar que el Gobierno de Zapatero zarandeó el avispero, pero en realidad lo que hizo fue poner sobre la mesa un tema que unos quieren olvidar, otros quieren ignorar y otros más quieren que se le ponga atención. Ante ello, la balanza debe decantarse por los más débiles, en este caso, los familiares de las víctimas.
En Argentina y Chile la situación es similar. Una ley de impunidad fue declarada inconstitucional y por eso se abrió la posibilidad de juzgar a los miembros de la dictadura Argentina, mismo camino que están siguiendo los chilenos (aunque con mayores problemas) para desenterrar las ignominias y sacar a la luz las atrocidades del régimen militar. La muerte de Franco y de Pinochet no cierra, sino que abre la puerta para que se juzgue a un régimen sin “consideraciones” por la edad avanzada o el estado de salud de los dictadores.
Por supuesto que a todos nos hubiese encantado ver a Franco y a Pinochet tras las rejas (el robo de identidades a miles de niños es razón más que suficiente para que ahí terminaran), pero el hombre está sujeto al tiempo y en este caso los dictadores pasaron a mejor vida sin ser juzgados. Sin embargo, el régimen, la forma de operar de esos gobiernos, debe quedar al descubierto.
En México no pasó lo mismo. Cierto es que no tuvimos una dictadura (por más “perfecta” que la definiera Vargas Llosa), pero sí tuvimos un régimen que desde la década de los 60´s y hasta finales del siglo XX reprimió de manera sistemática. Hubo una oportunidad de oro para juzgar a los responsables del 2 de Octubre de 1968, del “Jueves de corpus”, de la represión indiscriminada a grupos sublevados en distintos Estados de la República, etc., pero el Gobierno de Vicente Fox perdió (as usual) esa opción y pactó con la vieja clase política priísta su impunidad.
Y así, en este país el tema parece diluirse, pero continúa sangrando. Estoy convencido que se pondrá de nuevo en la mesa cuando Felipe Calderón deje de ser el Presidente de la República, porque se permitirá juzgar en toda su dimensión el “calderonismo”, que sin duda se verá marcado por la muerte de más de 70 mil personas (cifra con la que, según los cálculos, terminará el sexenio panista) y los hoy responsables de la seguridad del país tendrán que rendir cuentas, porque a ciencia cierta los mexicanos tenemos derecho -al menos- a cifras frías y explicaciones banales, en tres cuestiones: 1. ¿cuántos y quiénes de esos 70 mil muertos no pertenecían al crimen organizado?
¿por qué murieron?
¿en dónde están?
Es una injusticia que tanta sangre se resume en simples preguntas, en una estadística, en un número. Pero es lo mínimo que debemos saber, porque a estas alturas nadie le cree al Presidente que las 70 mil muertes son de sicarios o gente relacionada con el narcotráfico.
Lo más paradójico de todo es que la tarea de llamar a cuentas al “calderonismo” es probable que le toque a un gobierno priísta.
El viejo régimen represor, ahora convertido en verdugo.

Tiempo extra

LIBRO. A partir de la muerte de Carlos Montemayor, su obra ha ido teniendo un mayor reconocimiento, que injustamente se la había negado en vida. Una de sus novelas principales Guerra en el Paraíso (México: Debolsillo. Random House Mondadori, 2009), es de indispensable lectura para entender la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero y la forma de operar del régimen priísta en los setentas.

lunes, 11 de abril de 2011

Alex

El mundo no es digno de ti.
El país tampoco te merece.
Has tenido suerte. Otros niños no sobreviven lo que tú has vivido, por falta de amor o de recursos, más de lo segundo que de lo primero.
Eres un símbolo de esperanza, una victoria de tu madre y una razón para cambiar este mundo y este país.

Espero que aprendas lo que Machado definió de forma brillante: que no es lo mismo el valor y el precio, aunque la mayoría lo confunda.
Espero que aprendas que la coherencia tiene su precio y su valor. Que Sócrates murió por coherente y le legó a la humanidad la coherencia y la legalidad, aunque la mayoría sólo tomó nota de lo segundo.
Espero que aprendas que los títulos sólo dan grados. Que aprendas que el hombre más sabio de nuestra familia sólo sabía leer y escribir.
Espero que aprendas que la vida no es una casa, un coche y el dinero necesario para la diversión (ese modelo de vida implantado en la mente de los jóvenes de hoy).
Espero que aprendas que la lucha es mucho más importante y placentera cuando peleas por un ideal, aunque el resultado económico no sea el mejor.
Espero que entiendas que este mundo abunda la libertad en detrimento de la igualdad y que eso causa pobreza. No lo olvides: el mayor problema se llama desigualdad.
Espero que aprendas que un loco casi acaba con el mundo hace 70 años porque se sentía frustrado. Y que entiendas que sólo la esperanza hizo que una generación no muriera en la Guerra. Auschwitz te aclarará las cosas.
Espero que entiendas que la religión es fuente de inspiración, pero que tu Dios puede no ser el de los demás y que el hombre se ha empeñado en no entender ese respeto.
Espero que entiendas que la tolerancia es vital. Que respetes el pensamiento del otro y no lo trates de cambiar porque, como dijo Saramago, tratar de convencer es, hasta cierto punto, una colonización del otro.
Espero que un día no ames este país y cometas “alta traición”, como dijera José Emilio. Que odies a sus políticos, a su economía, y a sus expresiones de intolerancia. Pero que des la vida por “tres o cuatro” de sus ríos.

Este mundo no es digno de ti. Este país tampoco. No ahora.
Pero estás aquí y debes vivir para alegría de todos.

Un único consejo importante:
Que vivas, que vivas siempre.