Carmen Aristegui, la periodista más importante, más escuchada y más reconocida del país, ha sido víctima de una maniobra poco democrática. Fue “echada” y le fue “arrebatado” el programa que conducía en MVS, por cuestionar el supuesto alcoholismo del Presidente de la República.
Sus detractores aprovecharon e hicieron una lectura sesgada del asunto: afirman que "se metió” en asuntos personales. Que a nadie importa, afirman, si el Presidente Calderón sufre de alcoholismo.
Por otra parte, el apoyo de una gran mayoría de radioescuchas, amigos, intelectuales y seguidores, no hace sino demostrar la percepción que circunda el ambiente: que la empresa fue presionada para que Carmen Aristegui dejara el cuadrante de MVS.
Si se escucha el audio, es claro que la periodista NUNCA afirmó que el Presidente es alcohólico. Lo que sí dio cuenta fue de una manta que expusieron algunos diputados el día jueves, en la que, ellos sí, afirmaban el alcoholismo del Presidente. Aristegui se dedicó a preguntar si era verdad o no que el Presidente era alcohólico, lo que, en todo caso, amerita -según Aristegui- una respuesta por parte de la Presidencia de la República.
Hay que distinguir tres cosas:
a. Lo público o privado del alcoholismo del Presidente. Nadie demanda un mandatario “santo”, impoluto o perfecto, pero parece necesario saber si el Presidente toma decisiones en sus cinco sentidos, porque, de lo contrario, si el Ejecutivo sufre de alcoholismo -una enfermedad-, la constitución misma prevé mecanismos (sus artículos 84 y 85) ante ello. Si el Presidente sufriese de alcoholismo, podría someterse a un tratamiento que, probablemente, le demandaría dejar provisionalmente el cargo, para lo cual la Carta Magna Mexicana prevé el nombramiento de un Presidente interino. Si bien esto es sólo un supuesto, lo que ejemplifica claramente es el carácter público que tiene la salud del Presidente. Felipe Calderón Hinojosa es libre de hacer muchas cosas, pero hay ciertos privilegios que dejó de lado al asumir el cargo de Presidente de la República. La salud del presidente es una cuestión pública (por ejemplo, nadie dudaría que los bolivianos tienen derecho a saber si Evo Morales será o no intervenido para extirparle un tumor)
b. La visión del alcoholismo como un estigma. La reacción de los puritanos hace perder de vista una realidad: el alcoholismo es una enfermedad que puede afectar a cualquiera, sea o no Presidente de la República. El cuestionar que se cuestione al Presidente, no es sino la asunción de una posición estigmatizadora.
c. El despido de Aristegui, en este contexto, parece injustificable. La empresa no debería castigar por el solo hecho de preguntar. Eso se llama censura y los periodistas que no lo reconozcan (o que no lo quieran reconocer) se están dando un balazo en el pie.
Finalmente, hay un hecho real: en este asunto perdemos todos, porque nuestra libertad de expresión se ve truncada si sólo se nos permite escuchar lo políticamente correcto (según la versión oficial).
No nos engañemos: a Aristegui la despidió MVS, sus detractores ríen, mucha gente la apoya pero, finalmente, es un signo de que este país tiene un largo trecho por recorrer para ser democrático.
Excelente punto de vista. Yo agregaría que entonces los medios de comunicación,tales como los periodicos, deberían de ser cesados también, ya que expusieron la famosa manta que algunos diputados mostraron en la cámara. Aristegui sólo hizo pública una pregunta que muchos de nosotros nos hicimos y que por falta de presencia en un medio no pudimos hacerla masiva.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo. Es insostenible censurar a la periodista por ello. Saludos y gracias por comentar.
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