Una coincidencia tienen Felipe Calderón, el Presidente mexicano, y el entrenador del Real Madrid, José Mourinho. Puede que sea banal, pero nos habla de sus personalidades, de la forma de enfrentar los problemas y de la forma de enfrentar la realidad.
Empezaré por el técnico del Real Madrid. En la previa del más reciente partido ante el Fútbol Club Barcelona, denostó a su contrario y éste le contestó a través de su entrenador, Josep Guardiola, quien, como pocas veces, le recriminó incluso con groserías ese desdén hacia el trabajo del contrario. Todos sabemos la historia: en el campo de juego el Barcelona derrotó al Real Madrid.
Y lo interesante viene a continuación: el técnico portugués, en la conferencia de prensa posterior al partido, arremetió contra medio mundo, pero ni con el pétalo de una rosa hizo una autocrítica. Hizo menos el juego del rival (al afirmar que hay un “poder” que le ayuda en las eliminatorias), criticó a sus patrocinadores, y por supuesto los árbitros no se salvaron de la hoguera.
Pero al director técnico se le olvidó reconocer que su equipo tuvo sólo 28% del tiempo la pelota durante el partido, que sólo disparó dos veces al arco, que su equipo juega al límite de la violencia y que su club ha invertido más de 150 millones de euros en jugadores de características ofensivas que él tenía en el banco de suplentes.
Puede que Mourinho tenga razón y que el árbitro alemán haya errado al expulsar a uno se sus jugadores (el boxeador más grande que hoy viste la casaca blanca), pero le falta humildad para aceptar que su juego es rácano, violento en algunos pasajes del partido y que (lo más importante) en el último juego el rival fue mejor -más allá de las circunstancias-.
Ante ello, a pesar de haberse salido de su estilo, se agradecen las palabras fuertes, pero correctas, con que Guardiloa le espetó que él, Mourinho, era el puto amo de ahí (de las conferencias de prensa). Sólo que eso no significa que en el campo de juego lo sea. El amo fue el Barcelona y Messi el Rey que reivindicó al fútbol y también el lugar que al Fútbol Club Barcelona le pertenece en ese mundo.
El Presidente de México es el Mourinho de la política mexicana. Él y su círculo de colaboradores y periodistas repiten una y otra vez la necesidad de combatir al ejército con las fuerzas armadas y la imperiosa necesidad de enfrentar la lucha contra el narcotráfico de la manera en que el Estado mexicano lo está haciendo. Justifica los medios con los resultados, pero, en la contabilidad final, no le favorecen (al igual que a Mourinho).
El “Guardiola” que tiene enfrente Felipe Calderón se ha llamado de distintas formas, pero encierra en la sociedad civil su mayor representante. Sicilia, el último gladiador en enfrentar a la clase política calderonista, ha subido el tono y ha espetado el sentimiento de un pueblo, con palabras fuertes, como las de Guardiola a Mourinho. Le ha dicho: “estamos hasta la madre” (de la guerra de Calderón contra el narco, de las muertes de inocentes).
Y la reacción de Calderón ante la justicia que pide Sicilia y ante la súplica de cambio en la estrategia de la lucha contra el narco, ha sido parecida a la de Mourinho: critica a aquellos que quieren “acabar” con el Estado mexicano, sugiere que los malos son los otros (en lo que lleva parte de razón), que el Estado está cumpliendo con su deber e impulsa y apoya reformas a la Ley de Seguridad Nacional que son un retroceso enorme en el goce de los derechos humanos en México (implican una militarización del país, por donde se le quiera ver). Al igual que el entrenador portugués, arremete contra todos, pero la autocrítica está ausente en su discurso.
Tanto a Calderón como a Mourinho les llegará el momento de dejar la presidencia y el banquillo de uno de los mejores equipos del mundo. Uno y otro son amos del discurso. Ambos están perdiendo sus eliminatorias (su juego, su partido, su lucha -con todo lo Hitleriano de este último término) y tal vez se han dado cuenta de ello. Pero hasta el último momento defenderán su postura. Es el juego de sordos. Es el egoísmo llevado al extremo.
Ambos son los putos amos, que en el campo de juego pierden y se niegan a reconocerlo.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. José Saramago en sus palabras (Madrid: Alfaguara, 2010) es una colección de reflexiones del desaparecido Nobel portugués, que vale la pena leer por la vigencia y claridad del pensamiento del grandísimo escritor lusitano.
