lunes, 29 de noviembre de 2010

RATZINGER ESTADISTA


RATZINGER ESTADISTA


Desde que asumió su cargo como Obispo de Roma, tuve la impresión que Ratzinger (Benedicto XVI) funcionaría mejor como Papa que Wojtyla (Juan Pablo II). Eso no quiere decir que concuerde con lo que sostiene el prelado, pero habrá que reconocer que es congruente con su ideología y con su raíz de intelectual.

Ratzinger ha ido de tropiezo en tropiezo, aunque dando pasos importantes. Su encíclica sobre derechos sociales, con la cual podemos o no coincidir, es una muestra de que Benedicto XVI es, además, una gente pensante; que nunca dejará de ser un filósofo.

¿Quiere incidir políticamente? Por supuesto. Eso es recriminable. Si las cosas de Dios no son las de César, los intentos intervencionistas de Ratzinger son deleznables.

Sus últimas visitas a Reino Unido y España, no hacen sino confirmar que Ratzinger es un católico de sepa, pero, también, un político hábil, que sabe que una palabra, un gesto, un movimiento, le hace ganar adeptos. Las visitas de Ratzinger han dejado un calado hondo en el Vaticano. Como pocas veces, se ha demostrado una antipatía ante la figura más representativa de una Iglesia anquilosada, machista y conservadora, que poco tiene que ver con los tiempos modernos. La declaración de Ratzinger respecto a la bondad del uso de anticonceptivos es una respuesta a las protestas contra el Papa en sus visitas europeas.

El hecho de que el Vaticano reconozca los métodos anticonceptivos como medios de prevención de transmisión de enfermedades sexuales, es un paso de gigante. No es que haya que alabarlo, pero si se toma en cuenta la cantidad de personas influenciadas por los dictados católicos, las palabras de Ratzinger son para alegrar el día a (todos) los interesados en erradicar el SIDA y enfermedades de transmisión sexual, sobre todo en países pobres (ahí es donde más se deja sentir la influencia religiosa).

No todos los católicos han estado de acuerdo. Ratzinger ha encontrado oposición y le cobrarán la factura tarde o temprano. Pero habrá que reconocer que, si con Galileo tardaron siglos en reconocer que se equivocaron, lo hecho por Ratzinger es un paso que termina con décadas de negativas al uso de anticonceptivos.

En esencia, el Papa está tratando de modernizar una iglesia que se resquebraja ante la vorágine científica y el cambio social que se vive en nuestros días.

También está acabando con una visión de censura del sexo. El paso dado por Ratzinger permitirá a los católicos dejar de lado la idea de que el sexo es sólo justificado con fines reproductivos. Es lo que le recriminan a Ratzinger los católicos a ultranza: que ha echado abajo -con una pequeña declaración- toda una doctrina justificadora de la injustificable.

Su declaración es una bocanada de oxígeno para el catolicismo. Hoy, más que nunca, Ratzinger ha actuado como hombre de Estado. Trata de salvar el barco que se hunde.

No falta quien diga -con razón- que la declaración de Ratzinger es sólo un espejismo, porque “sólo” permite el uso de métodos anticonceptivos para evitar la transmisión de enfermedades sexuales, pero habrá que identificar el paso dado por el sucesor de Pedro como un enorme avance en la lucha contra el SIDA, porque, para bien o para mal, las religiones siguen influenciando la conducta de la mayoría de personas del planeta. Cierto: el uso de anticonceptivos debería permitirse (católicamente) en todos los casos, pero la permisión de su uso a partir de la declaración de Ratzinger, es un avance significativo.

A todo esto, no hay que perder de vista que Ratzinger es un líder católico. Su declaración es grande por su influencia, pero pequeña por su obviedad y por su tardanza.

Lo importante de todo esto es quién hace la declaración. Es el Papa llamado Joseph Ratzinger. Católico de sepa, líder de una igleisa machista, pero hoy, sobre todo, estadista. El Jefe católico trata de proteger e incrementar sus intereses, a pesar de los costos ideológicos que ello traerá. Por eso, hoy Ratzinger, es un estadista.


Apuntes finales


  1. Habrá que reclamarle más y mejor apertura en otros temas: trato igualitario a homosexuales, eutanasia, investigación con células madre, etc.


TIEMPO EXTRA


Libro: “Pobre Patria Mía” (México: Planeta, 2010) del poblano y excelente escritor Pedro Ángel Palou. Una novela distinta y única, porque, en el año del centenario de la Revolución Mexicana, el personaje principal es Porfirio Díaz y su visión del país a partir de su destierro.

Web. www.aidforafrica.org muestra las bondades que la unión de personas puede lograr, a partir de la ayuda a los más necesitados en el continente africano.

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