¿ALGUIEN QUIERE UN MEJOR PAÍS?
Este país necesita un cambio estructural, cultural, sociológico. Estamos imbuidos en una dinámica en la que nada pasa o en la que lo que pasa parece ser designio irrevocable. Dos extremos en los que la voluntad de millones se ve diluirse en la conformidad o en la resignación.
Pero la primera reflexión debe hacernos considerar si en verdad queremos un mejor país y en todo caso para qué lo queremos.
En apariencia es algo que se da por hecho, pero cuando se piensa, por ejemplo, en la subida de impuestos decretada por el Congreso y avalado por el Ejecutivo, en las injusticias sin responsables que son tan rutinarias en México y en la gente votando una vez y otra también por los partidos que hacen daño a su propio bolsillo y a sus derechos, entonces los hechos reflejan una cuestión que pone en entredicho esa verdadera convicción de querer un país mejor.
De los políticos, de muchos empresarios y mucha gente de a pie no tengo duda alguna que no quieren un mejor país o que si dicen quererlo, sus aspiraciones son sólo palabras sin respaldo fáctico.
Pero hay otra gran parte de la población que estoy consciente que sólo duerme un sueño del que despertar será complicado, pero que tan o más difícil será reaccionar si el tiempo sigue pasando.
La corrupción, la falta de orden en el país y en nuestra sociedad, el respeto a las reglas y el pensar en los demás son cosas que no cambiarán con una ley que apruebe el Congreso o un Decreto del Ejecutivo o con un bono de productividad que entreguen los empresarios. Muchos de nuestros grandes problemas no pasan por lo que los políticos hagan o dejen de hacer, afortunadamente. Pasan por cuestiones de valores, culturales, morales.
El que un padre arroje basura desde su automóvil y ello sea presenciado por sus hijos no es sino síntoma de que en algo estamos fallando. Nosotros, muchos, crecimos bajo un régimen en el que opinar era imposible, en el que el valor supremo era la obediencia y en el que la creatividad y chispa natural de nuestra raza se perdía en tratar de salir “en la foto”, parafraseando a Fidel Velázquez. Hoy no estamos en ese régimen, pero seguimos haciendo cosas que atentan contra nosotros, contra nuestro entorno en el que vivimos y el que deberíamos en principio respetar.
Luego entonces, verdaderamente hay que analizar si nuestros actos están guiados por ese afán de querer un mejor país –en verdad, esto pasa desde cuestiones tan básicas como tirar la basura en su lugar.
Políticamente, habrá que pensar si seguir votando al partido de siempre es una buena opción para que este país prospere. Las cifras y hechos son desalentadores: en las encuestas el PRI sigue teniendo un enorme voto duro, el PAN es aún la segunda fuerza electoral después de casi una década de traspiés continuos, el PRD sigue gobernando la Ciudad de México a pesar de la corrupción con gentes como Bejarano y compañía y el Verde Ecologista sigue siendo el partido de familia que es subsidiado por todos nosotros.
¿Queremos en verdad un mejor país?
No tengo la menor duda de que la mayoría de población sí lo quiere. El punto es saber cuándo queremos tener ese país, cómo queremos lograrlo y qué estamos dispuestos a aportar. El inmovilismo y la resignación, encuadrados en el “no hay nada qué hacer” o en el “aquí nos tocó vivir” son el síntoma de una sociedad harta, pero pueden ser también de una sociedad conformista.
Cierto, el despertar de la pesadilla en la que vivimos será doloroso. Sólo que o despertamos o nos resignamos. Cuánto más tiempo pase, más doloroso será por la desigualdad que come a grandes bocados la dignidad de este país. El despertar, en parte, está en nuestras manos. Está en el padre no arrojar la basura desde su automóvil y tirarla en el lugar correcto. No esperemos que los políticos o los grandes beneficiados con el sistema actual sean los primeros en dar un paso para vivir mejor. Hay miles de cosas que somos nosotros –y qué bueno- quienes podemos hacerlas. Las haremos cuando despertemos de ese letargo. Ojalá que no sea demasiado tarde.
TIEMPO EXTRA
LIBRO: CAÍN de José Saramago (Madrid: Alfaguara, 2009) es una obra polémica, en la que el escritor portugués vuelve a la crítica de aspectos cristianos. Escrita magistralmente, se debe leer con el gusto de saber que la crítica tiene un gran sustento y con la precaución con que siempre se deben leer este tipo de textos. La misma precaución con la que habría que leer la biblia.
WEB: La cadena CNN tiene en su portal noticias interesantes, pero sobre todo enormes archivos en los que se pueden encontrar noticias y reportajes antiguos, de indudable interés. www.cnn.com y www.cnnenespanol.com
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