
¿Es Dios machista?
La violencia de género no parece ser una cuestión focalizada en algunos países o regiones. En la última semana el caso de Sakineh Ashtianí -a quien se le condenó a morir dilapidada por una supuesta infidelidad- ha indignado a la comunidad internacional. Más allá de la evidente razón que existe al indicar este caso como una intolerancia inaceptable, no hay que olvidar que los casos de violencia de género que se dan en el mundo occidental son tantos -y tan poco conocidos- como en el mundo islámico.
En El País, el abogado de Sakineh Ashtianí afirma que el Corán no recoge la lapidación. Pero yo, a su vez, preguntaría: ¿qué papel le deja a la mujer el texto sagrado del islamismo? Y ¿qué hay de la Biblia? ¿Es el papel de la mujer en ambos textos un papel de igualdad respecto del hombre? La cuestión es importante porque el machismo es un primer paso hacia la violencia de género.
En el texto islámico, la mayor discriminación viene dada por el propio profeta Mahoma, quien condena el cuerpo de la mujer al haberse sentido perturbado (estremecido –yo diría atraído) por el cuerpo de su nuera (Zainab). Así mismo, se permite la poligamia y el hombre puede repudiar a la mujer, por mencionar algunos aspectos. En la Biblia la cuestión no es demasiado alejada: el papel secundario de la mujer (“salida de la costilla de un hombre”), la culpa recaída sobre Eva por ser quien incita a Adán al pecado original (sexo) y su condena a parir los hijos “con dolor”, muestra a la mujer como objeto del pecado y sujeto con la función principal de reproducir la especie (“los hijos que dios nos dé”), cuyo papel servicial es aún más claro en el antiguo testamento. En el nuevo testamento, la virginidad como característica de la mujer “buena” y la relegación de Magdalena a un segundo y secundario plano en la vida de Jesucristo son puntos de partida desde los que se reivindica el machismo que cobija el catolicismo, idealizado en la exclusividad de los hombres para ser curas y dominar la Iglesia.
Entonces: ¿Es Dios machista? Creo que habrá que distinguir entre lo que Dios es –asumiendo, sin conceder, que Dios existe- y lo que los textos sagrados que fundamentan las religiones islámica y cristiano/católica dicen que es, hizo o dijo. Esto nos podría llevar a sostener, como primera respuesta posible y asumiendo que los textos son machistas, que quienes escribieron los textos son machistas, pero ello no es extrapolable a Dios. Sin embargo, una segunda respuesta, asumiendo que lo dicho en el Corán y en la Biblia es cierto, nos llevaría a sostener la respuesta afirmativa: Dios es machista.
Desafortunadamente, para efectos prácticos, la distinción que he tratado de explicar no tiene gran trascendencia, porque millones de personas en el mundo piensan y creen que lo que está escrito en la Biblia o en el Corán es cierto. Y entonces la violencia de género encuentra un apoyo más en ambos textos. El machismo encuentra justificación religiosa.
Ante esta situación no hay otro camino que tratar de echar abajo las tradiciones y creencias enraizadas culturalmente en los pueblos y personas que siguen el Corán y la Biblia. Tratar de que haya lecturas distintas de ambos textos, aunque ello resulte casi imposible y contradictorio (vgr. que se crea en Dios cristiano, pero sin condenar a la mujer y darle un papel secundario, como simple objeto sexual) o de plano argumentar que lo escrito en la Biblia y el Corán es expresión de “algunas” mentes creativas, cuyas historias puede que no se ajusten a la realidad.
Para este último caso, Saramago parece abordar de manera magistral la cuestión al escribir El Evangelio según Jesucristo, en un intento de presentar una visión mundana de la vida de Jesús de Nazareth, poniendo de relieve el machismo que inunda el antiguo testamento y que determinaba la vida en la época en que nace y vive Cristo –la relación entre José y María y entre María y Jesús es el mayor botón de muestra de esa “superioridad” del hombre respecto de la mujer-
Así, a la pregunta sobre quién tiene la culpa de la violencia de género habría que añadir una cuestión más: ¿cómo podemos evitarla? En este sentido, alejarnos de algunos dogmas religiosos parece ser una respuesta correcta.
TIEMPO EXTRA
LIBRO: Interesante por su magnífica prosa y extraordinaria historia, es altamente recomendable la lectura de la obra de José Saramago a que me he referido. El evangelio según Jesucristo (Madrid: Punto de lectura, 2006 [1991].
