Memoria Histórica
En países como Argentina, Chile y España, el tema de la memoria histórica es una constante y un dolor de cabeza para los gobiernos en turno.
En España, la Guerra Civil dividió el país y los republicanos resultaron los vencidos que, con la llegada de la democracia, han ido subiendo peldaño por peldaño la escalera que conduce a la reivindicación de los derechos mínimos de las víctimas y de sus familiares. No no se trata de abrir la herida, sino de que cierre por completo, lo que llegará en el momento en que se sepa quiénes fueron sometidos, cómo se les sometió y dónde están. Muchos podrán argumentar que el Gobierno de Zapatero zarandeó el avispero, pero en realidad lo que hizo fue poner sobre la mesa un tema que unos quieren olvidar, otros quieren ignorar y otros más quieren que se le ponga atención. Ante ello, la balanza debe decantarse por los más débiles, en este caso, los familiares de las víctimas.
En Argentina y Chile la situación es similar. Una ley de impunidad fue declarada inconstitucional y por eso se abrió la posibilidad de juzgar a los miembros de la dictadura Argentina, mismo camino que están siguiendo los chilenos (aunque con mayores problemas) para desenterrar las ignominias y sacar a la luz las atrocidades del régimen militar. La muerte de Franco y de Pinochet no cierra, sino que abre la puerta para que se juzgue a un régimen sin “consideraciones” por la edad avanzada o el estado de salud de los dictadores.
Por supuesto que a todos nos hubiese encantado ver a Franco y a Pinochet tras las rejas (el robo de identidades a miles de niños es razón más que suficiente para que ahí terminaran), pero el hombre está sujeto al tiempo y en este caso los dictadores pasaron a mejor vida sin ser juzgados. Sin embargo, el régimen, la forma de operar de esos gobiernos, debe quedar al descubierto.
En México no pasó lo mismo. Cierto es que no tuvimos una dictadura (por más “perfecta” que la definiera Vargas Llosa), pero sí tuvimos un régimen que desde la década de los 60´s y hasta finales del siglo XX reprimió de manera sistemática. Hubo una oportunidad de oro para juzgar a los responsables del 2 de Octubre de 1968, del “Jueves de corpus”, de la represión indiscriminada a grupos sublevados en distintos Estados de la República, etc., pero el Gobierno de Vicente Fox perdió (as usual) esa opción y pactó con la vieja clase política priísta su impunidad.
Y así, en este país el tema parece diluirse, pero continúa sangrando. Estoy convencido que se pondrá de nuevo en la mesa cuando Felipe Calderón deje de ser el Presidente de la República, porque se permitirá juzgar en toda su dimensión el “calderonismo”, que sin duda se verá marcado por la muerte de más de 70 mil personas (cifra con la que, según los cálculos, terminará el sexenio panista) y los hoy responsables de la seguridad del país tendrán que rendir cuentas, porque a ciencia cierta los mexicanos tenemos derecho -al menos- a cifras frías y explicaciones banales, en tres cuestiones: 1. ¿cuántos y quiénes de esos 70 mil muertos no pertenecían al crimen organizado?
¿por qué murieron?
¿en dónde están?
Es una injusticia que tanta sangre se resume en simples preguntas, en una estadística, en un número. Pero es lo mínimo que debemos saber, porque a estas alturas nadie le cree al Presidente que las 70 mil muertes son de sicarios o gente relacionada con el narcotráfico.
Lo más paradójico de todo es que la tarea de llamar a cuentas al “calderonismo” es probable que le toque a un gobierno priísta.
El viejo régimen represor, ahora convertido en verdugo.
Tiempo extra
LIBRO. A partir de la muerte de Carlos Montemayor, su obra ha ido teniendo un mayor reconocimiento, que injustamente se la había negado en vida. Una de sus novelas principales Guerra en el Paraíso (México: Debolsillo. Random House Mondadori, 2009), es de indispensable lectura para entender la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero y la forma de operar del régimen priísta en los setentas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario