lunes, 24 de enero de 2011

Fin de sexenio y un adjetivo pendiente

En el ajedrez se distinguen tres partes del juego: el inicio de la partida, el desarrollo y el final. Al Gobierno de Calderón lo único que le queda es tener un buen final (que los últimos 22 meses sean decentes). El principio lo perdió antes de empezar a jugar, el desarrollo ha sido peor y lo único a lo que puede aferrarse es a quedar “tablas” (empate), en la alusión al ajedrez.
Calderón ya no aspira a ganar -menos aún, a ganar arrasando-. Aspira al empate, a las tablas, que parecen no ser un mal resultado, después de como se ha puesto el juego. Para Calderón las tablas significarían que su mayor temor no se vea hecho realidad: el regreso del PRI a los Pinos. Si eso es bueno o malo para el país no pasa por el resultado que a Calderón le beneficie. Si el electorado lleva al PRI al poder en 2012, será una clara manifestación de repudio a 12 años panistas y, sobre todo, a una forma de entender la política. Eso, sin embargo, no significa alabar la forma de hacer política del PRI.
Si el PAN ha gobernado con Calderón (lo que no hizo con Fox), nos queda claro que su forma de hacer política no es convincente. Cierto es que, como lo sostiene Aguilar Camín, los hijos de puta son otros, son los delincuentes. A ellos (aunque no sólo a ellos, en lo que discrepo del escritor) se les debe achacar las muertes que son la cifra más aterradora del gobierno calderonista. Pero, en los mismos términos, si los hijos de puta son los otros -que nadie lo duda- Calderón y su séquito ¿quiénes o qué son? ¿Cuál es el calificativo que habrá que endilgarle a los gobiernos panistas de los últimos 10 años (y contando)?
Algunos apuntes para encontrar el calificativo:
Confundieron un “catarro” con una “pulmonía”. Una crisis, ciertamente no por ellos generada, ha tenido consecuencias devastadoras en el país y no hay visos de recuperación. En un inicio nos dijeron que era una cosa que una aspirina solucionaría, pero es la hora en que no hallamos cómo sacara al enfermo de terapia intensiva.
Dejaron ir libre al capo más buscado del mundo. En la basura se les escapó “el chapo” y ahora lo buscan y movilizan policías, ejército y marina para encontrarlo (aunque, muy en el fondo, no lo quieren encontrar)
Incendiaron el país, junto con López Obrador. Si López Obrador no ayudó a que el conflicto pos-electoral tuviera cauces más políticos, lo cierto es que Fox y Calderón ayudaron a ello. Ni uno ni otro son “la caperucita” del cuento. Pero a las instituciones López Obrador las mandó al diablo, justo en los tiempos en que Fox y Calderón las maniataban y las ninguneaban.
Reafirmaron el poder de la iglesia y su inmunidad política en México. En esta materia, el gran error y las gran crítica que se le hace a Carlos Salinas fue su concesión (impuesta por Wojtyla -Juan Pablo II) para que se reconociese las asociaciones religiosas. Siglo y medio de juarismo echado abajo, todo por una legitimación. Si Calderón la buscó a través de las armas, Salinas la buscó con la Iglesia. Y en esto último, Calderón y Fox han sido patéticos: han confundido su credo con el Estado y han permitido toda clase de barbaridades y excentricidades católicas (pederastia, intervención política de la iglesia, defensa de la ideología católica con las instituciones del Estado y expresiones denigrantes de parte de sus líderes).
Han acabado con las instituciones. Éste es el punto más delicado de todos. Las instituciones en México han visto mermada su importancia, su reconocimiento ganado a pulso y la forma en la que operan, en muchas de ellas, ha sido guiada por la voluntad del ejecutivo panista. El ejército, el IFE, el Poder Judicial, la CNDH, etc. Con ello, los gobiernos panistas han puesto en jaque la transición democrática.
La última: se parecen al PRI. Si el 2000 fue un año de esperanza, hoy podemos decir que no encontramos diferencia entre aquél régimen priísta y el panista, en cuanto a hacer política. Me refiero, sobre todo, al último sexenio del PRI. También en el panismo encontramos matanzas (si Acteal fue un lastre para Zedillo, la muerte de los indocumentados lo es para Calderón), corrupción (no es necesario poner ejemplos), los sindicatos petrolero y de maestros al servicio del Ejecutivo y el Estado al servicio de ellos, ineficiencia económica y política, una triste imagen de México en el exterior, derroche de dinero (nunca hubo tantos excedentes petroleros como en los gobiernos panistas, los que dilapidaron entre el Ejecutivo y los Gobernadores). Sí, los panistas se parecen mucho al PRI (el mismo que quiere “volver” en 2012 al lugar en el que en prácticas y política nunca se ha ido.

