EL SEXO Y LA FAMILIA DEL CLERO
El artículo de Carlos Monsiváis en Nexos del mes de marzo es genial (http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=73046). Habla de una embestida brutal de la derecha en México –y prácticamente en toda Hispanoamérica- para imponer su idea moral de familia, sexo y sexualidad. Me referiré ahora a los dos primeros.
No es raro que en un país como México Martha Sahagún haya impuesto un “Día de la Familia” y que existan reacciones iracundas de Gobiernos de distintos Estados y de la Procuraduría General de la República en contra del matrimonio entre homosexuales en el Distrito Federal.
El primer punto a cuestionar es ¿Qué tipo de familia es la que se celebra? Parece ser que es la clásica familia patriarcal con la figura de la madre - ama de casa- y los hijos bajo el sustento económico del padre. Es la figura que la iglesia católica –aunque también otras religiones- ha tenido a bien señalar como “perfecta” y que muchos estudiosos han tendido a llamar “funcional”, por lo que en contrapartida tenemos familias “disfuncionales”, que no son otra cosa que familias que no se adecuan al modelo antes señalado.
Para mala suerte del clero católico y de sus seguidores férreos, las estadísticas muestras que día con día crecen las cifras de familias que son “disfuncionales”, pues esto tiene que ver, indudablemente, con la independencia y autonomía de la mujer frente al yugo masculino. La inserción laboral de la mujer y el aumento de divorcios no pueden ser variables que se estudien sin relacionarse.
Luego entonces, volvamos a la pregunta ¿qué familia se quiere celebrar? Lejos estamos de la familia de corte tradicional que tanto quiere la Iglesia. La solución –o mejor dicho la visión correcta- que debería encontrar el clero católico, es reconocer lo cambiante de la sociedad y admitir que ésta ya no es lo machista que solía ser –aunque por desgracia todavía ese problema no se ha resuelto del todo- y que hoy la mujer es Jefe de Familia en millones de hogares del país, por la sencilla razón de que el poder basado en la fuerza y en el dinero del hombre, es hoy cuestión del pasado.
El sexo es el otro gran pendiente de la religión. Las palabras de cardenal Sandoval Íniguez transcritas por Monsiváis en su texto, no son sino el resumen de la naturaleza vista desde los anteojos distorsionados del clero.
Mientras el sexo siga siendo mal visto y sólo quiera concebírsele como razonable en términos de la reproducción, las mujeres en este y en muchos países seguirán sintiéndose reprimidas por querer y tener sexo –sexo sin compromisos, sin afanes reproductivos, por el solo placer-
En Europa y en muchos países desarrollados, si las mujeres quieren tener relaciones sexuales no tienen reparo alguno en proponerlo. Nadie lo ve mal y nadie lo verá mal. Son tan humanas, tan libres y con tantos sentimientos, pasiones y necesidades como los hombres. En México, por desgracia, la mujer que se atreva a hacer ello no será mal vista por su pareja, pero sí corre el riesgo de verse mal juzgada por los demás, como si la iniciativa por si sola escondiera alguna maldad. Y no la esconde –eso es claro, según yo- porque el sexo no es pecado, ni es sucio. El pecado y la suciedad están en la mente de los hombres con sotana, los reprimidos que se desfogan con niños y, desafortunadamente, en la mente y la moral de los fieles, aquellos que no han comprendido las bondades del placer y que se dan golpes de pecho, aunque en la cama piensen lo contrario.
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