
VIVE, VIVE, VIVE SIEMPRE
“El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir” (J. Saramago)
La leí y me estremecí. Creo que a todo aquel que la ha leído le ha pasado lo mismo. Es hermosa y estrujante y creo que queda en el recuerdo, tatuada. Se trata de una carta escrita por una madre a su hijo. La carta no es cualquier carta. Es una carta de una madre que huele la muerte, aunque no sabe hasta qué punto. Se encuentra en la gran Novela del escrito ruso Vasili Grossman, Vida y Destino.
Por algunos ha sido calificado su libro como la gran novela total después de Guerra y Paz de Tolstoi. No lo sé; en gustos se rompen géneros, pero lo cierto es que si hay una cosa que sorprende del libro, además de su capacidad narrativa, son las desgarradoras historias que tienen uno de sus puntos cruciales en la carta a que he hecho mención.
La carta se recoge en el capítulo 18 y es escrita por Anna Semionova a su hijo Vitya. La mujer sabe que morirá. Que el Guetto –y todo lo que él significa- le ha arrebatado la vida y tendrá que enfrentar el destino, que no es otro sino la muerte –una muerte anunciada, dolorosa, injusta-
Es una carta de desesperación. Es la lucha de una madre con el último aliento para dejar constancia de que hasta el último momento pensó en su hijo. Escribe de su vida en el Guetto, de su sufrimiento, de su dolor. Habla de su angustia por no saber del hijo amado, del hijo que recibirá la carta cuando ésta haya muerto.
La madre anuncia su muerte ante el rumor de que se han cavado fosas, una de las cuales le pertenecerá, le pertenece. Es un ser muerto que escribe, una persona que no es persona, pero que no pierde la esperanza de serlo; dice: “En ningún otro lugar del mundo hay más esperanza que en el guetto”
En eso transcurre la carta. En el ir y venir entre la angustia y el amor, entre el dolor y la lección de la madre, entre el sufrimiento y “el instinto de vida que, sin lógica alguna, se resiste al hecho de que todos vamos a perecer sin dejar rastro”.
En la carta hay muchos mensajes. El del pueblo judío que sufre, pero que se pone de pie. El del verdugo inhumano. Es una carta de lamento ante la condición humana. La carta transmite el sentimiento del mismo Grossman, quien escribiría a su madre: «Tú representas para mí lo humano por excelencia y tu terrible destino es el de la humanidad en tiempos inhumanos».
La carta ha dado para miles lecturas y críticas. Pueden escribirse ríos de tinta sobre ella. Ha sido puesta en escena en New York y Moscú. Es la vida y la muerte escrita.
Por mi parte, me quedo con la esperanza. La condición humana puede tocar las estrellas y caer en el más profundo de los abismos. A pesar de todo, siempre habrá esperanza. Con esa esperanza termina la carta, con el gesto más dulce y el mejor consejo de Anna Semionova a su hijo Vitya. Le dice la mujer: “Recuerda que el amor de tu madre siempre estará contigo, en los días felices y en los días tristes, nadie tendrá nunca el poder de matarlo. Vitenka… Ésta es la última línea de la última carta de tu madre. Vive, vive, vive siempre…
TIEMPO EXTRA
LIBRO. Memorial del convento, de José Saramago (Madrid: Punto de lectura, 2006 (1982). Es una obra bellísimamente contada, que se presenta de manera inmejorable en la contraportada del libro, que muchas ediciones recogen: …Érase una vez la historia de un amor sin palabras de amor…
WEB. Mi amiga Lory Faccioli tiene un interesante sitio, donde se habla de biología, medio ambiente y con unas fotografías espectaculares. http://loryfac.weebly.com/
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