Tengo dos opciones de adjetivos. O les llamamos “idiotas” o les llamamos “listillos”. Lo primero, por su impericia. Lo segundo porque, tal vez, se tratan de pasar de “listos” y quieren dar impresión de lo que no son.

Si este balance es correcto, a Calderón le quedan muy pocas armas para afrontar dignamente el final del sexenio. En la analogía del ajedrez, podríamos decir que a Calderón le queda La Reina (Margarita, su principal activo), un par de alfiles (Cordero y Lujambio) y unos cuantos peones (esos siempre se encuentran) para afrontar el último tercio del sexenio, aunque el panorama no le pinta bien.

¿Al país le conviene que Calderón gane el juego -cuestión casi imposible- o que quede “tablas”? No hay respuesta. Lo que conviene al país es que el PRI salga de Los Pinos, más allá de qué partido político (incluido el PRI) gane las elecciones de 2012. Porque el régimen ha cambiado de nombre, pero sigue operando en la oscuridad de la consciencia calderonista. Sigue operando en un régimen que se pasa de idiota o que se pasa de listo.


TIEMPO EXTRA
LIBRO. “Algo va mal” es una recolección de pensamientos de Tony Judt (Taurus, Madrid: 2010). Una defensa de la socialdemocracia, con una crítica a la derecha -sobre todo por la privatización de muchos sectores) y a la izquierda (ante su falta de programa, segun Judt). Una obra interesante, porque hace un recorrido de la política mundial, después de las Guerras Mundiales y precisa los errores que en materia económica han hecho la izquierda y la derecha, y con una visión del Estado como actor principal -que rescatará su papel, según el autor, después de la crisis económica que padecemos desde 2008. Interesante.

lunes, 17 de enero de 2011

Peña Nieto: la confusión de los poderes

Es un lugar común decir que Enrique Peña Nieto, el futuro candidato del PRI a la Presidencia de la República, es un producto de la mercadotecnia televisiva y de las revistas del corazón. No por ser un tópico, deja de ser cierto.

Peña Nieto es un producto de las televisoras a partir de su llegada al gobierno del Estado de México, uno de los Estados más importantes del país.

Que sea el aspirante favorito de las televisoras no debería sorprender: Sarkozy era favorito de determinados medios de comunicación franceses (los más importantes), aunque ahora le muestren una animadversión inusitada. En sus últimos días de campaña, Obama era ensalzado por casi todos los medios de comunicación estadounidenses, aunque hoy el país esté dividido entre los radicales (¿xenofóbicos?) y los mesurados.

El problema es que Peña Nieto es no sólo el favorito, sino que, mediante una estrategia bien cuidada, las principales televisoras, las revistas del corazón de las que son propietarias, las plumas pagadas por Televisa y TvAzteca y los periódicos que le siguen, han conseguido posicionar de manera exitosa al aspirante mexiquense y buscarán hacerle Presidente a base de spots, comerciales, entrevistas, etc.

Un momento clave fue la muerte de la esposa de Peña Nieto y la relación que surgió entre el político y la actriz Angélica Rivera, mejor conocida como “La Gaviota”. Para quien argumente que nada de malo tiene que un político se una a una actriz, la razón le asiste, salvo por el hecho de que la relación misma es siniestra. Sólo algún bien-intencionado puede afirmar que Televisa (el emporio de telecomunicaciones más importante de México y Latinoamérica) no está detrás (avalando o impulsando) una relación mediática que le dejará muchos beneficios.

¿La prueba? Su despiadado apoyo a Peña nieto (es burda la forma en la que realizan un fraude a la ley, entrevistando a Peña Nieto en cualquier programa -sobre todo “revistas del corazón”-, dado que no puede promocionar su imagen personal), que se ve apuntalado con su relación con una de las actrices principales de la televisora. Detrás de todo hay dinero y beneficios.

¿A qué creo que se compromete el hoy Gobernador?