WEB: La obra del paladín sueco de la lucha contra la violencia de género a partir de la novela negra, el tristemente fallecido Stieg Larsson (autor de la trilogía Millenium), encuentra en el periódico La Vanguardia un espacio para su análisis y para la lectura de notas relacionadas con el boom literario de los últimos años. http://www.lavanguardia.es/afondo/stieg-larsson/index.html
La violencia de género no parece ser una cuestión focalizada en algunos países o regiones. En la última semana el caso de Sakineh Ashtianí -a quien se le condenó a morir dilapidada por una supuesta infidelidad- ha indignado a la comunidad internacional. Más allá de la evidente razón que existe al indicar este caso como una intolerancia inaceptable, no hay que olvidar que los casos de violencia de género que se dan en el mundo occidental son tantos -y tan poco conocidos- como en el mundo islámico.
En El País, el abogado de Sakineh Ashtianí afirma que el Corán no recoge la lapidación. Pero yo, a su vez, preguntaría: ¿qué papel le deja a la mujer el texto sagrado del islamismo? Y ¿qué hay de la Biblia? ¿Es el papel de la mujer en ambos textos un papel de igualdad respecto del hombre? La cuestión es importante porque el machismo es un primer paso hacia la violencia de género.
En el texto islámico, la mayor discriminación viene dada por el propio profeta Mahoma, quien condena el cuerpo de la mujer al haberse sentido perturbado (estremecido –yo diría atraído) por el cuerpo de su nuera (Zainab). Así mismo, se permite la poligamia y el hombre puede repudiar a la mujer, por mencionar algunos aspectos. En la Biblia la cuestión no es demasiado alejada: el papel secundario de la mujer (“salida de la costilla de un hombre”), la culpa recaída sobre Eva por ser quien incita a Adán al pecado original (sexo) y su condena a parir los hijos “con dolor”, muestra a la mujer como objeto del pecado y sujeto con la función principal de reproducir la especie (“los hijos que dios nos dé”), cuyo papel servicial es aún más claro en el antiguo testamento. En el nuevo testamento, la virginidad como característica de la mujer “buena” y la relegación de Magdalena a un segundo y secundario plano en la vida de Jesucristo son puntos de partida desde los que se reivindica el machismo que cobija el catolicismo, idealizado en la exclusividad de los hombres para ser curas y dominar la Iglesia.
Entonces: ¿Es Dios machista? Creo que habrá que distinguir entre lo que Dios es –asumiendo, sin conceder, que Dios existe- y lo que los textos sagrados que fundamentan las religiones islámica y cristiano/católica dicen que es, hizo o dijo. Esto nos podría llevar a sostener, como primera respuesta posible y asumiendo que los textos son machistas, que quienes escribieron los textos son machistas, pero ello no es extrapolable a Dios. Sin embargo, una segunda respuesta, asumiendo que lo dicho en el Corán y en la Biblia es cierto, nos llevaría a sostener la respuesta afirmativa: Dios es machista.
Desafortunadamente, para efectos prácticos, la distinción que he tratado de explicar no tiene gran trascendencia, porque millones de personas en el mundo piensan y creen que lo que está escrito en la Biblia o en el Corán es cierto. Y entonces la violencia de género encuentra un apoyo más en ambos textos. El machismo encuentra justificación religiosa.
Ante esta situación no hay otro camino que tratar de echar abajo las tradiciones y creencias enraizadas culturalmente en los pueblos y personas que siguen el Corán y la Biblia. Tratar de que haya lecturas distintas de ambos textos, aunque ello resulte casi imposible y contradictorio (vgr. que se crea en Dios cristiano, pero sin condenar a la mujer y darle un papel secundario, como simple objeto sexual) o de plano argumentar que lo escrito en la Biblia y el Corán es expresión de “algunas” mentes creativas, cuyas historias puede que no se ajusten a la realidad.
Para este último caso, Saramago parece abordar de manera magistral la cuestión al escribir El Evangelio según Jesucristo, en un intento de presentar una visión mundana de la vida de Jesús de Nazareth, poniendo de relieve el machismo que inunda el antiguo testamento y que determinaba la vida en la época en que nace y vive Cristo –la relación entre José y María y entre María y Jesús es el mayor botón de muestra de esa “superioridad” del hombre respecto de la mujer-
Así, a la pregunta sobre quién tiene la culpa de la violencia de género habría que añadir una cuestión más: ¿cómo podemos evitarla? En este sentido, alejarnos de algunos dogmas religiosos parece ser una respuesta correcta.
TIEMPO EXTRA
LIBRO: Interesante por su magnífica prosa y extraordinaria historia, es altamente recomendable la lectura de la obra de José Saramago a que me he referido. El evangelio según Jesucristo (Madrid: Punto de lectura, 2006 [1991].
WEB: La obra del paladín sueco de la lucha contra la violencia de género a partir de la novela negra, el tristemente fallecido Stieg Larsson (autor de la trilogía Millenium), encuentra en el periódico La Vanguardia un espacio para su análisis y para la lectura de notas relacionadas con el boom literario de los últimos años. http://www.lavanguardia.es/afondo/stieg-larsson/index.html
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