BYE, BYE MR. PRESIDENT
Siempre se ha esperado poco de Calderón durante su sexenio. La sombra de la falta de legitimidad le ha perseguido en todo acto, propuesta o acción. Nada escapa. Al primer titubeó se le recuerda su controvertida elección.
Pero al presidente también le ha faltado la firmeza que presumía como suya durante su pre-campaña y la eficacia en su administración.
No nos confundamos: Calderón es el Jefe del Ejecutivo y responsable directo e indirecto de toda acción que lleva a cabo su gobierno. Lo peor para él es que su equipo en poco le ayuda. La última muestra fue la tardía reacción de la Presidencia de la República en relación a los hechos acontecidos en Ciudad Juárez que acarrearon la muerte de decenas de jóvenes a manos de la delincuencia organizada.
Y es que el Presidente llega tarde a todas partes. Sus traspiés van desde su (desgraciadamente) célebre “haiga sido, como haiga sido” a la última propuesta de una reforma política de gran calado, pero con poco cabildeo político, que las fuerzas opositaras se han encargado de destrozar y de la que tomarán lo que les convenga para sacar ventaja política y dejar a Calderón en segundo plano.
Al día de hoy, después de transcurrido más de la mitad del sexenio, no se ve por dónde Calderón sea mejor político que Beltrones y compañía. Y tampoco es algo de lo que haya que presumir: en un sistema presidencial y democrático como el nuestro, el que el Jefe del Ejecutivo esté debilitado no habla más que de un barco a la deriva.
Todo ello no demuestra sino que el sexenio prácticamente ha muerto. Lo que resta del año 2010 es el único periodo en el que las fuerzas políticas podrían llegar a un acuerdo para una verdadera reforma del Estado, pero para ello el cabildeo del Ejecutivo es indispensable y ni Calderón ni Gómez Mont parecen ser capaces.
¿Y entonces? ¿Qué esperar en lo que resta del año y del sexenio? La respuesta parece ser una: nada. Sólo eso, esperar, es lo que le queda a la clase política mexicana.
La falta de timming calderonista en el caso de los jóvenes muertos en Ciudad Juárez le ha puesto la guinda a un sexenio que podemos dar por muerto y en el que la incapacidad en la eficacia gubernativa ha sido la constante durante estos tres años. El Presidente Calderón y su equipo no pueden culpar a las demás fuerzas políticas de ello. Es bien sabido que la falta de legitimidad se combate (en lo posible y sin que ello la convierta en democrático) con eficacia. Eso es algo que Calderón y su gabinete adolecen desde el primer día.
Un gobierno sin legitimidad y sin eficacia. Así podríamos resumir el sexenio.
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