lunes, 7 de marzo de 2011

LA MUJER VEJADA

La crítica de Occidente hacia los países de Oriente suele encontrar un punto importante en el trato de dan a las mujeres en las sociedades con mayorías religiosas islámicas y budistas.
Pero en las sociedades occidentales, nuestro trato hacia la mujer, si bien menos extremo, sigue siendo demasiado machista e inhumano hacia el género femenino.
La raíz de este machismo, cada día menor (a cuentagotas) es discutible, pero, en lo que podemos coincidir, es que no es cuestión nueva. El papel relegado de la mujer en Occidente se ha querido esconder tras conquistas legales y políticas que han ganado las mujeres y los grupos vulnerables, como la equiparación legal entre hombre y mujer, el derecho al voto, la protección social hacia las madres solteras, etcétera, pero lo cierto es que la realidad muestra un constante trato discriminatorio por parte de los hombres, y de la sociedad en general, contra las mujeres.
Por eso es que un Día Internacional de la Mujer es importante y vital. No importa que algunos argumenten, con razón, que el papel y los derechos de la mujer haya que ponderarlos todos los días, sino que, lo importante es que al menos un día se dedica a conscientizar a todos y en todas partes, que la mujer tiene derechos y un papel igual que el hombre en esta sociedad.
Sin embargo, es también frustrante que sigan siendo ineficaces (en parte) tantos programas y esfuerzos de ONG´s y gobiernos para que la mujer tenga un mejor trato en nuestra sociedad.
No obstante, habrá que pensar que el problema es de raíz (religioso en la mayoría de casos, cultural y social en otros) Es difícil exterminar un monstruo como el machismo, cuando este implica echar abajo creencias con una base tan peculiar y profunda. Occidente tiene su fundamento en principios que le dan un papel de sufrimiento a la mujer (“parirás a tus hijos con dolor” dice la Biblia) y preeminencia al varón (la Dote, como el ejemplo de lo que quiero decir). Por eso es que es tan complicado cambiar la mentalidad de hombres mayores (complicadísimo), de jóvenes (muy complicado) y de niños, pero también la de las propias mujeres, para hacerles ver que la mujer merece un trato igualitario y en muchos casos favorable y preeminente respecto de los varones.
Las cifras de muertas por machismo, las maltratadas física y psicológicamente, las mujeres que perciben un salario diferente al de un varón a pesar de hacer el mismo trabajo, las que son despedidas porque se encuentran encinta, etc., son razones suficientes para aceptar que en este país, en esta sociedad y en muchas partes del mundo, la lucha aún se tiene que dar con mayor intensidad, que el camino recorrido es importante, pero que no es suficiente, y habrá que reconocer que la sociedad en su conjunto tiene muchas actitudes y costumbres machistas, que en el seno de nuestra familia (monoparental, funcional, disfuncional o como ésta sea) es el lugar ideal -que no el único- para lograr mayores avances y que si los resultados de los programas para erradicar el machismo no son los deseables, en parte es porque el problema al que nos enfrentamos es uno de los mayores reflejos de la desigualdad en que vivimos.
La vejación hacia la mujer es un mal a erradicar en nuestra sociedad. Bien haríamos en seguir denunciando el trato que les propinan en los países de Oriente, sin olvidar que en nuestras sociedades occidentales, la tarea sigue pendiente de solución.

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