miércoles, 10 de febrero de 2010

BYE, BYE MR. PRESIDENT

Siempre se ha esperado poco de Calderón durante su sexenio. La sombra de la falta de legitimidad le ha perseguido en todo acto, propuesta o acción. Nada escapa. Al primer titubeó se le recuerda su controvertida elección.
Pero al presidente también le ha faltado la firmeza que presumía como suya durante su pre-campaña y la eficacia en su administración.
No nos confundamos: Calderón es el Jefe del Ejecutivo y responsable directo e indirecto de toda acción que lleva a cabo su gobierno. Lo peor para él es que su equipo en poco le ayuda. La última muestra fue la tardía reacción de la Presidencia de la República en relación a los hechos acontecidos en Ciudad Juárez que acarrearon la muerte de decenas de jóvenes a manos de la delincuencia organizada.
Y es que el Presidente llega tarde a todas partes. Sus traspiés van desde su (desgraciadamente) célebre “haiga sido, como haiga sido” a la última propuesta de una reforma política de gran calado, pero con poco cabildeo político, que las fuerzas opositaras se han encargado de destrozar y de la que tomarán lo que les convenga para sacar ventaja política y dejar a Calderón en segundo plano.
Al día de hoy, después de transcurrido más de la mitad del sexenio, no se ve por dónde Calderón sea mejor político que Beltrones y compañía. Y tampoco es algo de lo que haya que presumir: en un sistema presidencial y democrático como el nuestro, el que el Jefe del Ejecutivo esté debilitado no habla más que de un barco a la deriva.
Todo ello no demuestra sino que el sexenio prácticamente ha muerto. Lo que resta del año 2010 es el único periodo en el que las fuerzas políticas podrían llegar a un acuerdo para una verdadera reforma del Estado, pero para ello el cabildeo del Ejecutivo es indispensable y ni Calderón ni Gómez Mont parecen ser capaces.
¿Y entonces? ¿Qué esperar en lo que resta del año y del sexenio? La respuesta parece ser una: nada. Sólo eso, esperar, es lo que le queda a la clase política mexicana.
La falta de timming calderonista en el caso de los jóvenes muertos en Ciudad Juárez le ha puesto la guinda a un sexenio que podemos dar por muerto y en el que la incapacidad en la eficacia gubernativa ha sido la constante durante estos tres años. El Presidente Calderón y su equipo no pueden culpar a las demás fuerzas políticas de ello. Es bien sabido que la falta de legitimidad se combate (en lo posible y sin que ello la convierta en democrático) con eficacia. Eso es algo que Calderón y su gabinete adolecen desde el primer día.
Un gobierno sin legitimidad y sin eficacia. Así podríamos resumir el sexenio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario