
El libro de Mark Haddon, El curioso incidente del perro a medianoche (The curious case of the dog in the night-time), versa sobre los obstáculos, incidentes y descubrimientos del protagonista del libro, un niño especial, al realizar una indagatoria sobre la muerte de un perro, porque para él es importante saber quién es el autor de la muerte del animal, ya que es tan criminal como quien mata a una persona. Una cuestión que a algunos les parecerá desproporcionada, pero que no lo es si pensamos que a los niños (como es el caso de Christopher, el protagonista del libro) se les enseña todos los días que hay que ser respetuoso con los demás y con el medio ambiente. En la lógica de un niño como Christopher mentir es malo, no importando si la mentira es grande o pequeña. Matar es malo, siempre que no se haga en defensa propia, no importando el ser a quien se mata.
Esto me lleva a la reflexión sobre la superioridad del hombre respecto del resto de los animales. Hay quien sostiene que los animales tienen derechos. Mi perspectiva, desde un concepto restringido de derecho, es que ello no es cierto. En todo caso, lo que hay que replantear es que nosotros no tenemos derechos sobre el resto de los animales que habitan el planeta, salvo para satisfacer nuestras necesidades básicas. En otras palabras: no somos superiores, sino diferentes.
Lo anterior se ve aderezado con la reciente decisión de la legislatura de Cataluña de prohibir las corridas de toros. El argumento, más o menos resumido, es que el animal sufre durante la celebración de la corrida, pues es sacrificado de una manera lenta. Aducen los anti-taurinos un derecho de los animales –en el caso específico del toro- a no sufrir, a no recibir “tortura”.
En principio, hay que decir que la ciencia ha probado a la fecha que los animales sienten. Por ello si el argumento en el que se basaron los anti-taurinos catalanes es correcto, entonces las corridas no parecen ser defendibles como espectáculo. Y es en esta última cuestión donde creo que radica el mayor argumento que debe ponerse atención: que las corridas de toros son precisamente eso, un espectáculo, al igual que, por ejemplo, las peleas de perros (en las que normalmente se apuesta) que están prohibidas en casi todo el mundo.
Así, si partimos de que el hombre puede y debe (para su subsistencia) aprovecharse del medio ambiente, satisfacer sus necesidades y sobrevivir, ello no le da derecho a aprovecharse indiscriminadamente del resto de animales del planeta.
A lo anterior hay que añadir un par de cosas: una en el sentido de que los medios para aprovecharse de los animales deben ser lo menos doloroso posibles para el animal y, dos, que tampoco puede aprovecharse de los animales (y aquí añadiremos, del medio ambiente) en perjuicio de los demás.
Lo primero tiene justificación en el hecho de que si los animales sienten, no parece lógico “torturarlos” o hacer larga su agonía. Si van a sufrir, que sea el menor tiempo posible.
El hecho de que se saque provecho de los animales (y del medio ambiente), sin causar perjuicio a los demás, encuentra justificación en la visión del medio ambiente como un bien público global, que no es otra cosa más que entender que yo tengo derecho a usar el medio ambiente, pero con el límite de que el mal uso del mismo puede afectar a todo el mundo, porque todos y cualquiera es “propietario” o tiene derecho a usar ese mismo bien.
Ante ello, aunque no soy partidario de decir que los animales tienen derechos, pues entiendo que el concepto derecho ha sido ideado por el hombre para defender los intereses de otros hombres, sí creo que es necesario el reconocimiento de la No Superioridad del hombre respecto del resto de animales del orbe. El hombre tiene un derecho al medio ambiente. Un derecho limitado por el derecho de los demás al mismo medio ambiente y limitado por nuestro propio raciocinio: si entendemos que otro ser vivo sufre, parecería sensato no alegrarnos de ello, si es que ese sufrimiento no tiene como consecuencia nuestra subsistencia. Se trata de aceptar que no somos superiores, sino diferentes respecto del resto de animales.
Así, Christopher tendrá razón de buscar al asesino despiadado del perro y nosotros la posibilidad de reafirmar nuestro lado humano, nuestra bondad.
TIEMPO EXTRA
LIBRO: Mark Haddon escribió El curioso incidente del perro a medianoche (Barcelona: Quinteto, 2007) –mucho mejor en su versión en inglés, donde no se pierde parte del encanto del libro -que siempre las traducciones dejan de lado- (The curious incident of the dog in the night-time, London: Vintage, 2004)- que es un libro para reflexionar en múltiples aspectos: la lógica implacable de Christopher, su protagonista, la existencia de un mundo diverso en nuestra mente, la incapacidad de la rutina para por si sola para crear lazos irrompibles, etc. Otro aspecto recuerda a Platón, que equiparaba verdad con justicia. Para el protagonista del libro, la verdad tiene un valor incalculable, tal vez el mayor de todos. En algo debiéramos tomar en cuenta a Christopher.
