¿DETERMINISMO?
Hay un tufo a desesperanza en la sociedad mexicana, que nos hace ver el futuro sombrío, sin lugar para cosas buenas y con la única esperanza de encontrar soluciones en cuestiones metafísicas, que poco ayudan a la realidad mexicana.
Creo que el país –y gran parte de la población- refleja su atraso en la manera determinista de pensar el ayer, el hoy y el mañana. Y ese determinismo, por desgracia, se ve reflejado en todos los aspectos: desde los personales, hasta lo político, lo social, lo cultural y un etcétera interminable. Un ejemplo: en un partido de fútbol, dos aficionados de los equipos que se enfrentaban, pedían a su Dios (que era el mismo), que su equipo ganara. Mi pregunta es: ¿A quién le hará caso su Dios? Acaso, ¿no será mejor atribuir méritos por victoria a los 11 que ganen o culpar a los 11 restantes de la derrota?
He oído infinidad de veces frases que van desde el determinismo astronómico (“Que el universo lo decida”), hasta argumentos religiosos (“Que sea lo que Dios quiera”), pasando por justificaciones geográficas (“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”) que no hacen sino querer compadecer al país y sus habitantes de su desgracia futura y dejar “en manos” de circunstancias externas su futuro.
Encierra ello un conformismo bárbaro y un miedo a la acción. Es mucho más fácil echar la culpa (hoy y mañana) al Universo, a los astros, a Dios o al tiempo de nuestra desgracia presente y nuestra (probable) mala fortuna futura. Tal vez es muy aventurado decirlo, pero el hecho de que una inmensa mayoría de la población se considere católica-cristiana, PUEDE que sea una causa.
Pues bien, habrá que cambiar el chip. De seguir por el camino andado, pocas serán las posibilidades de éxito como país y como personas. El atraso no es menor: son más de doscientos años. Precisamente a raíz de las revoluciones burguesas del siglo XVIII se cambió la percepción y se pasó de un determinismo teológico y monárquico a un voluntarismo del individuo. El centro de imputación pasó a ser el hombre, el individuo.
Isaiah Berlin, uno de los grandes filósofos del siglo XX, reinterpretando a Kant, hablaba que no se es libre, si no se elije. Y es precisamente lo que le pasa al pueblo mexicano: no elije. Y ya sabemos que habrá argumentos (muchos de ellos válidos) de que los medios de comunicación, las élites empresariales, políticas y de gobierno, poco margen dejan para que el ciudadano de a pie elija. Pero también es cierto que ese mismo ciudadano poco elije cuando puede elegir.
El problema no es menor: es cultural, es social. Vivir 70 años bajo un régimen en el que expresarse libremente era casi impensable, ha dejado una secuela no menor en la población mexicana. La gente se acostumbró a esa “normalidad” autoritaria y ella se refleja en toda su vida. (Esto no quiere decir que todos nuestros males sean culpa del PRI, pero alguna relación seguramente tiene)
¿Y entonces? ¿Qué hacer ante un escenario como éste? Parece ser que un cambio radical debe comenzar con pequeños pasos. Muy bien le vendría a este país que la gente comience a hacerse responsable de sus actos. No de los grandes actos, sino de los pequeños, de las responsabilidades personales, de las responsabilidades en el trabajo. Que si se pasa un "alto", esté dispuesto a pagar la multa en lugar de sobornar al policía. Que si quiere ser médico, estudie medicina, en lugar de comprar un título falso. Que piense que el futuro depende de ellos (incluso aquellos que creen en Dios)
Todo parece indicar que el cambio no pasa por lo político, sino por lo personal. Atreverse y pensar en cambiar. Este país y sus habitantes tendrán que quitarse el miedo a actuar. Y también asumir sus responsabilidades. Empecemos por las pequeñas; esas que harán grandes cambios, que esperemos poder presenciar.
Totalmente de acuerdo. JFAH
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