
UN PASO IMPORTANTE
En la misma semana un juez federal de California y la Suprema Corte mexicana han declarado constitucionales los matrimonios entre homosexuales.
La decisión de la Corte mexicana resulta importantísima porque zanja los intentos de la derecha mexicana de contrarrestar la legislación aprobada en la Ciudad de México para permitir los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Sin embargo, la decisión de la Corte mexicana y la decisión del juez federal norteamericano, aunque llegan al mismo fin, parten de argumentos distintos: la Suprema Corte reconoce la evolución de la sociedad y admite que una institución del matrimonio debe estar adecuado a la realidad social. El juez federal californiano adoptó una posición más progresista: basado en el principio de igualdad, adujo que la institución debe abrirse a toda persona, sin importar el sexo de su pareja.
Ya sea por una u otra razón, las decisiones tomadas son de gran trascendencia. Si su resultado hubiese sido en un sentido distinto, ello sería un retroceso en la lucha del movimiento gay por sus derechos, pero también una pérdida para la sociedad en general: nuestra tolerancia se refleja en casos como éstos.
Los argumentos de los reaccionarios son siempre los mismos: a) que se le llame de otra forma; b) que con la aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo se descompone la institución del matrimonio; c) que ello abre la puerta a la adopción por parte de matrimonios gays y que eso es un peligro para el menor.
A lo anterior, las respuestas de los defensores del matrimonio entre homosexuales son en un sentido retórico: a) ¿por qué llamar de una forma distinta a lo que en la práctica solo se distingue por componerse de una pareja en la que ambos son del mismo sexo? Si le llamásemos de otra forma, no sería sino una discriminación por razón de sexo; b) la institución del matrimonio no se descompone, sino que evoluciona y se adapta a la realidad social. Eso ha venido haciendo esa institución desde su nacimiento –baste ver las causales de divorcio para constatar la adecuación del matrimonio a la sociedad moderna; c) la adopción es un derecho que debe tener todo matrimonio, incluido el celebrado entre personas del mismo sexo. Verlo de otra forma es condenar al homosexualismo en la hoguera de las enfermedades (visión más reaccionaria de la homofobia) o pretender una superioridad de los heterosexuales respecto de los homosexuales (cuestión que por supuesto nadie puede probar y que materialmente no existe). Nuevamente sería una discriminación por razón de sexo, basada en prejuicios que los estudios recientes han echado abajo (un niño puede desarrollarse de igual forma en una familia homosexual que en una familia heterosexual)
Por esto y más hay que celebrar la decisión de la Suprema Corte mexicana y la decisión del juez federal californiano (aunque en este caso seguramente habrá un recurso y la decisión final la tomará el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de América). Es un paso al frente y un reconocimiento a la lucha del movimiento gay-lésbico. Es también un reconocimiento de que la sociedad ha cambiado y de que podemos compartir el mismo espacio, más allá de nuestras diferencias.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. Daniel Glattauer escribió una novela dinámica e ingeniosa basada en los correos electrónicos entre dos personas y la relación que nace entre ellas; una novela de amor minimalista. Contra el viento del Norte (Alfaguara, Madrid: 2010)
WEB. La revista TIME muestra sus siempre interesantes contenidos y fotografías (la portada de la semana pasada es de época) http://www.time.com/time/
Casar homosexuales es un experimento social inédito. Ninguna civilización ha implantado el matrimonio homosexual. Incluso sociedades que permitían la homosexualidad y hasta la fomentaban en ciertas edades y clases sociales, como los griegos antiguos, entendían claramente el matrimonio como la unión estable entre un hombre y una mujer abiertos a tener hijos. Una cosa eran las prácticas sexuales de los ciudadanos y otra muy distinta la familia y la generación y educación de hijos. La homosexualidad ha adoptado muchas formas en distintas sociedades, pero nunca se le ha relacionado con el matrimonio. Experimentar con el modelo social es irresponsable y peligroso, sin embargo muchos defienden esa experimentación por razones ideológicas de rechazo a la familia y no por razones científicas y ni siquiera de demanda social.
ResponderEliminarEn tu razonamiento estás defendiendo solo un modelo de familia (el tradicional). Estoy de acuerdo que las prácticas sexuales y el matrimonio son cosas distintas, pero ello no lleva a que solo se reconozca un modelo de familia, es decir, lo que la sociedad ha hecho mal es en equiparar familia = matrimonio con hijos, idea que poco a poco se ha ido quitando de la sociedad (aunque no sin prejuicios: piénsese en el calificativo de "familia disfuncional" que se le da a familias con hijos y un solo padre o madre). Lo que no sé es porqué sería irresponsable y peligroso este reconocimiento (la palabra experimento creo que no es adecuada) ¿defiendes que los niños criados en una familia homosexual tendrían un desarrollo distinto a los criados en una familia "tradicional"?
ResponderEliminarPor otra parte, el reconocimiento del matrimonio entre homosexuales sí tienen que ver con demandas sociales -el movimiento gay-lésbico ha reivindicado derechos iguales desde hace varias décadas- Eso no quiere decir que sea una demanda de toda la sociedad, sino de una minoría que debe ser protegida ante la intolerancia de la mayoría, porque al final el derecho es una ley del más débil (una garantía del goce efectivo de derechos para TODOS).