jueves, 17 de marzo de 2011

NYT: El tiempo nos alcanzó

A José Manuel Martínez, por su nobleza y su humanidad
con quienes le necesitamos y le queremos.




NYT: el tiempo nos alcanzó

El anuncio no es menor: The New York Times (NYT), el diario más influyente del mundo (y en muchos aspectos el mejor periódico del mundo) cobrará, a partir de finales de este mes, el acceso a sus contenidos por internet.
Para quienes somos lectores asiduos del diario norteamericano es un balde de agua fría.
El significado del anuncio no son los 15, 20 ó 35 dólares que cada 4 semanas cobrará el diario por acceder a sus contenidos, sino las réplicas en otros importantes medios que esto pueda tener y el trasfondo no sólo económico, sino político e ideológico, que hay detrás.
Internet se caracteriza por ser un espacio público (no general, porque no todos tienen acceso) en el que cada quien crea su mundo y cada quien interactúa con el espacio de otro(s). El internet es una isla llena de islas, todas públicas, en las que todos pueden mirar y ser mirados.
El paso dado por el “Times” no es sino la reversión de la expansión del internet. Es un obstáculo a la publicidad y una puerta abierta a la privacidad, la privacidad de aquellos que pueden (podrán) pagar el acceso al diario neoyorkino. Es un retroceso, con la excusa del periodismo de calidad, pero el trasfondo económico que todos entendemos y sabemos.
No es culpa única de NYT, sino es consecuencia, una vez más, de la obsesión por la ganancia. Los costos de producción del diario deben ser exhorbitantes. Pero cualquiera entendería que existen otros medios para hacer redituable el diario, manteniendo el acceso gratuito a sus contenidos virtuales. Su gran rival digital en Estados Unidos, The Huffington Post, es la prueba de que cobrar por acceder a los contenidos no es la única solución.
Es una lástima. La esfera de lo público, como bien dice Habermas, es donde se delibera y se participa, donde la democracia se refleja como “transformación de la preferencia”. The New York Times ha emprendido un camino en sentido contrario, justo cuando internet empezaba a ser visto como un espacio hasta cierto punto democrático. Es la vuelta a la privacidad, la vuelta a los espacios reservados para “algunos” en detrimento de “todos”, por más que ese “todos”, en internet, sea tan utópico como deseable.

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