
No puede pasar desapercibido en una sociedad como la mexicana la entrega del mayor reconocimiento de las letras hispanas al escritor y poeta José Emilio Pacheco. Este viernes 23 de abril le fue entregado el Premio Cervantes de Literatura.
De esa forma, Pacheco refrenda la grandeza de su generación. La generación de la que él, Sergio Pitol, Carlos Fuentes y Monsiváis forman parte. De los nombrados, sólo el narrador más afamado de México, Carlos Monsiváis, no ha sido reconocido con el premio otorgado hoy a Pacheco; ni falta que le hace. Monsiváis vive de la pluma, para la pluma, y el público –propios y extraños- reconoce la calidad literaria de su obra –independientemente de estar o no de acuerdo con sus argumentos.
Pacheco ha tenido el tino de compartir y hacer extensivo el premio a toda la “literatura mexicana”, esa de la que todos presumen y que todos vilipendian con actos y censuras, con recortes de presupuesto, con los libros a precios exorbitantes y que la sociedad ha rehusado a reconocer como verdadera muestra del avance que puede tener nuestra sociedad.
Pero ¿con qué literatura compartió el Premio Cervantes el gran José Emilio Pacheco? Creo que en su discurso al recibir el Premio lo ha resaltado. A esos literatos, miembros de un grupo “mendicante” al que la sociedad acoge y olvida, lee y no entiende, consulta y banaliza. Pero ellos, a pesar de las circunstancias, siguen escribiendo.
Es casual y simbólico que el Premio Cervantes le haya sido entregado a Pacheco justó un año después de que comenzara la alarma mundial y mexicana por la influenza AH1N1. Es reflejo de los claroscuros del país. El que acoge al Nobel de Paz (él también obtuvo el premio hoy dado a Pacheco), a los Cervantes de Pitol y Fuentes, pero que también alberga una sociedad falta de lectura, de oportunidades, abatida por el hambre, el narcotráfico y sobre todo por la desesperanza. El México que sangra.
Es el México en el que vivimos y el que nos gustaría cambiar. No está de más tener un Cervantes en la figura de Pacheco. Aunado a la importancia del premio por sí solo, Pacheco es uno de los grandes poetas mexicanos de las últimas décadas.
Los Premios suelen ser merecidos y controvertidos. Hay deudas pendientes del Cervantes con escritores de habla hispana. Puede que sea mucho pedir (la regla no escrita dice que un año se concede el Cervantes a un escritor español y un año a un escritor latinoamericano), pero ojalá los próximos Cervantes fuesen para Juan Goytisolo y para Carlos Monsiváis. Así, dos grandes “mendigos” obtendrían el reconocimiento que merecen. No les hace falta, pero si en las letras hispanas cupiese la razón, mi petición no se perdería en el valle de los sueños rotos.
Sin embargo, hoy hay que dejar de lado reclamos y hay que aplaudir a Pacheco, cuya poesía es grandiosa y cuya humildad es aún más grande. Sus palabras, al explicar un incidente (el pantalón se le cayó hasta las rodillas al ingresar al Paraninfo donde recibió el Premio), la reflejan. Dijo: "Es un recordatorio de que todos somos frágiles..."; "siempre las lecciones de humildad, la mortificación de la soberbia es buena para uno, para que uno no se crea nada".
¡Que viva José Emilio Pacheco!, el frágil y humilde Cervantes.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. El Estado Laico y sus malquerientes (México, UNAM-Debate, 2008) es una obra esencial para el entendimiento del México moderno, en la que Carlos Monsiváis hace una defensa del Estado Laico a través de la exposición de sus enemigos.
WEB. El diario francés Le Figaro pone sus contenidos a disposición de sus lectores en la página http://www.lefigaro.fr/, resaltando su sección cultural.
TIEMPO EXTRA
LIBRO. El Estado Laico y sus malquerientes (México, UNAM-Debate, 2008) es una obra esencial para el entendimiento del México moderno, en la que Carlos Monsiváis hace una defensa del Estado Laico a través de la exposición de sus enemigos.
WEB. El diario francés Le Figaro pone sus contenidos a disposición de sus lectores en la página http://www.lefigaro.fr/, resaltando su sección cultural.
Literatura que se "lee" (sin redundancia alguna)
ResponderEliminarQue el humilde Cervantes nos recuerde que aquello escrito, toma su mayor fuerza al ser leído, al ser compartido y al permanecer imborrable en la mente y vida de los otros.