
¿TIEMPO DE NO PAGAR?
En el mes de abril las personas físicas en México deben realizar su declaración anual del ejercicio fiscal 2010. En otras palabras, deben decirle a la Secretaría de Hacienda los ingresos y gastos que tuvieron durante el año previo y en su caso cómo pagaron los impuestos que les correspondían, además de realizar el pago de los impuestos que conforme a dicha declaración anual les corresponde.
He discutido con diversos amigos sobre la conveniencia de pagar impuestos en el país. Pienso que no pagar es una de las formas en las que los mexicanos podemos decirle al Estado mexicano que estamos en desacuerdo. Las encuestas reflejan que la mayoría de la población en este país estaría dispuesta a pagar más impuestos si ello se reflejara en mejores servicios brindados por el Gobierno –esa mayoría incluye a los que no pagan.
Y el estar dispuestos a pagar más impuestos no es cosa menor, cuando se tiene en cuenta que las tasas de impuestos tampoco es que sean bajas en el país. A un trabajador se le retiene aproximadamente el 30% de su salario por concepto de impuestos, un patrón paga ese mismo porcentaje por impuesto sobre la renta (ISR), aunado de un estúpido IETU que grava exactamente lo mismo que el ISR, validado como constitucional por una Corte igual de estúpida, que no quiso ver lo que para todos es claro: que el IETU y el ISR realizan un doble gravamen respecto de un mismo concepto.
Y la negativa a pagar impuestos tampoco es solo un capricho si se toma en cuenta que desde el año 2000 se vive una bonanza en ingresos petroleros, los cuales han sido distribuidos entre los Gobiernos de los Estados, aunque ello no se haya visto reflejado en mejoras en los servicios públicos y lo único para lo que ha servido es para engrosar las arcas de los señores feudales en que están convertidos los gobernadores.
Los ejemplos no paran: el mayor banco mexicano fue vendido a un importante grupo financiero en Estados Unidos, sin que se cobrara un solo peso por concepto de impuestos. Los ingresos por las remesas que envían mexicanos que viven en Estados Unidos a sus familiares termina siendo el segundo ingreso más importante del Estado, el cual sirve, principalmente, para la subsistencia de las familias receptoras –lo que no habla sino de la incapacidad del Estado mexicano para generar riqueza.
Todo ello se ve coronado con un innegable sub-ejercicio por parte de la mayoría de las entidades federativas en programas de combate a la pobreza.
Ante este escenario, la duda es lógica: ¿Por qué darle dinero a un Estado que no sabemos cómo lo gasta (porque no se ve reflejado en las mejoras prometidas en todas las campañas)? Y, aún más ¿por qué darle dinero a un Estado que tampoco sabe cómo gastarlo (el sub-ejercicio no demuestra más que ignorancia e incapacidad?
Alguien dirá que no es la salida, pero puede ser una llamada de atención.
Seguramente no soy el único con la misma visión. Puede ser que muchos de los 16 millones de contribuyentes que sostenemos este país piensen igual, pues, a pesar de que 50 millones son los que trabajan y deberían contribuir al “gasto público” –como lo dicta la constitución-, la Secretaría de Hacienda parece no ver a los restantes 34 millones y tampoco parece enterarse de que grandes empresarios son beneficiados con la devolución de impuestos.
Existe un terrorismo fiscal de parte del SAT y de la Secretaría de Hacienda contra los de siempre, los que pagamos. Tal vez dejar de pagar sea una solución. Así, de seguir la lógica del SAT, estaremos seguros que no nos molestarán.
En el mes de abril las personas físicas en México deben realizar su declaración anual del ejercicio fiscal 2010. En otras palabras, deben decirle a la Secretaría de Hacienda los ingresos y gastos que tuvieron durante el año previo y en su caso cómo pagaron los impuestos que les correspondían, además de realizar el pago de los impuestos que conforme a dicha declaración anual les corresponde.
He discutido con diversos amigos sobre la conveniencia de pagar impuestos en el país. Pienso que no pagar es una de las formas en las que los mexicanos podemos decirle al Estado mexicano que estamos en desacuerdo. Las encuestas reflejan que la mayoría de la población en este país estaría dispuesta a pagar más impuestos si ello se reflejara en mejores servicios brindados por el Gobierno –esa mayoría incluye a los que no pagan.
Y el estar dispuestos a pagar más impuestos no es cosa menor, cuando se tiene en cuenta que las tasas de impuestos tampoco es que sean bajas en el país. A un trabajador se le retiene aproximadamente el 30% de su salario por concepto de impuestos, un patrón paga ese mismo porcentaje por impuesto sobre la renta (ISR), aunado de un estúpido IETU que grava exactamente lo mismo que el ISR, validado como constitucional por una Corte igual de estúpida, que no quiso ver lo que para todos es claro: que el IETU y el ISR realizan un doble gravamen respecto de un mismo concepto.
Y la negativa a pagar impuestos tampoco es solo un capricho si se toma en cuenta que desde el año 2000 se vive una bonanza en ingresos petroleros, los cuales han sido distribuidos entre los Gobiernos de los Estados, aunque ello no se haya visto reflejado en mejoras en los servicios públicos y lo único para lo que ha servido es para engrosar las arcas de los señores feudales en que están convertidos los gobernadores.
Los ejemplos no paran: el mayor banco mexicano fue vendido a un importante grupo financiero en Estados Unidos, sin que se cobrara un solo peso por concepto de impuestos. Los ingresos por las remesas que envían mexicanos que viven en Estados Unidos a sus familiares termina siendo el segundo ingreso más importante del Estado, el cual sirve, principalmente, para la subsistencia de las familias receptoras –lo que no habla sino de la incapacidad del Estado mexicano para generar riqueza.
Todo ello se ve coronado con un innegable sub-ejercicio por parte de la mayoría de las entidades federativas en programas de combate a la pobreza.
Ante este escenario, la duda es lógica: ¿Por qué darle dinero a un Estado que no sabemos cómo lo gasta (porque no se ve reflejado en las mejoras prometidas en todas las campañas)? Y, aún más ¿por qué darle dinero a un Estado que tampoco sabe cómo gastarlo (el sub-ejercicio no demuestra más que ignorancia e incapacidad?
Alguien dirá que no es la salida, pero puede ser una llamada de atención.
Seguramente no soy el único con la misma visión. Puede ser que muchos de los 16 millones de contribuyentes que sostenemos este país piensen igual, pues, a pesar de que 50 millones son los que trabajan y deberían contribuir al “gasto público” –como lo dicta la constitución-, la Secretaría de Hacienda parece no ver a los restantes 34 millones y tampoco parece enterarse de que grandes empresarios son beneficiados con la devolución de impuestos.
Existe un terrorismo fiscal de parte del SAT y de la Secretaría de Hacienda contra los de siempre, los que pagamos. Tal vez dejar de pagar sea una solución. Así, de seguir la lógica del SAT, estaremos seguros que no nos molestarán.
Efectivamente es tan cierto que cada dia que pasa somos mas personas que ya llegamos a un hartazgo polìtico. Mucha de la gente nacimos con la idea de que "no hay dinero que alcance" , y efectivamente ya no alcanza y menos con tanta carencia politica, social y cultural que existe en nuestro paìs sinceramente no se hasta que punto van a llegar nuestros "lìderes" para seguir inchandose el bolsillo y definitivamente una de las maneras de decir basta es ya no pagar mas por tantas aberraciones ... en fin.. Buen punto de vista ojalà los chavos puedan ver èstos blogs que a fin de cuentas ellos son los que le estan partiendo el queso al paìs por tanta ceguera y tanta basura que existe en los medios masivos.
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