viernes, 9 de abril de 2010

GARZÓN EN EL BANQUILLO


GARZÓN EN EL BANQUILLO
Sin temor a equivocarme, puedo sostener que una buena parte de los abogados que iniciamos nuestros estudios en los años noventa tenemos como paradigma de jurista al juez español Baltasar Garzón. Algunos lo llamaríamos, incluso, nuestro ídolo.
Y no es para menos. En el derecho hay un antes y un después de Garzón. El caso Pinochet le encumbró mundialmente y llegará el momento en que su lucha contra ETA se le reconozca en España.
Garzón no es profeta en su tierra. Se le acusa de soberbia, de afán de querer ser estrella y acaparar los reflectores. La percepción en España es distinta a la internacional. Mi opinión es que Garzón es ya una estrella y que los reflectores le siguen y le seguirán de por vida. Creo que no se ha ponderado en su justa dimensión su aportación a una sociedad más justa. La prudencia que tiene y debe tener como juez se ha malinterpretado. Su silencio se confunde con soberbia; su prudencia con desinterés.
Baltasar Garzón cambió el derecho y la sociedad porque intentó –con éxito relativo- enjuiciar a un intocable que había logrado que se produjeran leyes que le otorgaban impunidad. Augusto José Ramón Pinochet era el personaje y Garzón le desafió. Lo enfrentó y sólo la ayuda de “la Tatcher” y la muerte impidieron que el general retirado fuese a la cárcel. Aun así, el veredicto público se expresó en la persecución del juez español. Garzón se había enfrentado a lo impensable con el único elemento que tiene en su poder: la ley. Su persecución fue la voz de muchos, ahogada durante años en la garganta de la ignominia.
En España se le juzga estos días por una causa que inició contra el franquismo. Se le acusa de “iniciarla” y dictar resoluciones “a sabiendas” de su incompetencia y de que no existían personas a quienes perseguir, pues habían muerto.
Quienes hemos seguido el caso discrepamos: el Juez Garzón pidió pruebas de que Franco había muerto (su acta de defunción le fue remitida por la autoridad del Registro Civil español) y en el inter de estas acciones Garzón realizó una investigación histórica. El 18 de noviembre de 2008 dicta un auto memorable en el que, después de haber tenido pruebas de que Franco había muerto, se inhibe de seguir conociendo de la causa que había iniciado. Dicho auto es histórico porque detalla las atrocidades cometidas por el franquismo, entre las que resalta el robo de identidad a miles de niños que fueron sustraídos por la dictadura (de manera sistemática) y a quienes se les cambió de nombre y se les “robó” su identidad. Personas que hoy en día viven y que merecen -lo dice el mismo Garzón- saber quiénes son, quiénes fueron sus padres, y cómo un régimen les cambió la vida de un plumazo. Ello es sólo un botón de muestra de que la causa tiene/tenía razón de ser y de que hay hechos por investigar. Son delitos que se actualizan día con día, momento a momento. Y ni qué decir del reconocimiento de cadáveres de hombres y mujeres cuyos familiares exigen sean identificados para saber “dónde están” y/o “si están”. Es una discusión no banal y muy importante.
Los ofendidos que hoy sientan a Garzón en el banquillo de los acusados son los seguidores de Franco. Son los que se sienten ofendidos porque un juez abre la caja de pandora de un pueblo cuyos políticos quisieron olvidar el pasado y mirar hacia el futuro, pero que se olvidaron que había madres, hijos, nietos (Zapatero incluido) que quisieran saber si su familiar murió, dónde se encuentran sus restos y –en el caso de los niños a los que el régimen cambió la identidad- cuál es su verdadera identidad. Gente que busca justicia y sólo encuentra pactos políticos.
Obstáculos contra la verdad habrá siempre. Garzón lo ha encontrado en la derecha y la extrema-derecha española, aquella que sigue añorando los tiempos del dictador. El único consuelo para él es que en la Historia tendrá un lugar al lado de grandes jueces (Coke, Marshall, Warren, Alexy, Falcone –el ídolo de Garzón)
La Audiencia Nacional española seguramente le suspenderá y probablemente nunca más vuelva a juzgar un caso. Es una lástima, porque el mundo está urgido de paladines contra la impunidad y Garzón es uno de ellos. Baltasar Garzón acusado por sus pares; la Historia le juzgará.

TIEMPO EXTRA
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