  1. Al menos a mantener el statu quo. Las televisoras no quieren que nadie les toque el negocio. Una tercera o una cuarta cadena de televisión abierta es impensable (Pregunta: ¿Por qué en México hay menos cadenas de televisión abierta que en países como España, Francia o Alemania, donde hay un número de televidentes similar a los que hay en México?
  2. A beneficiar a las televisoras para expandirse y competir con Carlos Slim en el mercado de la telefonía (por el ansiado triple o cuádruple play).
  3. A impulsar reformas que le permitan a los políticos realizar gastos para promocionar su imagen. (El presupuesto que se destinó a este rubro en los años anteriores a la Reforma Electoral de 2007 tuvo beneficiarios claros: las televisoras (más del 80% de ese presupuesto -estamos hablando de miles de millones de pesos)
  4. A compartir el poder. Emilio Azcárraga Jean, el Presidente de Grupo Televisa, hijo de “El Tigre”, es un joven que, por desgracia, tiene impulsos autoritarios. La forma en la que ha hecho política -sobre todo en los últimos 8 años- recuerda las viejas prácticas del PRIato, el régimen de 70 años que gobernó el país. Y tiene el aliento puesto en la silla principal, no para ocuparla, sino para mandar sobre el que se siente en ella.


Este último punto es el más preocupante. Los demás rubros son evitables a través de los órganos de los poderes legislativo y judicial, pero la partición del poder para que también las televisoras decidan y manden es preocupante. La llegada de Peña Nieto no me parece adecuada, no porque sea un producto de las televisoras (eso no hace sino refrendar que en México la política es videopolítica, y la democracia una teledemocracia), sino porque creo que los asuntos importantes del país los debe decidir el Presidente y debe tomar en cuenta a todos los actores económicos y sociales, no sólo a los presidentes de las televisoras.

Lo que significaría un retroceso es que Peña Nieto comparta el poder, porque, entonces, habrá una confusión de poderes: el de las telecomunicaciones y el político. Una versión bananera de Silvio Berlusconi, en donde el poder económico prima sobre el político ciegamente, con una ausencia de barreras preocupante.

Que Peña Nieto sea un producto de las televisoras tendrá su lado entretenido para mucha gente. El fin por el cual lo crean las televisoras (especialmente Televisa) es lo que debe preocuparnos.

“El hijo del Tigre” juega a gobernar este país. Peña Nieto es su soldado.



Apunte final

La respuesta viene de parte de Carlos Slim: apoyará al candidato que salga mejor posicionado del PAN (Lujambio o Cordero) o del PRD (Ebrard o De la Fuente) ¿Eso soluciona el problema? Me temo que no. Pero puede ser un contrapeso importante.


TIEMPO EXTRA

Libro: Mi sugerencia este semana es Tokio Blues. Norwegian Wood de Haruki Murakami (Tusquets editores, 2007), un libro editado hace algunos años, pero que no deja de ser actual. Una historia donde la confusión, la juventud, el amor y el precio de la madurez se confunden en caminos de distintas personas, dando lugar a una historia escrita de manera magistral, con Norwegian Wood de The Beatles en la mente del lector.

lunes, 10 de enero de 2011

México y el niti

En México es decepcionante que tengamos instituciones de países democráticos, pero no somos ese país democrático que todos esperamos. Somos el país que en el año 2000 pareció haber dado un salto cualitativo, cuando el mal estaba simbolizado por un partido que gobernó 70 años. El partido del mal, el PRI, ha resultado no ser el dragón que había que matar para dar el salto democrático. Lo que ha quedado claro es que una cosa es la democracia electoral y otra la democracia política e incluso la democracia como estilo de vida (de acuerdo a una buena parte de la doctrina americana)


Así, habrá que admitir que las instituciones no es que hayan fallado en nuestro país, sino que son insuficientes. Y lo son porque pensamos que un IFE fuerte, un Tribunal Electoral designado entre todos, un Poder Judicial más independiente que durante el priato, por mencionar algunas instituciones, se manejaban solas o son independientes de todos.


El problema es que nos falta aceptar que la población tiene un lugar importante en la conformación de un país más democrático y más justo. Se nos olvida que el verdadero canon para saber si estamos o no en un país democrático y justo, tiene que ver con el estilo y calidad de vida de los que habitamos este país. Que las elecciones sólo dan ganadores y perdedores, pero que son sólo un eslabón en la cadena de mejora de justicia y democracia en el país.


Por eso es que el PRI tiene posibilidades de regresar al Poder Ejecutivo Federal en las próximas elecciones presidenciales y, si ello ocurre, eso no significa un retroceso democrático, porque quien afirme ello tendrá que sostener que el hecho de que el partido tricolor haya perdido las elecciones en el año 2000 tuvo como consecuencia la llegada de la democracia a México, lo que dista mucho de la realidad que vivimos a diez años de ese suceso.