Empezaré por el técnico del Real Madrid. En la previa del más reciente partido ante el Fútbol Club Barcelona, denostó a su contrario y éste le contestó a través de su entrenador, Josep Guardiola, quien, como pocas veces, le recriminó incluso con groserías ese desdén hacia el trabajo del contrario. Todos sabemos la historia: en el campo de juego el Barcelona derrotó al Real Madrid.
Y lo interesante viene a continuación: el técnico portugués, en la conferencia de prensa posterior al partido, arremetió contra medio mundo, pero ni con el pétalo de una rosa hizo una autocrítica. Hizo menos el juego del rival (al afirmar que hay un “poder” que le ayuda en las eliminatorias), criticó a sus patrocinadores, y por supuesto los árbitros no se salvaron de la hoguera.
Pero al director técnico se le olvidó reconocer que su equipo tuvo sólo 28% del tiempo la pelota durante el partido, que sólo disparó dos veces al arco, que su equipo juega al límite de la violencia y que su club ha invertido más de 150 millones de euros en jugadores de características ofensivas que él tenía en el banco de suplentes.
Puede que Mourinho tenga razón y que el árbitro alemán haya errado al expulsar a uno se sus jugadores (el boxeador más grande que hoy viste la casaca blanca), pero le falta humildad para aceptar que su juego es rácano, violento en algunos pasajes del partido y que (lo más importante) en el último juego el rival fue mejor -más allá de las circunstancias-.
Ante ello, a pesar de haberse salido de su estilo, se agradecen las palabras fuertes, pero correctas, con que Guardiloa le espetó que él, Mourinho, era el puto amo de ahí (de las conferencias de prensa). Sólo que eso no significa que en el campo de juego lo sea. El amo fue el Barcelona y Messi el Rey que reivindicó al fútbol y también el lugar que al Fútbol Club Barcelona le pertenece en ese mundo.
El Presidente de México es el Mourinho de la política mexicana. Él y su círculo de colaboradores y periodistas repiten una y otra vez la necesidad de combatir al ejército con las fuerzas armadas y la imperiosa necesidad de enfrentar la lucha contra el narcotráfico de la manera en que el Estado mexicano lo está haciendo. Justifica los medios con los resultados, pero, en la contabilidad final, no le favorecen (al igual que a Mourinho).
El “Guardiola” que tiene enfrente Felipe Calderón se ha llamado de distintas formas, pero encierra en la sociedad civil su mayor representante. Sicilia, el último gladiador en enfrentar a la clase política calderonista, ha subido el tono y ha espetado el sentimiento de un pueblo, con palabras fuertes, como las de Guardiola a Mourinho. Le ha dicho: “estamos hasta la madre” (de la guerra de Calderón contra el narco, de las muertes de inocentes).
Y la reacción de Calderón ante la justicia que pide Sicilia y ante la súplica de cambio en la estrategia de la lucha contra el narco, ha sido parecida a la de Mourinho: critica a aquellos que quieren “acabar” con el Estado mexicano, sugiere que los malos son los otros (en lo que lleva parte de razón), que el Estado está cumpliendo con su deber e impulsa y apoya reformas a la Ley de Seguridad Nacional que son un retroceso enorme en el goce de los derechos humanos en México (implican una militarización del país, por donde se le quiera ver). Al igual que el entrenador portugués, arremete contra todos, pero la autocrítica está ausente en su discurso.
Tanto a Calderón como a Mourinho les llegará el momento de dejar la presidencia y el banquillo de uno de los mejores equipos del mundo. Uno y otro son amos del discurso. Ambos están perdiendo sus eliminatorias (su juego, su partido, su lucha -con todo lo Hitleriano de este último término) y tal vez se han dado cuenta de ello. Pero hasta el último momento defenderán su postura. Es el juego de sordos. Es el egoísmo llevado al extremo.
Ambos son los putos amos, que en el campo de juego pierden y se niegan a reconocerlo.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. José Saramago en sus palabras (Madrid: Alfaguara, 2010) es una colección de reflexiones del desaparecido Nobel portugués, que vale la pena leer por la vigencia y claridad del pensamiento del grandísimo escritor lusitano.
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