A Yely Castillo. En espera que la vida le sonría pronto
Los locos y los hipócritas
Fidel Castro y Hugo Chávez, además de autoritarios, se han mostrado faltos de tacto político, cortos de mira y poco afortunados en sus comentarios respecto de la revuelta social en Libia.
En lo particular, temía el momento en que las revoluciones árabes de este año alcanzaran Libia. Le comenté a alguien cercano: “Gadafi está loco”. Y los recientes acontecimientos no hacen sino confirmar mi sospecha.
Gadafi está loco de poder y Occidente ha jugado un papel vergonzoso desde hace un par de semanas. Por supuesto que era de esperarse la defensa que hizo Fidel Castro y Hugo Chávez respecto del régimen de Gadafi. Y también se esperaba que los países europeos, grandes aliados de Gadafi, así como Estados Unidos, tardaran en reaccionar, aunque no tan torpemente.
Los negocios de Occidente con Gadafi son la razón de la tardía respuesta: el riesgo de la pérdida de inversiones que hoy mantienen muchos países occidentales en Libia es también la razón última de que la reacción de Occidente fuese vergonzosamente tibia, después de que Gadafi enloqueciera (aún más) y “bombardeara” al pueblo libio que se manifestaba en las calles de Trípoli y aniquilara a cientos de ciudadanos libios.
El peligro que ahora corre la zona en conflicto es que se repitan sucesos como los sucedidos en los Balcanes en los años noventa. Nadie desea una nueva versión de Kosovo, ahora en Libia o Tunez, y los riesgos son latentes. La situación está fuera de control y cualquier cosa se puede esperar.
La cantidad de personas desplazadas a razón del conflicto es preocupante y, aún más alarmante es la actitud de Europa, que sólo ayer reaccionó, por su preocupación a la oleada de libios que se avecinan y tocan las puertas de sus socios (aunque ahora los nieguen).
Es por eso que a Fidel y Chávez se les puede calificar (justamente) de locos y políticos ineptos. Su carácter autoritario les hace apoyar a su par. Se ven en el espejo y ven en Gadafi a un yo, un similar, un hermano con le mismo gen, que pasa su peor momento.
Pero a Europa y Estados Unidos no se les puede sino calificar de hipócritas. Durante lustros han apoyado a un régimen dictatorial, el de Gadafi, y sólo ante la puesta en peligro de sus intereses y el temor de las oleadas de inmigrantes han reaccionado, con menos ahínco que el que mostraron para atacar Afganistán o Irak.
Hay un perdedor en todo esto: el pueblo libio, al igual que perdedor será el pueblo egipto o el tunecino, porque su libertad llegará (para elegir a sus gobernantes) hasta donde los intereses de Occidente se lo permitan.
En gran medida, es una reedición de la Segunda Posguerra. Es una libertad en apariencia. Una libertad de los antiguos. Una libertad que algunos locos (Fidel y Chávez) ven con recelo y otros hipócritas (UE y EEUU) otorgan como favor.
No solo podemos criticar la omisión de Occidente de manera política, los americanos en general (sin división de latinos y sajones), han puesto una barrera a todo problema que no entre dentro de su esféra palpable, ya que por educación y conciencia no manifestamos altos reclamos en contra de un status poder, si no de la transgresión a derechos de pueblos por no mencionar naciones enteras. Deberíamos alzar la voz para enfatizar la indignación hacia la mancha indubitable de sangre que padecen otros iguales en su propio país, marcando la indiferencia de Organismos internacionales a defender lo que por naturaleza debería de ser enmarcado en una amplio campo de empatía.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo.
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