En México sigue habiendo más pobres que ricos, la franja de clase media es ínfima, la calidad de vida es vergonzosa y la clase política sigue discutiendo las mismas reformas que desde hace años todos sabemos que se tienen que hacer. La corrupción permea a la mayoría de la población, es alentada no sólo por autoridades, sino por cualquiera que pretende jugar fuera de las reglas para sacar un provecho ilegal.


Amartya Sen, en su libro “La idea de la justicia” hace una interesante introducción sobre la diferencia entre el niti y el nyamaya, dos conceptos antiguos en la filosofía hindú que refieren a la justicia. La diferencia entre uno y otro es que primero de ellos es un concepto que toma en cuenta la corrección del comportamiento humano. El segundo hace referencia a la corrección de las instituciones que organizan el Estado. En México, con más o menos aciertos, hemos creados o podemos crear las instituciones correctas. Mucho más dudoso es que la población sea consciente que nuestro comportamiento está lejos de ser el correcto. Por el momento seguimos lejos del niti, lo que indica un alejamiento de la justicia no institucional (no electoral), una justicia de tipo social, una justicia que signifique de un trato humano para todos.


En síntesis, estamos lejos de la democracia, lejos del niti.


miércoles, 5 de enero de 2011

LA INDIFERENCIA DE LA INMEDIATEZ

LA INDIFERENCIA DE LA INMEDIATEZ



Nos encontramos en una sociedad en la que la inmediatez se ha vuelto importante, vital, suprema.

Los medios de comunicación se baten en batallan banales por dar primicias.

Los usuarios de redes sociales luchan inconscientemente por dar noticias, opiniones, reacciones, ante cualquier evento social, cultural o político.

Esta parte de la inmediatez tiene que ver con la transparencia en la información. Mientras más rápido se conoce un evento, una situación, menos riesgo de corrupción, manipulación o desvío de la información, lo cual, en México, fue una constante que tuvo su punto culminante en la elección presidencial de 1988.

Pero esa inmediatez tiene también un lado negativo. Precisamente el hecho de ser inmediata tiene como trasfondo la falta de reflexión. Al final, la información que conocemos suele ser imprecisa (al menos en alguna parte) y para ello no hace falta más que leer tres o cuatro periódicos y se podrá apreciar que la inmediatez ha llevado a la imprecisión como constante.

También esa inmediatez se refleja en los planes de gobierno y las políticas públicas. Estamos en presencia de la inmediatez como el objetivo final de la política. A pocos políticos les importa el país, la ciudad o el barrio que tendremos o que queremos tener en diez años. No son Estadistas.

Pero también esa inmediatez afecta nuestro modus vivendi fuera de la política. Estamos imbuidos en el día a día, sin precisar qué haremos o qué queremos en los próximos meses, años, décadas. Es la inmediatez de la sociedad, de las relaciones interpersonales. Cierto es que la imprevisibilidad de los acontecimientos afecta nuestro planes, nuestras acciones, pero también resulta necesario precisar que sin un plan de vida, político, social, más allá del día de hoy, de la noticia de mañana o de la reacción inmediata a nuestras acciones, nuestro sentido de vida, de sociedad, nuestra superación en todos los ámbitos queda de lado.


¿Cómo cambiar esta dinámica? Será difícil, pero tendremos que aprender que, por ejemplo, las nuevas tecnologías no están peleadas con nuestra capacidad de reflexión. El hecho de contar con Twitter o Facebook permite mayor comunicación, pero debemos pasar de la vorágine de la inmediatez a la vorágine de la interacción, lo que implica dos partes -las que interactúan-, lo que implica un cambio. Pasar de yo (egoísta) en el que se mueve la sociedad, al nosotros (inclusivo) que traería mucho más beneficios.


En materia política, esto significa dejar de pensar en cómo me beneficia cierta acción, sino en cómo nos beneficia la misma acción.


En esencia, podemos sostener que la inmediatez (en su lado negativo) no es sino un reflejo del sujeto como ente solitario, que piensa en lo que le beneficia, lo que opina, lo que se dirá de él, lo que siente.


Pasar a una etapa distinta, precisa de pensar en el ¨nosotros¨ como nuevo ente social, político y de vida. No se trata de dejar de lado la inmediatez. Se trata de dejar de lado la indiferencia de la inmediatez.