Tolerancia y algo más
Cuando entra uno y se estremece el último de tus cabellos, no puedes dejar de sentir dolor, tristeza y rabia. Alguien comentaba que sobre Auschwitz se ha escrito mucho; yo agregaría que también falta mucho por escribirse.
Mi acompañante sugirió que huele a muerte. Igual se transpira dolor y desesperanza. Una de muchas preguntas que me hice al presenciar Auschwitz fue ¿por qué duró tanto?; ¿por qué tanto tiempo la Iglesia, los Estados, los políticos, callaron, negaron o disimularon? ¿por qué tanto tiempo?
Como nunca, he sabido el día de hoy lo necesario de los derechos humanos. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial no pueden ser combatidos sino con una visión de futuro basada en los derechos mínimos que deben tener los hombres, que se les debe reconocer y que nadie debe dejarlos de lado.
De los derechos humanos, sin embargo, hay muchas interpretaciones. Las más conservadoras han dejado de lado los derechos sociales y económicos, amén de los culturales, porque dicen que nadie puede asegurar el trabajo, la vivienda, la seguridad social, y que ellos son dados en consideración a las posibilidades del Estado. Nada más fuera de la realidad.
Nadie puede vivir sin tener trabajo, nadie puede vivir sin tener dónde dormir y nadie puede vivir sin tener la posibilidad de acudir a un medico si se enferma. Los conservadores dicen que sí es posible y que, en todo caso, el ciudadano habrá que someterse a las posibilidades del Estado.
Hoy más que nunca se necesita una visión de los derechos humanos basada en la dignidad de la persona. Aunque parezca raro y se creyese indisoluble, no todas las visiones de los derechos del hombre están basadas en ella. Muchas se basan en la propiedad (como derecho primigenio del Estado liberal), pero parece que sólo a partir de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Sudafricano podemos hablar de una verdadera visión de derechos humanos conforme a la dignidad. Esta visión se traduce, entre otras cosas, en la tolerancia.
¿Por qué Auschwitz? Una respuesta puede ser por la locura y por intolerancia. El no saber respetar al diferente: el individualismo llevado al extremo.
La visión que necesitamos de los derechos humanos no puede ser otra que la basada en la tolerancia, pero no solo esperemos la tolerancia de parte de las autoridades. Desde la teoría de la "Drittwirkung der Grundrechte", se acepta que los derechos humanos también son vulnerados o respetados -según sea el caso- por lo propios ciudadanos; no sólo por las autoridades.
¿Cuántos chistes machistas se cuentan con sonrisa de fuera y la convicción por dentro?; ¿cuántas criticas homofóbicas son lanzadas sin ton ni son todos los días?; ¿a cuantos extranjeros, indígenas o entes diversos a nuestro entorno señalamos cada día por ser "distintos"?; ¿a cuántos negros se les discrimina por ser tales o se les trata diferente que a gente de tez blanca?
Auschwitz nos debe dejar muchas experiencias. La intolerancia es el primer paso hacia el exterminio del otro. Y creo que también nos debería enseñar que parte de la culpa de esa desgracia humanitaria es responsabilidad de todos. Porque puede que todos seamos en algún momento intolerantes. Y Auschwitz es un paso extremo en una caminata cuyo primer paso es la intolerancia.TIEMPO EXTRALIBRO: Carlos Fuentes escribió un excelente libro, que vale la pena recordar en estos momentos en los que la Revolución Mexicana parece ser un tema común. La Muerte de Artemio Cruz (Madrid: Cátedra, 1995); uno de los clásicos de la novela hispanoamericana.
WEB: www.britannica.com es la página de la enciclopedia británica, que muestra parte de sus contenidos en internet.
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