FALTA DE CORDURA
La tragedia en Haití es un tema del cual seguramente hay múltiples lecturas. Una de ellas es que muchos medios de comunicación están lucrando con el morbo del público y el sufrimiento del pueblo caribeño. Hay imágenes que sin duda podrían evitarse en la televisión o crónicas que podrían dejar de reproducirse por respeto a aquellos que sufren.
La imagen de un hombre muriendo y varios periodistas viéndolo morir sin prestarle la mínima ayuda es en parte una muestra de dos cosas: lo superfluo que puede ser un oficio entendido erróneamente y, además, el afán ambicioso de mostrar al público algo que se puede mostrar de otra manera. El hombre había sido herido de bala por haber tomado/robado una bolsa de arroz.
Recuerdo haber leído hace tiempo que un fotógrafo ganador de un premio importante –el Pullitzer, si no me falla la memoria- acabó suicidándose después de haber fotografiado a un niño en África que estaba a punto de ser devorado por un buitre y ser reconocido con el premio por esa fotografía. Más de una persona le preguntó: ¿Y qué hiciste al respecto? La lógica hubiera dicho que al menos intentara espantar al buitre después de tomar la fotografía. Pero la lógica de muchos no es la lógica de todos. Su respuesta fue la misma que podrían dar los periodistas de Haití: de nada hubiera servido. El niño moriría de cualquier forma, pues no había forma de que le pudiera salvar la vida al final del día (por el lugar en el que se encontraba o por la situación que se vivía)
Sin embargo, lo que más temor nos debe dar es la frivolidad con que se acomete una situación así. Si bien es cierto que a final de cuentas el resultado puede ser el mismo, la actitud es lo que nos determina como personas. La manera como se recorre este camino (la vida) es tan o más importante que la distancia recorrida.
Lo superfluo de la visión de muchos medios de comunicación no es sino reflejo de la sociedad. Si los medios son amarillistas es también en parte por el hambre insaciable de una audiencia acrítica y morbosa.
Ambas partes son culpables de un espectáculo grotesco y que en poco ayuda a entender la horrible realidad de un pueblo que sufre doblemente: por un desastre natural y por ser víctimas del morbo mediático el cual, ante su situación, no pueden detener. La cordura debería venir de parte de la audiencia y de los medios. Es también una forma de recuperar la calidad de personas que ningún rating o ningún premio justifican perder.
No hay comentarios:
Publicar un comentario