sábado, 27 de marzo de 2010

ARISTEGUI
Hoy se podría llegar al consenso de que en el país no existe una periodista más influyente que Carmen Aristegui. Y en Latinoamérica no es menor el reconocimiento que también se le hace a su labor. Su figura conjuga todo: simpatía, belleza y sobre todo una aguda crítica y un análisis oportuno y realista de los temas importantes política, cultural y socialmente. Para muchos –me incluyo- una mujer ideal.
Su presencia, obviamente, genera escozor entre algunos –normalmente aquellos que quedan mal parados con las noticias, entrevistas y análisis realizados por la periodista. Entre ellos se encuentra el Grupo Televisa –poderosísima empresa de telecomunicaciones y otrora monopolio de la información en el país-, quien desde hace algún tiempo ha encontrado en Aristegui a una de sus críticas más importante.
No es para menos: la forma en que “separaron” a Carmen de W Radio (en la que Televisa participa) generó toda serie de reacciones a favor de la periodista, condenando la intolerancia de la televisora. La periodista ha respondido con noticias y con trabajo: su noticiero es el más escuchado en el país y la clase política está pendiente de lo que se dice en el programa.
El último encontronazo entre Aristegui y Televisa se da a partir del Caso Cabañas y la entrevista que Carmen realizó en diferentes días al dueño del Bar Bar, el centro en el que fue baleado el jugador americanista. Algo de cierto dice Charaf –el propietario del bar-: si verdaderamente el bar era un centro de perdición, lugar de venta de drogas y armas, ¿por qué asistía el dueño de Televisa a ese bar?; ¿y el hijo de Carlos Slim?, ¿y los artistas de la empresa?. Una declaración más que sorprende: figuras importantes de la televisora se ostentan como los verdaderos mandamases del país.
Más allá de las verdades ocultas en el caso Cabañas, la televisora se siente agredida por la actitud de la periodista, a quien califica de “obsesionada” con infringir daño a la empresa. Mediante un desplegado pagado en los principales periódicos del país, la televisora acusa a la periodista de esa “obsesión”, aunque si lo que pretendía era desacreditar a la periodista, el efecto es el contrario: la televisora se muestra herida ante la labor de Aristegui. Y parece ser que esa herida deriva de la revelación de irregularidades en las que la empresa se ve inmiscuida. La más grave, la influencia (real) que, aparentemente, la empresa se ufana de tener sobre la clase política mexicana -el Presidente de la República incluido-.
Si la intención de la televisora es restar importancia a la labor de Aristegui, el victimismo del que se cobija la empresa es poco creíble. En este país muchas personas –físicas y morales- pueden ser víctimas de injusticias, pero es ingenuo creer que un monstruo televisivo e informático como Televisa sea víctima de la labor de una periodista.
No pretendo defender ciegamente a Aristegui –creo que ni necesario es-, aunque el encanto de su brillantez anima a ello, pero entre creer la versión de Televisa o la de Aristegui, la labor de la periodista y la calidad de su trabajo invitan a estar de su lado y no a favor del siempre oscuro –por sus intereses- emporio televisivo. Una periodista hace temblar un imperio –con todo y decenas de “periodistas” que con todo el dinero y la audiencia no parecen poder con la labor de Carmen, basada en la inteligencia, el talento y la sencillez.

TIEMPO EXTRA
LIBRO: Isaiah Berlin escribió la que es considerada una de las mejores bibliografías sobre Marx, combinándolo con un análisis transversal y muy agudo de las ideas y conceptos del autor de El Capital. El libro se titula Karl Marx (Madrid: Alianza, 2000)
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