WEB: Para quienes somos seguidores de Joaquín Sabina, existe una página en la que se concentran detalles de gran calidad del Flaco de Úbeda. La sección de frases es para enmarcar. http://www.joaquinsabina.net/
Esto me lleva a la reflexión sobre la superioridad del hombre respecto del resto de los animales. Hay quien sostiene que los animales tienen derechos. Mi perspectiva, desde un concepto restringido de derecho, es que ello no es cierto. En todo caso, lo que hay que replantear es que nosotros no tenemos derechos sobre el resto de los animales que habitan el planeta, salvo para satisfacer nuestras necesidades básicas. En otras palabras: no somos superiores, sino diferentes.
Lo anterior se ve aderezado con la reciente decisión de la legislatura de Cataluña de prohibir las corridas de toros. El argumento, más o menos resumido, es que el animal sufre durante la celebración de la corrida, pues es sacrificado de una manera lenta. Aducen los anti-taurinos un derecho de los animales –en el caso específico del toro- a no sufrir, a no recibir “tortura”.
En principio, hay que decir que la ciencia ha probado a la fecha que los animales sienten. Por ello si el argumento en el que se basaron los anti-taurinos catalanes es correcto, entonces las corridas no parecen ser defendibles como espectáculo. Y es en esta última cuestión donde creo que radica el mayor argumento que debe ponerse atención: que las corridas de toros son precisamente eso, un espectáculo, al igual que, por ejemplo, las peleas de perros (en las que normalmente se apuesta) que están prohibidas en casi todo el mundo.
Así, si partimos de que el hombre puede y debe (para su subsistencia) aprovecharse del medio ambiente, satisfacer sus necesidades y sobrevivir, ello no le da derecho a aprovecharse indiscriminadamente del resto de animales del planeta.
A lo anterior hay que añadir un par de cosas: una en el sentido de que los medios para aprovecharse de los animales deben ser lo menos doloroso posibles para el animal y, dos, que tampoco puede aprovecharse de los animales (y aquí añadiremos, del medio ambiente) en perjuicio de los demás.
Lo primero tiene justificación en el hecho de que si los animales sienten, no parece lógico “torturarlos” o hacer larga su agonía. Si van a sufrir, que sea el menor tiempo posible.
El hecho de que se saque provecho de los animales (y del medio ambiente), sin causar perjuicio a los demás, encuentra justificación en la visión del medio ambiente como un bien público global, que no es otra cosa más que entender que yo tengo derecho a usar el medio ambiente, pero con el límite de que el mal uso del mismo puede afectar a todo el mundo, porque todos y cualquiera es “propietario” o tiene derecho a usar ese mismo bien.
Ante ello, aunque no soy partidario de decir que los animales tienen derechos, pues entiendo que el concepto derecho ha sido ideado por el hombre para defender los intereses de otros hombres, sí creo que es necesario el reconocimiento de la No Superioridad del hombre respecto del resto de animales del orbe. El hombre tiene un derecho al medio ambiente. Un derecho limitado por el derecho de los demás al mismo medio ambiente y limitado por nuestro propio raciocinio: si entendemos que otro ser vivo sufre, parecería sensato no alegrarnos de ello, si es que ese sufrimiento no tiene como consecuencia nuestra subsistencia. Se trata de aceptar que no somos superiores, sino diferentes respecto del resto de animales.
Así, Christopher tendrá razón de buscar al asesino despiadado del perro y nosotros la posibilidad de reafirmar nuestro lado humano, nuestra bondad.
TIEMPO EXTRA
LIBRO: Mark Haddon escribió El curioso incidente del perro a medianoche (Barcelona: Quinteto, 2007) –mucho mejor en su versión en inglés, donde no se pierde parte del encanto del libro -que siempre las traducciones dejan de lado- (The curious incident of the dog in the night-time, London: Vintage, 2004)- que es un libro para reflexionar en múltiples aspectos: la lógica implacable de Christopher, su protagonista, la existencia de un mundo diverso en nuestra mente, la incapacidad de la rutina para por si sola para crear lazos irrompibles, etc. Otro aspecto recuerda a Platón, que equiparaba verdad con justicia. Para el protagonista del libro, la verdad tiene un valor incalculable, tal vez el mayor de todos. En algo debiéramos tomar en cuenta a Christopher.
WEB: Para quienes somos seguidores de Joaquín Sabina, existe una página en la que se concentran detalles de gran calidad del Flaco de Úbeda. La sección de frases es para enmarcar. http://www.joaquinsabina.net/


