lunes, 15 de noviembre de 2010

CENTAVEROS


CENTAVEROS



Es una constante en muchos países (sobre todo latinos) la búsqueda de “plazas” (puestos de trabajo permanente en instituciones u organismos que reciben subsidios por parte del Estado).

Se piensa que una persona que obtiene una plaza tiene “asegurado” su futuro, por tres cuestiones:

  1. Históricamente, esas plazas están relacionadas con los sindicatos de trabajadores (surgen de convenios entre el sindicato y las instituciones para la creación de puestos de trabajo al interior de las mismas) y, por ello, si alguien es removido de su puesto, ello implica no sólo un conflicto laboral, sino un problema con el sindicato.
  2. Por la permanencia en el trabajo. Debido a esa hipotética disputa entre sindicato y patrón, a pesar de la poca efectividad que el trabajador pueda tener en el desempeño de su trabajo, el patrón elude conflictos laborales y el trabajador está “seguro” que no le echarán del trabajo. Esto significa, entre otras cosas, estabilidad.
  3. Porque las prestaciones suelen ser superiores a las de cualquier trabajador promedio. Por ser trabajadores del Estado, por ley trabajan menos horas (máximo 7 al día), reciben más del doble de días de vacaciones al año, así como aguinaldo, “bonos de productividad” (aunque sea nula), puntualidad (¡increíble!), bonos del sindicato y un etcétera de vergüenza.


Todo lo anterior tiene un telón de fondo: la nula actividad del Estado para verificar la calidad de las actividades desarrolladas por los trabajadores con plazas. No importa cómo se han obtenido éstas (algunas por asignación directa y otras por oposición pública -que siempre refleja la lucha entre grupos de poder). La verificación de la efectividad en el trabajo es nula.


Hay dos caras de esta situación: la buena significa estabilidad y seguridad para el trabajador. Esto beneficia a los trabajadores eficaces y ejemplares (que los hay). La mala significa poca o nula efectividad y el empoderamiento de los sindicatos como filtro de acceso a puestos de trabajo.


En México hay un caso extremo que ilustra la cultura a la que me refiero: el sindicato de maestros. En días recientes, una evaluación que medía los conocimientos en matemáticas, español y ciencias, arroja que 4 de cada 6 profesores de educación básica del Sindicato de maestros en México están reprobados. Es decir, que los encargados de transmitir conocimientos y de formar a los niños y jóvenes mexicanos, no saben lo que, hipotéticamente, deberían transmitir.

El problema es que ninguno de esos ignorantes (en el sentido estricto de la palabra) serán despedidos por la Secretaría de Educación Pública, porque tienen “plazas” y el relevarlos sería un enfrentamiento suicida con el sindicato de maestros.

Uno pensaría, que un trabajo con esos privilegios “cualquiera” lo querría, pero tampoco es así: el salario de los trabajadores no logra ser digno (en la mayoría de casos)

¿Qué lleva, entonces, a la búsqueda y pelea por plazas de ese tipo? Varias respuestas:

  • El confort. Hay gente a la que le gusta trabajar poco y tener un salario seguro, buenas prestaciones, y vivir a costa de los impuestos.
  • Necesidad. Ante la carencia de puestos de trabajo, un trabajo seguro, aunque se gane poco, es suficiente (que alcance para vivir y para algunos “lujos”)
  • Oportunidad. Con el sistema actual, en algunos sectores, la búsqueda de esas plazas es el único medio para trabajar en el sector.
  • La mentalidad mediocre. No hay que ser un genio para saber que en esos millones de personas que cuentan con una plaza se esconden mediocres que subsisten con lo mínimo, con lo seguro. Este punto tiene relación con el primero: confort y mentalidad mediocre son una combinación pésima. Juntos simbolizan una cultura del “centavero”


Este último es uno de los puntos que en nuestro país habría que cambiar, porque no depende del gobierno, sino de la gente. La economía mundial actual requiere de trabajadores preparados, eficientes y dispuestos a la movilidad. Muchos países desarrollados (algunos países europeos, los países nórdicos, Japón, etc.) llevan ventaja: ahí, los trabajadores piensan en su trabajo como una oportunidad para vivir mejor, para lo cual tienen niveles aceptables de efectividad en su desempeño laboral, y están dispuestos a la movilidad. El resultado, más allá de las disparidades macroeconómicas, es que los trabajadores combinan dos cosas: efectividad y ambición. El trabajador sabe que su movilidad, su preparación y su desempeño le retribuirán mucho más que los beneficios que puede obtener por una plaza. En otras palabras, en nuestro país, muchas personas tendrían que dejar de pensar en salarios mínimos, pero seguros, y empezar a pensar en salarios mejor pagados, aunque ello conlleve menos estabilidad. Lo ideal sería la combinación de salarios mejor pagados y estabilidad, pero, mientras eso sucede, habrá que buscar un cambio ante esta dinámica de pasividad y conformismo en que vivimos.


Apunte final


Por increíble que parezca, la pelea por estas plazas llega a niveles académicos superiores. Doctores (en todas las ramas) se pelean y muestran uñas y dientes para obtenerlas a nivel universitario. ¡Una vergüenza!



TIEMPO EXTRA

LIBRO: Summertime es una novela con un toque autobiográfico en la que J. M. Coetze pone toda su creatividad y muestra, una vez más, porque fue un justo merecedor del Nobel de Literatura. Summertime (NY: Viking, 2009)


1 comentario:

  1. Me parece terrible la situación, en específico, del sector educativo.

    Por favor vean este avance, triste, tremendamente triste y definitivamente descaradas las declaraciones de los funcionarios:

    http://www.youtube.com/watch?v=boZN-ZE05H4

    Los resultados y mentalidad de los alumnos no es más que un reflejo del descaro y esta actitud "centavera" como bien la llamas

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