En el ajedrez se distinguen tres partes del juego: el inicio de la partida, el desarrollo y el final. Al Gobierno de Calderón lo único que le queda es tener un buen final (que los últimos 22 meses sean decentes). El principio lo perdió antes de empezar a jugar, el desarrollo ha sido peor y lo único a lo que puede aferrarse es a quedar “tablas” (empate), en la alusión al ajedrez.
Calderón ya no aspira a ganar -menos aún, a ganar arrasando-. Aspira al empate, a las tablas, que parecen no ser un mal resultado, después de como se ha puesto el juego. Para Calderón las tablas significarían que su mayor temor no se vea hecho realidad: el regreso del PRI a los Pinos. Si eso es bueno o malo para el país no pasa por el resultado que a Calderón le beneficie. Si el electorado lleva al PRI al poder en 2012, será una clara manifestación de repudio a 12 años panistas y, sobre todo, a una forma de entender la política. Eso, sin embargo, no significa alabar la forma de hacer política del PRI.
Si el PAN ha gobernado con Calderón (lo que no hizo con Fox), nos queda claro que su forma de hacer política no es convincente. Cierto es que, como lo sostiene Aguilar Camín, los hijos de puta son otros, son los delincuentes. A ellos (aunque no sólo a ellos, en lo que discrepo del escritor) se les debe achacar las muertes que son la cifra más aterradora del gobierno calderonista. Pero, en los mismos términos, si los hijos de puta son los otros -que nadie lo duda- Calderón y su séquito ¿quiénes o qué son? ¿Cuál es el calificativo que habrá que endilgarle a los gobiernos panistas de los últimos 10 años (y contando)?
Algunos apuntes para encontrar el calificativo:
Confundieron un “catarro” con una “pulmonía”. Una crisis, ciertamente no por ellos generada, ha tenido consecuencias devastadoras en el país y no hay visos de recuperación. En un inicio nos dijeron que era una cosa que una aspirina solucionaría, pero es la hora en que no hallamos cómo sacara al enfermo de terapia intensiva.
Dejaron ir libre al capo más buscado del mundo. En la basura se les escapó “el chapo” y ahora lo buscan y movilizan policías, ejército y marina para encontrarlo (aunque, muy en el fondo, no lo quieren encontrar)
Incendiaron el país, junto con López Obrador. Si López Obrador no ayudó a que el conflicto pos-electoral tuviera cauces más políticos, lo cierto es que Fox y Calderón ayudaron a ello. Ni uno ni otro son “la caperucita” del cuento. Pero a las instituciones López Obrador las mandó al diablo, justo en los tiempos en que Fox y Calderón las maniataban y las ninguneaban.
Reafirmaron el poder de la iglesia y su inmunidad política en México. En esta materia, el gran error y las gran crítica que se le hace a Carlos Salinas fue su concesión (impuesta por Wojtyla -Juan Pablo II) para que se reconociese las asociaciones religiosas. Siglo y medio de juarismo echado abajo, todo por una legitimación. Si Calderón la buscó a través de las armas, Salinas la buscó con la Iglesia. Y en esto último, Calderón y Fox han sido patéticos: han confundido su credo con el Estado y han permitido toda clase de barbaridades y excentricidades católicas (pederastia, intervención política de la iglesia, defensa de la ideología católica con las instituciones del Estado y expresiones denigrantes de parte de sus líderes).
Han acabado con las instituciones. Éste es el punto más delicado de todos. Las instituciones en México han visto mermada su importancia, su reconocimiento ganado a pulso y la forma en la que operan, en muchas de ellas, ha sido guiada por la voluntad del ejecutivo panista. El ejército, el IFE, el Poder Judicial, la CNDH, etc. Con ello, los gobiernos panistas han puesto en jaque la transición democrática.
La última: se parecen al PRI. Si el 2000 fue un año de esperanza, hoy podemos decir que no encontramos diferencia entre aquél régimen priísta y el panista, en cuanto a hacer política. Me refiero, sobre todo, al último sexenio del PRI. También en el panismo encontramos matanzas (si Acteal fue un lastre para Zedillo, la muerte de los indocumentados lo es para Calderón), corrupción (no es necesario poner ejemplos), los sindicatos petrolero y de maestros al servicio del Ejecutivo y el Estado al servicio de ellos, ineficiencia económica y política, una triste imagen de México en el exterior, derroche de dinero (nunca hubo tantos excedentes petroleros como en los gobiernos panistas, los que dilapidaron entre el Ejecutivo y los Gobernadores). Sí, los panistas se parecen mucho al PRI (el mismo que quiere “volver” en 2012 al lugar en el que en prácticas y política nunca se ha ido.
Tengo dos opciones de adjetivos. O les llamamos “idiotas” o les llamamos “listillos”. Lo primero, por su impericia. Lo segundo porque, tal vez, se tratan de pasar de “listos” y quieren dar impresión de lo que no son.
Si este balance es correcto, a Calderón le quedan muy pocas armas para afrontar dignamente el final del sexenio. En la analogía del ajedrez, podríamos decir que a Calderón le queda La Reina (Margarita, su principal activo), un par de alfiles (Cordero y Lujambio) y unos cuantos peones (esos siempre se encuentran) para afrontar el último tercio del sexenio, aunque el panorama no le pinta bien.
¿Al país le conviene que Calderón gane el juego -cuestión casi imposible- o que quede “tablas”? No hay respuesta. Lo que conviene al país es que el PRI salga de Los Pinos, más allá de qué partido político (incluido el PRI) gane las elecciones de 2012. Porque el régimen ha cambiado de nombre, pero sigue operando en la oscuridad de la consciencia calderonista. Sigue operando en un régimen que se pasa de idiota o que se pasa de listo.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. “Algo va mal” es una recolección de pensamientos de Tony Judt (Taurus, Madrid: 2010). Una defensa de la socialdemocracia, con una crítica a la derecha -sobre todo por la privatización de muchos sectores) y a la izquierda (ante su falta de programa, segun Judt). Una obra interesante, porque hace un recorrido de la política mundial, después de las Guerras Mundiales y precisa los errores que en materia económica han hecho la izquierda y la derecha, y con una visión del Estado como actor principal -que rescatará su papel, según el autor, después de la crisis económica que padecemos desde 2008. Interesante.
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