viernes, 28 de octubre de 2011

LA IZQUIERDA, EL INGENIERO Y KRAUZE


Este jueves Enrique Krauze fue entrevistado por Carme Aristegui sobre su nuevo libro, en el que el eje es una izquierda caudillista y su desarrollo en América Latina.

Además, comentó uno de los sucesos más importantes de la semana: la entrega de la Medalla Belisario Domínguez al Ingeniero Cárdenas. Me referiré, entonces, a la entrega de la Medalla y a la línea discursiva de Krauze.

El Ingeniero Cárdenas es el símbolo de la política mexicana del último cuarto de siglo. Es un hombre histórico. Su papel como fundador del partido de izquierda más importante en la vida democrática de México es indiscutible.

Cárdenas ha tenido aciertos y ha tenido, también, actitudes que le han valido críticas sustentadas. Pero, más allá de eso, el Ingeniero trata de ser congruente con sus ideales políticos. Fue uno de los perjudicados de la “caída del sistema”, pero sólo uno, porque, como él sostiene, finalmente todos lo fuimos.

Sostiene que la democracia electoral es hoy distinta –mejor, aunque no perfecta- que la que teníamos en 1988. En gran parte se lo debemos a él.

Cárdenas es símbolo porque si alguien representa el cambio, el paso, de un sistema autoritario como el priísta a un sistema democrático –con todo y sus problemas- ese personaje es el líder moral del PRD. Cárdenas supo unir a distintas fuerzas de izquierda frente a un enemigo común, el PRI, que encarnaba el retraso y el paradigma de antidemocracia.

Krauze hablaba en su entrevista con Aristegui del indudable merecimiento de Cárdenas para recibir la medalla Belisario Domínguez.

Pero el discurso de Krauze tiene, en el fondo, una crítica al Ingeniero.

Krauze afirma que él prefiere una “izquierda moderna” al estilo de Lula en Brasil. Una izquierda, se entiende, que no sea una izquierda que busque un “redentor” (y el historiador piensa que Andrés Manuel López Obrador lo es)

Lo reprochable es que Krauze nunca sostiene de manera clara en qué consiste esa izquierda. Se entiende que quiere una izquierda plural, abierta, una izquierda que tenga interlocución con distintos grupos, que no excluya, que no busque un “Mesías tropical” (sobrenombre que Krauze le endilga a AMLO)

Es obvio que Krauze apuesta por una izquierda basada en un liberalismo social. Obviamente, por más que sostenga lo contrario, es muy difícil encasillar a esa posición como una posición de izquierda. Sostiene que es un antipriísta de cepa, que enfrentó al sistema, que fue “oposición” en el régimen de Salinas y que Octavio Paz (su mentor y guía) coqueteaba con el PRI porque creía que el sistema podía cambiar desde dentro) Pero se equivocó. Todo ello, no obstante, no significa (por sí solo) ser de izquierda, aunque el historiador lo confunda.

En pocas palabras, a Krauze le gusta una izquierda utilitarista. Por supuesto, hay quienes no comparten su opinión.

Paradójicamente, la crítica de Krauze encasilla a aquellos que no creemos en su modelo de izquierda, en personas que deseamos un redentor de izquierda que “salve al país”. Krauze cae en uno de los errores que algunos critican a López Obrador, cuando afirma (el tabasqueño) que quien no está con él es parte de la mafia del poder. En la lógica de Krauze, quienes no comparten su visión de izquierda, es porque buscan al “mesías” de izquierda (descarta otras opciones en las que muchos nos incluiríamos). Digo paradójico porque esa visión está basada en la dualidad amigo-enemigo, cuyo máximo exponente fue Carl Schmitt. Curiosamente es una doctrina empleada por el neoconservadurismo (la visión política del neoliberalismo). Es decir, la crítica de Krauze a la gente de izquierda que está fuera de su modelo de “izquierda moderna”, se encuentra basada en una doctrina conservadora, de derecha.

Krauze podrá dirigirse al lector de izquierda (dice que esa es su intención), pero eso dista mucho de que lo convenza y dista, aún más, de que su discurso, por el solo hecho de dirigirse a la izquierda, sea verdaderamente de izquierda.

En eso, su distancia respecto del Ingeniero Cárdenas es enorme. Por más que ambos se asuman de izquierda. A Cárdenas los hechos le respaldan; a Krauze le condenan.

miércoles, 5 de octubre de 2011

La Corte. Época de Vaivenes

El lunes pasado finalizó una de las etapas más importantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La novena época llegó a su fin y con ella el primer periodo en el que la Corte conoce de acciones de inconstitucionalidad, convirtiéndose en un verdadero legislador negativo, lo que ha resultado en una mayor emisión de criterios con tintes políticos.

