jueves, 10 de febrero de 2011

Me equivoqué

Javier Solórzano hacía un comentario muy atinado con el que se podría dar fin al conflicto entre Carmen Aristegui y MVS -por una supuesta transgresión del código de ética de la empresa por parte de la periodista-.
La solución que propone Solórzano es el reconocimiento de la empresa de su equívoco (en otras palabras, la misma solución propuesta por Aristegui)
Lo interesante de la reflexión del periodista mexicano es que afirma, creo que con razón, que en este país necesitamos más madurez para aceptar nuestros errores. Solórzano dice algo cierto: “un día malo, cualquiera lo tiene”. La empresa debería salir y restituir a Aristegui reconociendo que tuvo un error y con eso se zanjaría el asunto (al menos entre ellos)
El comentario de Solórzano me hizo recordar un texto de Diego Gambetta en el que describe la cultura del “claro”, muy arraigada entre los países latinos, resumida en dos axiomas: a) quien desconoce algo es un pendejo; b) nunca aceptar un error.
En su artículo, Gambetta reconoce que esa cultura del “claro”, conlleva a una necedad surgida de la idea de que 1) uno siempre tiene la razón; y 2) uno siempre tiene que opinar (y aún más: opinar correctamente).
Solórzano lo dice con otras palabras, pero en el fondo es coincidente con Gambetta, sólo que cuando habla de “este país”, bien podría sustituirse esa locución por “los ciudadanos de este país”.
Así, parafraseando a Solórzano y a Gambetta, los ciudadanos de este país tendríamos que:
a) reconocer nuestros errores
b) reconocer que todos tenemos días malos
c) reconocer que no siempre tenemos que opinar (y menos aún opinar correctamente)
d) reconocer que nadie es pendejo por desconocer algo
e) en resumen, reconocer que nuestro interlocutor puede tener la razón que a mí no me asiste.

Dejar de lado la cultura del “claro” no es sólo una ventaja científica o ideológica (el avance en estos planos es asombroso cuando el individuo se aparta de ella), sino se puede traducir en una mejora en nuestras relaciones políticas, sociales, económicas y culturales.
En el caso de Aristegui, MVS daría un ejemplo de humildad si reconoce su error. Empecinarse en él, confirma una cultura de la que tarde o temprano conviene alejarnos, porque nos impide crecer y retroalimentarnos. No hay obligación moral, filosófica, sociológica o política para saber de todo, opinar de todo y tener la razón en todo.
Un asunto tan complicado se puede resolver con dos sencillas palabras, que a los ciudadanos de este país nos conviene repetir, cuantas veces haga falta,: “Me equivoqué”.

Tiempo extra

Libro: “Mañana en la batalla piensa en mí” no sólo es una frase utilizada por Shakespeare en Ricardo III, sino es el título de un libro escrito con maestría por Javier Marías (Madrid: Anagrama, 1994), que le valió el premio Rómulo Gallegos del año 1995. La dualidad verdad/mentira, certeza/duda, existencia/inexistencia, recorre la novela. Una de las grandes obras de la literatura iberoamericana de los últimos 25 años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario