EL REGRESO
El dinero explica la influencia de Carlos Salinas de Gortari en la política mexicana de la actualidad, aunque no es el único factor.
Mientras detentaba el poder, era sin duda dicho poder el que alentaba a seguir sus órdenes y por medio del cual o en base al cual ejercía presión sobre los actores de la clase política mexicana. Hoy, sin embargo, ya no detenta el poder, sino sólo redes, amigos, negocios, compadrazgos, intereses que no se moverían si no fuese por la obra y gracia del dinero.
Sin embargo, habrá que reconocerle al villano favorito de la política mexicana su habilidad como político. Ningún presidente tuvo tanto poder como él en el último cuarto del siglo en México y ningún ex-presidente había podido influir tanto y después de tanto tiempo (hace más de tres lustros que dejó el poder) en el escenario político del pasado reciente.
Pero ¿y qué quiere Salinas? No podrá volver a ser Presidente de la República, ni tampoco su familia parece estar interesada en estar en la línea de fuego de la política mexicana. Luego entonces, me atrevo a decir que Salinas está de regreso en la política por tres cuestiones:
1. Porque añora el poder. Es al fin y al cabo una cuestión personal y subjetiva que nunca se podrá conocer a ciencia cierta, pero hay razones para pensar en ello: dinero no le falta, no quiere estar en las primeras planas de la política –sus apariciones públicas son esporádicas- pero sí quiere tener los alfiles que le hagan sentir amo y señor de la situación. Peña Nieto es el muñeco cuya cuna mece la mano del otrora presidente.
2. Por limpiar el nombre que el EZLN, Colosio y el error de diciembre del ’94 le ensuciaron. Un error económico –cuya paternidad reniegan las administraciones de Salinas y Zedillo- le fue asestado al corazón de Salinas de Gortari. Nunca se recuperó. La administración de Zedillo se encargó de mostrar al mundo enteró lo endeble que estaban las finanzas mexicanas. Mil historias se cuentan de la crisis, pero en el imaginario del pueblo de México el culpable es Salinas, aunque hay razones para pensar que la administración Zedillo tuvo mucho por hacer.
Salinas había realizado todo para pasar a la Historia como un Presidente de cambio, para ganar la legitimación que las urnas no le dieron y para mostrarse ante el mundo como el gran estadista mexicano del último cuarto de siglo. Sin embargo, el levantamiento zapatista, el asesinato de Colosio y la crisis económica de fin de sexenio poco espacio de maniobra le permitieron para encumbrar su nombre. Del resto la administración Zedillo se haría cargo
3. Por dinero. Este es el aspecto más creíble y en el que pocos rebatirían. Las redes, los alfiles en la política y el volver a ser personaje grato en el país tienen como fin último poder hacer más y más fortuna.
Pero ¿hasta cuándo persistirá su influencia? Deberá surgir una figura pública –sobre todo al interior del PRI- que tome un papel protagónico para ello. Si Peña Nieto quiere serlo, le costará muy caro: la Presidencia –si la gana- se la deberá, sobre todo, a Salinas. Manlio Fabio, Beatriz Paredes y compañía están en la misma situación.
¿Y entonces?; ¿Hasta cuándo seguirá Salinas siendo el actor principal en el PRI y el interlocutor oculto pero inevitable para los demás actores políticos?
Salinas no es intocable. Zedillo lo combatió con el poder, Fox con la negociación y Calderón con la complacencia. Los resultados fueron distintos en los tres casos. A Salinas le tendrán que combatir con inteligencia, además de con mucho, mucho dinero.
El problema es ¿Hasta cuándo?
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