Es, asimismo, la primera etapa de la Corte en el México democrático, en el que ya no existe el Partido (y sobre todo el Presidente fuerte) que le presione al órgano jurisdiccional más importante del país para dictar resoluciones en uno u otro sentido.

En esta etapa, la Corte ha tenido un comportamiento oscilatorio: pasa del dictado de criterios progresistas al dictado de sentencias demasiado conservadoras; del enfrentamiento con los poderes fácticos, a la sumisión a ellos.

Son cinco los Ministros que ocuparon la Presidencia de la Corte en esta novena época: Aguinaco, Góngora, Azuela, Ortiz Mayagoitia y Silva Meza. De ellos, probablemente, sólo la actuación de Azuela en sus reuniones privadas en Los Pinos con el Presidente Fox para avalar el desafuero de Andrés Manuel López Obrador es reprochable.

La Corte ha emitido opiniones importantes, como en el caso Aguas Blancas, en el caso Oaxaca, en la despenalización del aborto en el Distrito Federal o la inconstitucionalidad de la llamada Ley Televisa.

También ha cometido errores garrafales: la negación de protección constitucional a Jorge Castañeda (error reconocido en el caso de candidaturas independientes en Yucatán), la falta de sanción en el caso Lydia Cacho, la reconducción presupuestaria promovida por Vicente Fox, y la reciente decisión (o no decisión) sobre la constitucionalidad de las leyes que penalizan el aborto en Baja California.

¿A qué se debe este vaivén de la Corte? Son cuatro los puntos que consideraré:

1. Su dependencia presupuestaria. Si bien la Corte ha ganado autonomía jurisdiccional, el presupuesto sigue siendo el Talón de Aquilés para la Corte en particular y para el Poder Judicial en general. Mientras no exista un criterio fijo que determine el porcentaje del PIB que se destinará al Poder Judicial, el Ejecutivo y el Legislativo seguirán teniendo un arma de manipulación –que no de contrapeso- que afecta a la Suprema Corte.

2. La partidización en los nombramientos de los Ministros. Es por todos sabido que los Ministros responden a los intereses de determinados partidos y, sobre todo, de determinados personajes. ¿Es esto evitable? Con el modelo actual de nombramiento de Ministros no lo es y a ello no ayuda la displicencia del Senado al momento de elegir a los Ministros, porque el proceso no se hace como un examen, como una verdadera fijación de postura, sino sólo como una comparecencia de 15 ó 20 minutos donde poco se puede saber de las cualidades y defectos del candidato a Ministro.

3. La calidad de los Ministros. Hay un mundo de diferencia (sin ofender) entre Margarita Luna Ramos y Juventino Castro o entre Pando y Góngora Pimentel. Podemos estar de acuerdo o no con las posturas de algunos Ministros (por ejemplo, nadie duda de la capacidad de Ortiz Mayagoitia, aunque sorprendan sus criterios), pero en la Corte han encontrado cabida personajes de “medio pelo”, a los que la toga les queda grande y esto es consecuencia de lo comentado en el punto anterior (porque a quienes los ponen les conviene tener “soldados” –por no decir títeres) y también se presenta por la incapacidad de esos Ministros (de “medio pelo”) de darse cuenta que su poder comienza el día en que se sientan en el Pleno de la Corte. A partir de ahí, poco importa quiénes les votaron para llegar al máximo tribunal. A partir de ahí pueden ser independientes. Es su pequeñez lo que les hace seguir atados.

4. A la endogamia del Poder Judicial. La Corte es la cúspide en la jerarquía del Poder Judicial y la endogamia que se vive en ese Poder tiene su reflejo en la Corte, la cual también responde (y es espejo) de los grupos familiares que dominan el Poder Judicial. Es una Corte que oscila porque le pueden presionar; porque tiene un expediente secreto: los Ministros influyen en nombramientos de jueces, de magistrados, tienen protegidos, tienen intereses en determinados asuntos.

Entonces, ¿hacia dónde va la Corte? Parece ser que la Corte se convertirá en un instrumento político más de los Partidos, si los cuatro aspectos mencionados no cambian de manera sustancial.

El rumbo de la Corte lo definen los Ministros y sólo de ellos depende que ese rumbo sea de autonomía. Si deciden un camino diferente, la décima época (iniciada el pasado martes) parece destinada a ser una época de vaivenes. Una época en la que la Corte será poderosa frente al Ejecutivo, al Legislativo y los poderes fácticos, pero que ese poder terminará cuando la presión les asfixie. En ese momento podrán elegir entre ceder a la presión o dar un golpe de mazo, que simbolice el Estado constitucional de derecho del que es guardián.

Todo depende de la Corte.