
Soy fan del Flaco de Ubeda y me declaro “sabinista” desde hace mucho tiempo. Durante muchos años un noticiero en mi ciudad natal reproducía una canción justo a las 6 de la mañana y era con ella con que despertaba a media ciudad: “Y nos dieron las 10 y las 11”.
Sabina y yo compartimos (como comparte con millones) el amor por el Atleti, el equipo con el que nos identificamos los sin suerte, los bohemios y los de la esperanza, esa que, sabemos, pocas veces muere y que casi nunca es real.
Pues resulta que Sabina criticó al Presidente de México por su lucha militar contra el narcotráfico. Retrató en una palabra a Calderón y su gabinete: inocente, le dijo..
Algunos esperaban que al bohemio “le aplicarán el 33”, ese artículo de la constitución mexicana que ha servido más como garrote político que como medida de salvaguarda del interés nacional. El precepto indicado faculta al Presidente de la República para expulsar sin previo juicio a cualquier extranjero, cuya presencia considere perniciosa. En otras palabras, para quien considere non grato.
Y el escenario estaba puesto: Sabina –aquel que los medios conservadores mexicanos tachan de borracho- había opinado de la política mexicana (algo de lo que el constituyente mexicano y muchos puristas son recelosos) y había atacado al Tlatoani venido a menos. Pero el Presidente se contuvo y no echó del país al cantante español.
Alguien se preguntará las razones por las que el Presidente se aguantó el coraje: la respuesta oficial es que el comentario de Sabina había sido respetuoso y que al Presidente le gustaba la música del Flaco de Ubeda. Nada más falso: la corrección de las palabras de un extranjero en nada han sido consideradas, históricamente, como un elemento que inhiba la aplicación del 33 constitucional. Y en cuanto a que al Presidente le gusta la música de Sabina lo dudo también. Es tan falso como si Ratzinger dijera que le gusta Nirvana.
Parece más coherente pensar que el gobierno mexicano se abstuvo al tomar en consideración el impacto mediático de Sabina. Echar del país a los centenares de italianos, españoles y demás extranjeros que desde el conflicto zapatista se han expulsado del país por pensar que contribuyen a la causa zapatista –en la gran mayoría de casos sin haber probado tal extremo-, no sería tan fatal como expulsar a Joaquín.
Con la no aplicación del artículo 33 constitucional a Joaquín Sabina por las razones aducidas por Calderón –hago la precisión de que creo que no debía aplicarse pero por razones distintas- Benito Juárez vino a mi mente en una de sus frase más famosas: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley”
TIEMPO EXTRA
LIBRO: “El día D” (Madrid: Crítica, 2009) es una obra de Antony Beevor que lleva al lector una narración estremecedora del desembarco de Normandía.
WEB: El jurista y politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez tiene un blog interesante, que contiene artículos sobre política y cultura, logrados con la calidad de la pluma de este joven e importante pensador mexicano. Se puede consultar en http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/
Sabina y yo compartimos (como comparte con millones) el amor por el Atleti, el equipo con el que nos identificamos los sin suerte, los bohemios y los de la esperanza, esa que, sabemos, pocas veces muere y que casi nunca es real.
Pues resulta que Sabina criticó al Presidente de México por su lucha militar contra el narcotráfico. Retrató en una palabra a Calderón y su gabinete: inocente, le dijo..
Algunos esperaban que al bohemio “le aplicarán el 33”, ese artículo de la constitución mexicana que ha servido más como garrote político que como medida de salvaguarda del interés nacional. El precepto indicado faculta al Presidente de la República para expulsar sin previo juicio a cualquier extranjero, cuya presencia considere perniciosa. En otras palabras, para quien considere non grato.
Y el escenario estaba puesto: Sabina –aquel que los medios conservadores mexicanos tachan de borracho- había opinado de la política mexicana (algo de lo que el constituyente mexicano y muchos puristas son recelosos) y había atacado al Tlatoani venido a menos. Pero el Presidente se contuvo y no echó del país al cantante español.
Alguien se preguntará las razones por las que el Presidente se aguantó el coraje: la respuesta oficial es que el comentario de Sabina había sido respetuoso y que al Presidente le gustaba la música del Flaco de Ubeda. Nada más falso: la corrección de las palabras de un extranjero en nada han sido consideradas, históricamente, como un elemento que inhiba la aplicación del 33 constitucional. Y en cuanto a que al Presidente le gusta la música de Sabina lo dudo también. Es tan falso como si Ratzinger dijera que le gusta Nirvana.
Parece más coherente pensar que el gobierno mexicano se abstuvo al tomar en consideración el impacto mediático de Sabina. Echar del país a los centenares de italianos, españoles y demás extranjeros que desde el conflicto zapatista se han expulsado del país por pensar que contribuyen a la causa zapatista –en la gran mayoría de casos sin haber probado tal extremo-, no sería tan fatal como expulsar a Joaquín.
Con la no aplicación del artículo 33 constitucional a Joaquín Sabina por las razones aducidas por Calderón –hago la precisión de que creo que no debía aplicarse pero por razones distintas- Benito Juárez vino a mi mente en una de sus frase más famosas: “A los amigos, justicia y gracia; a los enemigos, la ley”
TIEMPO EXTRA
LIBRO: “El día D” (Madrid: Crítica, 2009) es una obra de Antony Beevor que lleva al lector una narración estremecedora del desembarco de Normandía.
WEB: El jurista y politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez tiene un blog interesante, que contiene artículos sobre política y cultura, logrados con la calidad de la pluma de este joven e importante pensador mexicano. Se puede consultar en http://blogjesussilvaherzogm.typepad.com/
Este comentario quizá está fuera de contexto en la finalidad que persigues con este sitio web, pero me llamó la atención aquello de ¿Sin suerte? ¿en serio? ¿sin suerte? Que va, tienes mucha. Hay cosas negativas que luego nos suceden y pensamos precisamente eso, que carecemos de suerte, pero ten presente que a veces nos ocurren cosas negativas que con el tiempo terminan siendo positivas. Ojalá tu mala suerte de hoy termine siendo la buena suerte del mañana. Por el camino que vas y aclaro, sin basarme siquiera en la esperanza, considero que así será, sólo sigue haciendo eso que sabes hacer y muy bien: razonar, razonar y razonar. Ahí están las respuestas, aunque antes de eso, las preguntas adecuadas.
ResponderEliminarGracias por tus palabras. Y sí, tal vez sea exagerada la frase, aunque trataba un poco de denotar las características del equipo.
ResponderEliminarSaludos y gracias por leer.